Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.

Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.
Casa de la Estrella, ubicada entre Av Soublette y Calle Colombia, antiguo Camino Real donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830, con el General José Antonio Páez como Presidente. Valencia: "ciudad ingrata que olvida lo bueno" para el Arzobispo Luis Eduardo Henríquez. Maldita, según la leyenda, por el Obispo mártir Salvador Montes de Oca y muchos sacerdotes asesinados por la espalda o por la chismografía cobarde, que es muy frecuente y característica en su sociedad.Para Boris Izaguirre "ciudad de nostalgia pueblerina". Jesús Soto la consideró una ciudad propicia a seguir "las modas del momento" y para Monseñor Gregorio Adam: "Si a Caracas le debemos la Independencia, a Valencia le debemos la República en 1830".A partir de los años 1950 es la "Ciudad Industrial de Venezuela", realidad que la convierte en un batiburrillo de razas y miserias de todos los países que ven en ella El Dorado tan buscado, imprimiéndole una sensación de "ciudad de paso para hacer dinero e irse", dejándola sin verdadero arraigo e identidad, salvo la que conserva la más rancia y famosa "valencianidad", que en los valencianos de antes, que yo conocí, era un encanto acogedor propio de atentos amigos...don del que carecen los recién llegados que quieren poseerlo y logran sólo una mala caricatura de la original. Para mi es la capital energética de Venezuela.

lunes, 30 de enero de 2017

Pío Miranda y Cabrujas hoy. LA OPINIÓN DE Alberto Arteaga Sánchez

EL NACIONAL30 DE ENERO DE 2017 12:38 AM

Conversando ante la charcutería de un supermercado hoy convertido en “hipomercado”, una aguda e inteligente amante del teatro me formuló algunas observaciones después de ver El día que me quieras, sobre el personaje de Pío Miranda en la realidad y en el momento actual.
Cabrujas retrata en esta obra, con su proverbial agudeza, el cuadro venezolano, en la cual, en 1935, la visita de Carlos Gardel se inserta en el día a día de una familia caraqueña que vive el sueño del artista y el delirio de un fanático estalinista.
Pío Miranda es un convencido de la causa comunista más ortodoxa, un creyente en el hombre nuevo y un paraíso que seguirá a la desaparición del capitalismo y que, desprendido de la realidad, sin preocupación por el trabajo, solo aspira al mundo mejor que le ofrece su dogma en materia de fe política. Convencido de su causa, no tiene tiempo para enfrentar el duro trajinar que lo conecta con la vida y el quehacer diario. Mientras Elvira, María Luisa, Matilde y Plácido viven sus ilusiones y los avatares propios de su edad, Pío Miranda sólo piensa y discurre sobre las consignas del marxismo más elemental de los manuales de exportación de una revolución fracasada.
Los Pío Miranda de Cabrujas no constituyen una ficción y hoy adquieren las características que da el poder. Todos los hemos conocido, amparados y cubiertos por el manto de la democracia, formados como tantos venezolanos por una educación gratuita y becas de postgrado del Plan Gran Mariscal de Ayacucho, siempre defendiendo sus posiciones radicales en cafetines universitarios o en foros abiertos, con absoluto respeto por sus ideas y hoy ubicados cómodamente en el gobierno, usurpando el poder antes anatematizado, con olvido de su vieja posición, pero ocupados afanosa y compulsivamente en la invención de consignas “irrebatibles” que se afincan en los órganos que todo lo deciden “por el pueblo”.
Sería injusto no reconocer que hay revolucionarios de verdad que han sido consecuentes con sus ideas, críticos de la situación actual de Venezuela, que luchan por hacer realidad un sueño cuya inducción solo ha producido hambre, miseria, exclusión y abuso del poder. Pero los hay, no pocos, que pregonaban teorías en el pasado al amparo de las instituciones cuya destrucción anunciaban, que, simplemente, viven de espaldas a la realidad que no quieren ver, cómodamente instalados en el sistema y protegidos por “planes”, “interpretaciones” y “decretos con fuerza de ley” que solo protegen al poder.
La obra de Cabrujas y sus personajes nos dejan un mensaje y muchas reflexiones. La sociedad venezolana reclama el respeto a sus libertades. Tenemos derecho a vivir mejor, derecho a una existencia digna, derecho a no ser gobernados por déspotas revestidos de apariencia de legalidad; y tenemos derecho a soñar y a vivir con las ilusiones sencillas de El día que me quieras.
Y, por supuesto, la mirada, la voz y el canto de Carlos Gardel iluminan un camino de esperanzas que nada tiene que ver con el delirio de Pío Miranda, ni mucho menos con su encarnación en ilusos o en vivos de oficio, “enchufados”, que todavía hoy nos pretenden vender un paraíso en la tierra a costa de engaños, baratijas y vacías consignas que a nadie convencen, como las de una “revolución” para hundir más a los pobres y enriquecer a los poderosos; una “guerra económica” que en todo caso la perdió el gobierno; un “desacato” que se ha convertido en la perversa justificación para liquidar la representación del pueblo en la Asamblea; y un diálogo sin término que solo constituye el pretexto para no llegar a ningún resultado concreto, a la espera del milagro de una nueva engañosa “misión salvadora del pueblo”.

Queremos recordar a Jose Ignacio Cabrujas refiriéndonos a su obra El día que me quieras, del año 1979.

La rebelión interior del personaje Pío Miranda en la obra El día que me quieras, de José Ignacio Cabrujas
Héctor Manrique y Jean Carlo Simancas
Los actores venezolanos Héctor Manrique (izquierda) y Jean Carlo Simancas interpretan a Pío Miranda y Carlos Gardel, respectivamente, en montaje del Grupo Actoral 80 (2013).
Señas particulares
Yo soy una persona de afectos. A mi vida la mueven los afectos. Yo no soy un intelectual. Durante un tiempo de mi vida pensé que lo era. Y resulta que no. A mí lo único que me mueve en la vida es el sentimiento, el afecto, las pasiones, las rabias. Yo soy llorón, muy llorón. Lloro hasta viendo televisión. La última vez que lloré fue viendo El chico de Chaplin, por enésima vez. Y siempre me hace llorar. Moqueo y todo.
(“Soy peludo, llorón y torpe”. En: José Ignacio Cabrujas habla y escribe, tomo II, p. 73).1
Así concluyó la entrevista efectuada a José Ignacio Cabrujas el 27 de mayo de 1987, con las palabras del autor hablando de sí mismo, realizada por la periodista Elizabeth Fuentes del diario El Nacional, con el título: “Soy peludo, llorón y torpe”, un artículo que esboza desde la perspectiva cabrujeana su autobiografía, tomando diferentes instancias de su vida a partir de la niñez, que lo condujeron hacia el teatro, las telenovelas, los artículos políticos y sus afectos; todo ello con el humor que le era característico, del cual el epígrafe precedente es una muestra.
José Ignacio Cabrujas habría cumplido setenta y seis años de vida el 17 de julio. Nació en el año 1937. Desde su fallecimiento el 21 de octubre de 1995 la prensa venezolana ha mantenido vigente su recuerdo a través de reportajes sobre el dramaturgo y entrevistas a muchas personas que le conocieron; diferentes grupos teatrales de Caracas y del interior del país, entre ellos los grupos de la Universidad de Oriente (UDO), han puesto en escena algunas de sus obras. También en distintos espacios culturales del país se han dado homenajes y talleres sobre el autor.
Queremos recordar este aniversario de Cabrujas refiriéndonos a su obra El día que me quieras, del año 1979. Es tal vez la obra más recordada, aplaudida, representada dentro y fuera de Venezuela y más vinculada a la propia vida, según las anécdotas que se cuentan, publican y también circulan en la Web. En los últimos años se ha recordado particularmente la admiración que su madre Matilde Lofiego tuvo hacia la figura del ídolo del tango, Carlos Gardel, quien estuvo en Caracas en junio de 1935. La imposibilidad de asistir al evento por la prohibición que le impusiera su celoso maridose convirtió en una anécdota esencial en la obra El día que me quieras, al vincular al cantante argentino con las damas de la familia Ancízar, en un fortuito encuentro que marcaría por siempre la vida de estas damas, al visitarlas en su caraqueña casa de La Pastora.

1.
Las obras de José Ignacio Cabrujas son muy ricas en posibilidades argumentales y expresivas, recursos escénicos y simbólicos. Nos referiremos solamente a un aspecto de El día que me quieras, lo que hemos denominado “la rebelión interior del personaje Pío Miranda”, no como un acto subversivo político, sino como un estallido sentimental y de expurgación existencial, de autorreconocimiento de sí mismo y de su propia verdad.
El marco temporal de El día que me quieras remite a 1935, en el último año de la dictadura de Juan Vicente Gómez. La obra incorpora anecdóticamente la visita del ídolo popular Carlos Gardel a Venezuela. Está conformada por siete personajes: tres mujeres, las hermanas Ancízar: Elvira, María Luisa y Matilde, y cuatro hombres: el hermano Plácido Ancízar, el novio de María Luisa, Pío Miranda, el cantante Carlos Gardel y su representante Le Pera. La lista de personajes aumenta al incluir los personajes referenciales, que forman parte de la extraescena y de la fantasía de los personajes.
Tanto el título general de la obra como los títulos de los actos se relacionan con los tangos interpretados por Carlos Gardel: “Rubias de Nueva York”,para elprimer acto o tiempo, y “Tut-Ankh-Amon”, para el segundo acto o tiempo. El autor enfatiza el transcurrir de las horas,ya del mediodía o de la medianoche, y se refiere a los actos como “tiempos” tal como ocurre en las obras musicales. Este tipo de división refuerza la idea de que una obra de teatro presenta su ritmo tempo escénicos, en el sentido musical de los términos, ya sea por influencia de la ópera, como en el caso de Cabrujas, pero en realidad sí hay un crescendo desde el inicio hasta el final de las obras teatrales, marcado por la progresión del diálogo dramático.
Kurt Spangnos aclara que tempo es un concepto que, aunque proceda de la música, puede aplicarse al desenvolvimiento de las escenas porque marca las “variaciones de velocidad” de las mismas: si se acelera la trama a la manera de un movimiento musical como un allegro, un vivace, o también, si se retarda el desenvolvimiento de la trama a manera de un ritardando. De igual manera, las pausas y los silencios, nociones también de procedencia musical, cumplen un papel dentro de la escena y le imprimen a la obra un ritmo particular.4
Cabrujas reveló en una entrevistasu atracción por la ópera:
(... ) Cuando escribo una obra de teatro, lo que tengo dentro de mí es meramente un sonido, no más que eso, no tengo un concepto muy claro, no sé lo que voy a decir, tampoco me importa mucho, lo que me importa es el sonido de lo que voy a decir, yo creo que ese sonido es único, que no hay dos sonidos para la misma obra, o para la misma escena, o para el mismo personaje. Un personaje es un sonido y no más que un sonido, no puede tener dos sonidos, hay que encontrarle entonces su tesitura, la manera como suena, y cuando creo encontrarlo, todo se hace fácil, porque entonces el texto, en vez de ser palabras, se vuelve una curva, como varias ondas, como “suave”, “fuerte”, “piano”, “pianissimo”, “forte”, “fortíssimo”, y la propia organización de ese material dramático, es para mí un canon musical... a una escena lenta, sigue una escena rápida, como si estuviera componiendo aquello, y eso me apasiona (... ).
Ello justifica, posiblemente, la nominación de los actos y escenas de algunas de sus obras como movimientos musicales. Y produce en las obras un efecto rítmico de aceleración o de retardamiento, según la naturaleza temática del acto o escena, en el “ritmo” y “tempo” escénico. Cabrujas intuye esta manera de ser de la obra teatral, en donde el concepto de “ritmo interior” y tempo se corresponden con una idea de musicalidad en el diálogo teatral, que procede de la estructura de la obra y se relaciona con la línea del tiempo. La imagen de la curva melódica se superpone en la línea temática a medida que avancen las anécdotas. En el caso específico de El día que me quieras el paso del tiempo acompaña las expectativas de la familia Ancízar ante la llegada de Carlos Gardel.

José Ignacio Cabrujas
José Ignacio Cabrujas.
2.
La primera parte de la obra transcurre en la vivienda de las hermanas Ancízar, en horas del mediodía. Se relaciona con los antecedentes de la llegada del cantante argentino a la ciudad de Caracas, por lo que la familia Ancízar está expectante ante tal acontecimiento. Esto les lleva a conversar sobre sus planes y proyectos futuros, el país, la revolución rusa, el posible viaje de Pío y María Luisa a los koljosz de Ucrania, motivados por su posible nueva vida de casados; pero también se comenta la llegada de Gardel a Caracas, el recibimiento del pueblo, la llegada de Gardel al hotel Majestic, la “perfección” del cantante, sus aires de gran mundo, la pulcritud, perfección de sus dientes, finura de sus modales, buena educación, superioridad, su permanente aroma. Al inicio de la obra, Elvira Ancízar, la hermana mayor, introduce las referencias sobre Carlos Gardel:6
ELVIRA: ¿Vieron las banderas? (Silencio) Dios mío, uno podría morirse viendo las banderas. Él no. Él va a pasar de largo del puerto al Ferrocarril, del Ferrocarril al Capitolio, del Capitolio al Panteón y del Panteón al escenario. No hay una flor en toda la ciudad. Te enfermas y buscas una flor y preguntas dónde hay una flor antes de caer muerta, y te dicen que no hay. Esta noche el Principal huele a magnolia. Y él viene de negro. ¿Se enteraron? ¿No es increíble que salte por encima de este asunto panameño y que en lugar de blanco nos entregue un invierno? Chaleco marfil, por supuesto. Como sabe. Como es. Ni una gota de sudor en todo el cuerpo. Ni siquiera cuando acarició las palomas en la plaza de las palomas. Aquella frente limpia y todo el mundo comentando: no suda, no suda...
En la segunda parte de la obra, en la medianoche, Carlos Gardel llega a la vivienda de la familia Ancízar y comparte con ella una velada, en la que el personaje Pío Miranda revelará sus frustraciones y angustias ante la familia de su novia y el cantante argentino. El personaje Carlos Gardel y su acompañante Le Pera traen al espectáculo teatral el recuerdo y la nostalgia por el ídolo popular. Es la figura que canaliza los sueños y fantasías de los otros personajes de la obra para quienes Gardel forma parte de la gran historia. La vivencia angustiada de Elvira y Pío Miranda también se relaciona con Venezuela. Así como sufren internamente, en lo personal, también sufren al país: sus contradicciones, su política, su apartamiento del mundo. La presencia de Gardel es la señal, el llamado de atención sobre la llegada a Venezuela del avance, de lo nuevo, del mundo. Las palabras de Elvira son ilustradoras, cuando Gardel está en la vivienda de las damas Ancízar y brindan por la alegría del encuentro:7
ELVIRA: (Con repentina alegría) ¡Dios mío de mi vida..! ¡Esta noche! (Enlaza su brazo con el de Gardel) Colgada aquí... del brazo de la historia... Dios mío... mi memoria... ¿Cómo hago para recordarlo todo dentro de mí? A ver... entraste por esa puerta... y yo estaba en la cocina... Salí... Matilde te entregó la espiga que simboliza la fertilidad de nuestro suelo... Y tú besaste la espiga y la devolviste a la tierra donde estará hasta el día de mi muerte... porque ese día, con tu permiso, quiero llevármela en el cajón del horizonte... para oler a poquito de esperanza... a olor tuyo... (Huele a Gardel)...
(...)
MATILDE: ¿Y a qué huele?
ELVIRA: (Inspirada) A universo... a Rey Mago...
“A universo... a Rey Mago”, “colgada del brazo de la historia”, son frases que resumen ese afán por encontrarse con el Mundo y moverse a su ritmo. La conciencia de los personajes les hace ver su marginalidad ante la historia y la cultura, la soledad espacial y temporal, la marginalización de la propia vida.
La llegada de Carlos Gardel a Caracas, el entusiasmo de la gente y de la familia Ancízar y, posteriormente, la irrupción de Gardel en su vivienda y sus vidas, tanto, que las marcará en un antes y un después, afectarán al personaje Pío Miranda, con lo cual se desencadena la expresión de sus frustraciones en público. Es el momento en que el malestar existencial de Pío irrumpe en esa noche de ensoñación y propicia el reconocimiento de sus propias mentiras y limitaciones. Impulsivamente, decide terminar con la farsa y engaño de su vida y revelar ante los Ancízar y Gardel lo que nunca hará: no se casará con María Luisa, no se irán de viaje, no cultivarán remolachas en ningún koljosz ucraniano...
Como acto escénico, negar en público, despojarse de la máscara social y asumir la propia verdad recibe el nombre de denegación o acto denegativo, y según Patrice Pavises un recurso escénico que actúa como elemento distanciador en el teatro y puede propiciar en el espectador el proceso de identificación, al mostrarle “algo” de su propia realidad; o crear, también, un efecto de distanciamiento si el espectador se percata del juego de lo ilusorio en donde convergen realidad y fantasía. Desde el punto de vista del discurso, la denegación es un parlamento que incorpora marcas lingüísticas relacionadas con la negación: no, nada, nadie, tampoco, de ninguna manera, nunca, jamás, prohibido...
Desde el punto de vista psicológico, la denegación forma parte de un proceso interior del individuo y se verbaliza sobre todo en los momentos de crisis. Es una pulsión que procede de las emociones, que busca liberar lo que está reprimido, como dice Sigmund Freud,sobre todo cuando la persona logra reconocer su realidad a través de un proceso de revisión interna que le lleva a distinguir entre la realidad y la fantasía. También señala el autor que entra en pugna Eros, como principio de placer y de vida, con su contrario Tánatos, como el principio de autodestrucción y de muerte. En este sentido, Freud considera que la afirmación del yo pertenece al Eros, al instinto de satisfacción, mientras que la negación pertenece “al instinto de destrucción” porque implica una exclusión del sí mismo. Sin embargo, el autor también considera la negación como un símbolo liberador.10
Con Pío Miranda se manifiesta la denegación, a través de la cual expresa de manera alterada y dramática su fracaso personal, la noche que Carlos Gardel visita a la familia Ancízar. A lo largo de la obra salen a relucir los fracasos y frustraciones personales. La denegación del personaje Pío Miranda es tal vez, el acto denegativo más intenso en la dramaturgia de Cabrujas. Como elemento técnico es el punto culminante en la obra El día que me quieras. Como hecho existencial de un personaje es el desbordamiento de la angustia interior.
Desde el inicio de la obra vemos crecer la angustia de Pío ante las increpaciones de su cuñada Elvira. A ella le revelará sus mentiras y ambos se entenderán en un momento íntimo, sincero, cuando Elvira pronuncia las frases: “Vivimos tan mal, Pío Miranda, con los helechos y los canarios, y el Ecce Homo detrás de la puerta... vivimos tan mal...”.11 Ecce Homo, frase que se utiliza en la liturgia católica de la Semana Santa, rememora el momento en que Jesús es detenido y entregado a Poncio Pilatos, ya con el manto púrpura y la corona de espinas. Imagen del dolor y del sufrimiento humano, vistos según el cristianismo como una manera estoica de vivir, necesarios para alcanzar el cielo.
¿Decadencia y debilidad como sugiere Nietzsche en los ensayos de Ecce Homo? Simplemente, personajes comunes y corrientes, tal vez antihéroes, semejantes a cualquier persona de la vida real. No obstante, parte del drama está allí: la vida cotidiana es engañosa en su simplicidad. Detrás de ella se sostiene un sistema de valores totalmente alienante: religiosos, sociales, culturales, políticos, económicos. Los personajes de Cabrujas están inmersos en esos valores que identifican al venezolano. Sus problemas existenciales, sus dudas y vacilaciones, sus tristezas y frustraciones se corresponden con el sentir de los venezolanos contemporáneos a Cabrujas.12 Son tan parecidos a la realidad que nos reímos de ellos y, a través de ellos, de nosotros. Pero la rebeldía interior se revela a través de ese malestar y tristeza, del dolor existencial y, en el caso de Pío Miranda, a través de un acto denegativo, de estallido pasional en el mejor sentido del romanticismo.
Pío Miranda es un personaje triste, agobiado existencialmente. Trata de inventarse un mundo en donde los sueños sean posibles y así poder sobrellevar la vida. La llegada de Carlos Gardel a la vivienda de las Ancízar precipita su angustia, ya que su brillo y esplendor deja al descubierto las mentiras y fracasos de Pío. La figura de Gardel actúa como antagonista con respecto a Pío Miranda, marca un contraste, sobre todo por el entusiasmo de las Ancízar y la solicitud de ayuda de la novia María Luisa a Gardel para el viaje a Ucrania que emprenderían esa noche, y las ironías de Elvira al insinuar la mentira del viaje. Es cuando Pío exclama:13
PÍO: Está bien, señores... se acabó... vayan a vislumbrar a sus madres... ¡se acabó! Tengo diez años aquí... con el almuerzo al mediodía... Todo esto empieza... porque... digamos... veo un perro, así, con los huesos marcados... un costillar de perro... y me digo: coño... el perro con los huesos... como si la respuesta fuera mía... Excúsenme... no es verdad... no es mía... No es mi culpa... no me cabe el país... No tengo por qué responder... (Desesperado) Soy un príncipe... un boyardo sangrante... Excúsenme... no sé... maldito sea... no fui yo... me lavo las manos... (A María Luisa) No hay nada en Ucrania. No sé dónde queda Ucrania. No hay Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. No Hay Kamenev ni Zinoviev... no sé pronunciarlos. No hay Trotsky... ¡No hay Alliluyeva! ¡No hay Stalin! ¡No hay ventanal de la zarina, ni Bujarín doliente! ¡No hay Lenin! ¡No hay nada..!
MARÍA LUISA: (Grita) ¡Pío!
PÍO: Pregúntale a Elvira. Ella sabe. Ella es la única que sabe... Yo debo explicarle a un perro el porqué de su costillar... Yo... estoy mal... yo... me voy... y nunca más volveré a esta casa... No me esperes... ¡No hay nada! ¡No pasa nada! Mentí... ¡Esa es la palabra esperada, la palabra profética! ¡Mentí! ¡No hay Román Rolland! ¡Nunca le escribí a Romain Rolland..! ¡Me importa un coño Romain Rolland, y la paz y la amistad de los pueblos..! ¡Se terminó! ¡No hay regreso! ¡Se terminó! Gracias por el almuerzo... el perro me espera... y debo explicar por qué va a amanecer mañana... Adiós. Perdón. Adiós.
(Pío sale precipitadamente. Larga pausa. María Luisa se sienta en el sofá)
Pío confiesa su mentira, su miseria, de alguna manera su semejanza con el perro, tal como se dice coloquialmente, vivir “la perra vida”, imagen que se repite en Acto cultural en la denegación y soliloquio del personaje Cosme Paraima. Confesar la mentira en público es el punto culminante de la angustia, pero también el acto liberador que puede redimir y salvar o, por el contrario, hundir más. Desde la negación, Pío trata de refundarse en otra fantasía cuando expresa “Soy un príncipe... soy un boyardo sangrante”, pero la conciencia se impone en el reconocimiento de sí mismo y pide excusas. Un malestar que se extiende a la conciencia ante el país: “No me cabe el país”. Ni el país con sus miserias históricas, ni la propia vida.
El final de la obra nos deja con expectativas porque es un final abierto: la bandera del Partido Comunista dentro de la maleta de Pío y que su novia María Luisa desplegará esa noche sobre el sofá. Fin de las ilusiones en un solo día: no habrá matrimonio, no habrá viaje, no habrá revolución. Es también un diálogo implícito con el espectador y lector venezolano de 1979: no habrá revolución. Para ese momento el comunismo ya no es una ideología, ni una alternativa: es “algo”, sólo una bandera que reposa en el sofá. Es una dramaturgia que interroga al marxismo, lo ve como salvación, al menos en un momento de la historia, en la primera actitud de Pío Miranda, pero luego lo ve como algo extraño, ajeno y lejano. No sucederá nada. Venezuela continuará su rumbo al margen de la historia.14
Magistralmente Cabrujas concluye la obra sintetizando los ejes temáticos que caracterizan toda su dramaturgia: el individuo y su cotidianidad frente a la historia del país Venezuela, en diálogo permanente. Cuestiona un proceso histórico que ha generado muchos males a la vida venezolana en todos los órdenes de la vida. Presenta la conflictiva relación del Individuo con su Tiempo Histórico a través del humor, la ironía y la parodia, confrontando el tiempo y espacio personal con el tiempo y espacios de la vida pública venezolana.
La figura de Pío Miranda encarna ese conflicto que contrasta la realidad con los deseos y los sueños, con la necesidad de transformación interior a través del acto del descubrimiento de sí mismo, de buscar la utopía personal para traer a la existencia la posibilidad de un mundo mejor.

Referencias bibliográficas
Directas:
  • Cabrujas, José Ignacio (1997). El país según Cabrujas. 2ª Ed., Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana, Perspectiva Actual.
     (1965, 1971). Fiésole. En: Suárez Radillo, Carlos (1971). 13(sic) Autores del Nuevo Teatro Venezolano. Caracas: Monte Ávila, Col. Temas Venezolanos.
     (1991). El teatro de Cabrujas. Caracas: Pomaire-Fuentes.
     (1995). La viveza criolla. Destreza, mínimo esfuerzo o sentido del humor. Conferencia dictada el 12 de enero de 1995 en el ciclo “La cultura del trabajo”. Fundación Sivensa, Ateneo de Caracas (documento en línea; consulta: 11/03/02).
     (2002; obra póstuma). Y Latinoamérica inventó la telenovela. Caracas: Alfa Grupo Editorial, Instituto de Creatividad y Comunicación Icrea, 15 (revisión de textos y prologuista, Leonardo Padrón).

Indirectas:
  • Ahumada, Yoyiana (2000). La obra inconclusa de José Ignacio Cabrujas (sobre los imaginarios de identidad cultural en la obra teatral de J. I. Cabrujas). Tesis de maestría. Teatroenlínea, Nº 4 (enero, 2006; documento en línea; consulta: 8 de julio de 2006).
    — (2010). “La visita de Carlos Gardel en 1935”. En: infoCIUDADANO, Caracas, 24 de junio de 2010 (consulta: 10 de octubre de 2012).
  • Brecht, Bertolt (1978). “Una nueva actitud ante el teatro: de la identificación al distanciamiento”. En: Adolfo Sánchez Vázquez. Lecturas universitarias. Antología. Textos de estética y teoría del arte. México: Unam, Coordinación de Humanidades, Dirección General de Publicaciones, 14.
  • Fuentes, Elizabeth (1987, 2012). “Soy peludo, llorón y torpe”. En: José Ignacio Cabrujas habla y escribe. Tomo II. Caracas: Equinoccio, Col. Papiros; pp. 65-73.
  • Mannarino, Carmen (1977). “Una dramaturgia de búsquedas. Experimentación y crecimiento (1950-1969)”. En: Dramaturgia venezolana del siglo XX (panorama en tres ensayos). Caracas: Centro Venezolano del ITI, Unesco.
  • Monasterios, Rubén (1990). Un enfoque crítico del teatro venezolano. 23ª ed., Caracas: Monte Ávila.
  • Pavis, Patrice (1998). Diccionario del teatro. Dramaturgia, estética, semiología. 9ª edición revisada y ampliada. Barcelona: Paidós, Col. Comunicación, 10.
  • Rojas Pozo, Francisco (1981). “Cabrujas y el teatro como una ilustración de la historia”. En: Nueva crítica de teatro venezolano. Caracas: Fundarte. Pp. 45-56.
     (1995) Cabrujerías. Un estudio sobre la dramática de José Ignacio Cabrujas. Maracay: Universidad Pedagógica Experimental Libertador (Upel).
  • Terrero, Lidia (1982). “Un día, cuando yo era niño, mi padre me llevó a ver un mago...” (entrevista). En: Revista Tinta Libre, Caracas, febrero, Año I, Nº 7.
  • Varios autores (2012). José Ignacio Cabrujas habla y escribe. Tomo II. Caracas: Equinoccio, Col. Papiros.

Notas
  1. Elizabeth Fuentes (1987, 2012): “Soy peludo, llorón y torpe”. En: José Ignacio Cabrujas habla y escribe. Tomo II. Caracas: Equinoccio, Col. Papiros; p. 73.
  2. C. f. Yoyiana Ahumada (2010): “La visita de Carlos Gardel en 1935”. En: infoCIUDADANO, Caracas; 24 de junio de 2010 (consulta: 10 de octubre de 2012).
  3. C. f. Kurt Spang (1981). Teoría del drama. Lectura y análisis de la obra teatral. Pamplona (España), Ediciones de la Universidad de Navarra; pp. 242-243.
  4. Kurt Spang señala que “(...) la pausa de los entreactos constituye casi siempre un salto, es una especie de puente entre dos segmentos temporales más o menos distantes, el espectador está llamado a ‘reconstruir’ a ‘llenar’ el hueco temporal que se abre entre acto y acto (...)”. En: Ob. cit., p. 243.
  5. C. f. Lidia Terrero (1982): “Un día, cuando yo era niño, mi padre me llevó a ver un mago...” (entrevista a José Ignacio Cabrujas). En: Tinta Libre (Revista), Caracas, Nº 7, febrero, año I; pp. 28-29.
  6. José Ignacio Cabrujas (1997). El día que me quieras. En: El país según Cabrujas. 2ª Ed., Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana, Perspectiva Actual; p. 72.
  7. Ibíd., pp. 101-102. Subrayado y signos suspensivos en el original.
  8. Patrice Pavis (1998). Diccionario del teatro. Dramaturgia, estética, semiología. 9ª edición revisada y ampliada. Barcelona: Paidós, Col. Comunicación, 10; pp. 121-122.
  9. Cf. Sigmund Freud: “La negación” (1925), apéndice del capítulo VI: “El No y la posición del Objeto”. En: Jean Francois Lyotard (1979). Discurso, Figura. Barcelona: Gustavo Gili, Comunicación Visual (José Elías y Carlota Hesse, Trad.); p. 140-143.
  10. Ibíd., p. 141.
  11. José Ignacio Cabrujas, Loc. cit., p. 85.
  12. Las obras de Cabrujas siguen vigentes en sus planteamientos. Se trata del Ser Venezolano, cultural y existencialmente.
  13. Ibíd., p. 106. Puntos suspensivos en el original.
  14. Hoy vivimos en Venezuela un proceso histórico que ha traído al debate el replanteamiento del socialismo, el socialismo del siglo XXI. Los elementos culturales de signo negativo como “la viveza criolla” y corrupción administrativa, entre otros, que señala Cabrujas en su dramaturgia, siguen vigentes.

El día que me quieras EL DRAMA HISTÓRICO DE PÍO MIRANDA, por Alfonso Molina

El día que me quieras EL DRAMA HISTÓRICO DE PÍO MIRANDA, por Alfonso Molina

El día que me quieras 3
Las fechas son muy importantes en El día que me quieras, tanto dentro de la pieza teatral de José Ignacio Cabrujas como en su exterior. He perdido la cuenta de cuántos montajes se han realizado de la obra y de cuantos actores han interpretado a Carlos Gardel o cuántos a Pío Miranda. Pero recuerdo perfectamente aquella primera puesta en escena en el teatro Alberto de Paz y Mateos, a fines de enero de 1979, dirigida por el propio Cabrujas, quien fue presentando paulatinamente a María Luisa Ancízar, algunas veces interpretada por Gloria Mirós y otras por Manuelita Zelwer, a Pío Miranda, primero con el rostro del propio autor y director y una semana después con el de Fausto Verdial, a Elvira Ancízar, con la gran Amalia Pérez Díaz, a Matilde, con una joven Tania Sarabia, a Plácido Ancízar, protagonizado por un contundente Freddy Galavís, a Alfredo Lepera, con la gestualidad y la voz de Luis Ribas, y al mítico Carlos Gardel, con la figura imponente de Jean Carlo Simancas diciendo “me llamo Gardel”, cuando de forma sorpresiva se presenta en casa de los Ancízar al final del primer acto. La obra devino en referencia del teatro venezolano y en la pieza más emblemática de Cabrujas, al lado de Acto cultural, en su extensa producción para las tablas. Esto es historia. Treinta cuatro años después, el Grupo Actoral 80 celebra sus tres décadas de trabajo con la representación del montaje que su fundador, Juan Carlos Gené, realizó en 2005, con Héctor Manrique como Pío Miranda y, de nuevo, Simancas como Gardel. Entre una y otra fecha se ha escenificado en el Ateneo de Caracas, en el teatro Las Palmas, de nuevo en el Alberto de Paz y Mateos e incluso en el Festival Internacional de Teatro de Caracas del año pasado, bajo dirección de Manrique y con producción del GA 80. Hasta una película hizo el cineasta colombiano Sergio Dow en 1986, que nunca se estrenó en Venezuela. Ahora ¿en qué reside el éxito de este drama con toques de comedia que ha seducido a públicos de diferentes generaciones? Tal vez la respuesta se encuentre en las fechas y circunstancias que están dentro y fuera de la obra.
Comencemos con las internas. La pieza transcurre el 21 de junio de 1935, cuando Gardel arriba desde Nueva York para cantar en el teatro Principal de Caracas y al día siguiente marcharse a Medellín, con las consecuencias que conocemos. En diciembre de ese mismo año muere Juan Vicente Gómez, el caudillo militar que según Rodolfo Izaguirre no hemos logrado enterrar para siempre. Ya entonces Juan Bautista Fuenmayor, Rodolfo Quintero y Pío Tamayo han fundado el Partido Comunista de Venezuela en la clandestinidad mientras Gustavo Machado, Salvador de la Plaza y Miguel Otero Silva, en el exilio, militan en el Partido Revolucionario de Venezuela y se integran al Buró del Caribe de la Internacional Comunista. Tiempos de soñadores, como lo señala el crítico literario Roberto Lovera De Sola en su artículo ‘El gran ajuste de cuentas’, en la revista digital http://www.arteenlared.com, a propósito de su análisis de la novela El último fantasma, de Eduardo Liendo: “Y que los marxistas nunca han sabido interpretar nuestra realidad está claramente expresado en varios parlamentos de la obra El día que me quieras (1979) de José Ignacio Cabrujas (1937-1995), tanto que el propio Gustavo Machado (1898-1983) le confesó al dramaturgo lo verdadero que era su planteamiento: ‘nosotros éramos así’ (…) Nuestros comunistas eran unos soñadores, unos Pío Miranda (…) en cuyo nombre y apellidos evocó Cabrujas a dos de nuestros grandes utopistas: Francisco de Miranda (1750-1816) y Pío Tamayo”. En esos días la Unión Soviética se alza como la arcadia de los oprimidos, la esperanza de la justicia social, el fin de la explotación, etcétera, etcétera, bajo la conducción de un amado Josef Stalin que, sin embargo, ha aniquilado a todos sus rivales políticos y mantiene al pueblo soviético en una miseria terrible. Es la URSS que Pío Miranda invoca ante la ignorancia propia y la de la familia Ancízar. Un soñador con mucho de cobarde y mentiroso, que en un momento dado cuenta el suicidio de su madre, acepta que jamás tomará un autobús hasta Ucrania y confiesa que nunca ha escrito una carta al francés Romain Roland, premio Nobel de Literatura 2015 y admirador de la Unión Soviética. Ese el marco político e histórico de la pieza: una dictadura que está a punto de concluir, otra que está en pleno apogeo y un país que se aburre con la cotidianidad sometida y se deslumbra con la visita de un estrella gloriosa.
Sigamos con las externas. Cuando Cabrujas escribe El día que me quieras llega a su fin el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campíns ha ganado las elecciones en diciembre de 1978 pero aún no ha asumido. Se cumple un nuevo ciclo de la alternancia entre AD y Copei. Tiempos de un bolívar fuerte, de un PIB muy alto y de una de las inflaciones más bajas del mundo. La insurrección izquierdista ha sido derrotada en la década anterior y se ha producido la división del PCV en 1971 que da lugar al MAS, partido en el cual milita Cabrujas A la hora del estreno de la obra ya ha labrado una carrera como dramaturgo, director, guionista de cine y, muy especialmente, libretista de televisión, a pesar de las críticas de algunos sectores de la izquierda. En ese contexto político nacional presenta una obra que expone las miserias de un sueño de mentira, cuando del otro lado del Atlántico se habla de eurocomunismo y se cuestiona abiertamente la hegemonía del Kremlin. Diez años después, cae el Muro de Berlín y comienza a desmoronarse la Unión Soviética y su área de influencia. Esto también es historia. Luego de más de tres décadas El día que me quieras se repone en una Venezuela azotada por un régimen político sustentado en las ideas de aquella izquierda arcaica con un fuerte componente militarista y en un claro renacimiento del estalinismo. Sigue existiendo el fracaso conceptual en los Pío Miranda de hoy, suerte de reivindicación tardía de una equívoca noción de soñadores, pero en el campo político se manifiesta la usurpación de las instituciones y los poderes públicos con la poderosa garra de la corrupción y la sociopatía de los gobernantes. Si antes Pío era un perdedor que arrastraba a María Luisa Ancízar a un salto al vacío, ahora ese mismo Pío se ha multiplicado en el poder y depreda con su moralismo estatizante y colectivista. Menuda diferencia. Me parece evidente que José Ignacio Cabrujas habría sido hoy un personaje muy incómodo para el régimen que nos gobierna desde hace quince años.
Por todo lo anterior, El día que me quieras no solo no ha perdido vigencia sino que ha incrementado el interés del público sobre la miseria humana de una quimera totalitaria y falsamente justiciera que ha acechado nuestra historia desde principios del siglo pasado. La fortaleza de este texto emblemático se enriquece con la puesta en escena que Gené realizó en 2005, cuando se cumplían diez años de la desaparición de Cabrujas, y que el Grupo Actoral 80 ha repuesto con gran fidelidad, con un equipo de lujo y un elenco muy profesional y bastante homogéneo, en el Teatro de Chacao hasta el 21 de julio. Una representación que ya conocemos, muy emotiva, que envuelve al espectador, le hace reír, pero ahora rápidamente establece un vínculo entre las frases de Pio Miranda y los discursos de la actualidad. En el fondo, sabemos que esa mirada de Cabrujas no pretendía condenar moralmente a Pío Miranda ni observar con desprecio a los Ancízar, sino simplemente mostrarlos como seres humanos, con sus sueños y contradicciones. Por eso, al final del segundo acto, después de que se ha ido Pío, una desconsolada María Luisa despliega la bandera roja con al hoz y el martillo sobre el sofá, al compás de las notas de La Internacional, mientras solicita que se quede allí, “por lo menos esta noche”. A lo que Elvira, comprensiva, le responde: “esta es tu casa, María Luisa, tú dispones”.

viernes, 27 de enero de 2017

El venezolano es consciente por TERESA LEÓN


ESTAMPAS VIERNES 13 DE ENERO DE 2017
Mi Cristo saluda a tu Cristo.

Al inicio de año y en momentos de incertidumbre,  son muchos los que buscan predicciones y que le digan cómo va a ser su futuro.

Todo lo que te digan es relativo. Si te paras viendo hacia el norte, verás lo que está en esa dirección, y si te mueves al oeste tu observación y horizonte cambiará.  Así es en todo. Tu posición física, emocional, mental y espiritual te permite ver obstáculos, oportunidades, ventajas... y todas son probabilidades.  Al cambiar tu punto de vista, y tu estado interno, es decir, tu estado de consciencia, se modifica todo el panorama.

Tu estado de consciencia está dado por tu forma de pensar, creencias, memorias dolorosas, patrones de conducta aprendidos en la familia, etcétera. Ese estado interno influye en lo que vives, ya que atrae situaciones, personas y vivencias acordes a esas energías internas; y también influye en  cómo afrontas esas probabilidades de la realidad externa.
Entonces, más que buscar pronósticos, pide que te guíen para que tomes consciencia del tipo de pensamientos, emociones y actitudes que tienes y que pueden producir o atraer vivencias.

Claro está que hay una realidad externa. Pero esa realidad la estamos moldeando todos, todos, todos juntos; y la han ido creando nuestros ancestros y antepasados.

Ahora
No pierdas energía queriendo saber cómo será el futuro o quedándote en el pasado. Ahora estás creando muchas de tus probabilidades y puedes estar contribuyendo a una realidad colectiva que no quieres en tu vida.

Cada vez que oigas predicciones o pronósticos negativos, di mentalmente: bendigo el bien en mi vida, en esta situación.

Usa tu poder como hijo de Dios. Antes de dormir, imagina que estás muy alegre porque ya estás viendo y celebrando con tus familiares y amigos cosas mucho mejores que las del año pasado. Imagina que ya estás celebrando que tu país está mucho mejor. No te detengas en los detalles. Deja esos detalles a la Divinidad.

Piensa en el número de horas que has estado en negativo y contribuyendo a la oscuridad:  diciendo que todo va a empeorar, culpando a otros, quedándote en la rabia, la arrogancia, la desidia o la pasividad, el derrotismo o el escapismo.

Reconoce que tus ancestros, mis ancestros, nuestros ancestros y nuestra propia energía actual han contribuido a lo que se vive hoy como una crisis colectiva. No busques culpables, no juzgues más.  Solo reconócelo, obsérvalo, acéptalo.

Observa lo que pasa; no lo evadas. Pero no te quedes alimentando la negatividad y reenviando en las redes sociales solo lo negativo. Si consideras que debes enviar una información, luego de comprobar que es cierta, hazlo. Pero inmediatamente contribuye con una oración, una afirmación o una visualización para canalizar sanación colectiva.

Dile al país: lo siento, también he contribuido a esta crisis. Me perdono.

Busca la manera de ayudar. Sí se puede. Si la mayoría piensa que no hay nada que hacer, están creando esa situación.

Reconoce que eres parte de Dios. Usa tu inteligencia y amor para bendecir. Al bendecir atraemos energías de alta frecuencia que limpian y sanan. Bendigo a Venezuela.

Bendigo el bien, la honestidad, la buena educación en Venezuela.  Utilicemos las redes sociales para elevar el estado de consciencia del venezolano y de todos!! Seguramente has contribuido a posicionar una etiqueta. ¿Por qué no hacerlo en algo que ayude a una nación que ha ayudado a otros países de diversas maneras?

Hazlo; muchos te lo agradeceremos:

#ElvenezolanoEsConsciente

#ElvenezolanoEsEducado

#ElvenezolanoEsHonesto

#ElvenezolanoEsTrabajador

#ElvenezolanoEsResponsable

Recuerda:  tendremos mejores líderes y gobernantes, cuando seamos una mejor sociedad. Seremos una mejor sociedad, cuando mejoremos como ciudadanos y como personas.

Gracias por tu ayuda. Un abrazo en la luz divina.

miércoles, 18 de enero de 2017

El misterio de Salvador Montes de Oca “El cielo invertido” (Bid & Co. editor / UCAB, 2016) de José Napoleón Oropeza culmina una tetralogía iniciada con la publicación de “Las redes de siempre” en 1976 y que incluye “Las hojas más ásperas” en 1982 y “Las puertas ocultas” de 2011


La más reciente novela de José Napoleón Oropeza, El cielo invertido (co-edición entre Bid & co. editor y la UCAB, 2016), culmina una tetralogía iniciada con la publicación de Las redes de siempre en 1976 y que incluye Las hojas más ásperas en 1982 y Las puertas ocultas de 2011. Esta última novela no solo es la más lograda de las cuatro, aún cuando hayamos asistido a la elaboración de un universo ficcional único en Venezuela, sino que se asoma como la más importante obra de ficción escrita en nuestro país en las últimas décadas. El largo relato, más de cuatrocientas páginas, es una exploración sobre el significado de la vida del Obispo Mártir Monseñor Salvador Montes de Oca, asesinado el 10 de septiembre de 1944 por escuadrones de las SS en el Monasterio de los Cartujos en Lucca, Italia, pocos días antes de la liberación por las fuerzas aliadas. Pero también es el relato de la vocación poética de un joven seminarista, Eduardo Montes, que sueña con escribir la historia del Obispo y termina alucinando diálogos con Montes de Oca en un intento por descifrar la verdad de su historia, tanto en Europa como en la ciudad de Valencia. Los esbirros nazis torturaron y fusilaron ese día en un aquelarre de crueldad a todos los monjes del Monasterio. Y lo más trágico no fue que los americanos llegaron a la Toscana apenas unos días después del crimen, sino que de alguna manera, como lo dice uno de los personaje de El cielo invertido, Monseñor Montes de Oca es un muerto de la Iglesia Católica, ya que el suceso, como llamaría el incidente la prensa de hoy, fue el fruto de una conspiración iniciada años antes, gracias a la ambición y envidia de algunos curas y familias conocidas del centro del país, que no toleraron ver a un sacerdote caroreño, de origen humilde, ajeno a los intereses de los poderes de este mundo. Todo conspiraba contra él en esa década de los treinta, cuando el régimen del General Juan Vicente Gómez, aliado a ciertas familias de ínfulas aristocráticas en el interior del país, impedía el desarrollo de una cultura democrática. La muerte de Montes de Oca es un hecho absurdo que de alguna manera compartió también el gran teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer, fusilado el 9 de abril de 1945, un par de semanas antes de que los americanos liberaran el campo de concentración de Flossenbürg, donde permaneció detenido hasta el día que fue colocado frente al paredón. Ambos personajes nos han acompañado desde años atrás, quizás más el Obispo Mártir ­–cuya solicitud de Beatificación fue iniciada hace poco por el hoy Cardenal Baltazar Porra y el actual Obispo de Valencia, Monseñor Reinaldo del Prette–, porque no hay zona de Valencia que no lleve su nombre o nos recuerde su figura. Pero Bonhoeffer siempre ha estado presente, desde que empezamos de joven a leer sus escritos sobre Etica, así como sus cartas desde la prisión, en nuestra precaria y siempre deficiente formación intelectual como cristianos, que creció lentamente, gracias a la generosidad de amigos o familiares que viajaban al extranjero con encargos de libros.
La vida de Montes de Oca fue trágica y su muerte ocurrió antes de tiempo y como la de toda persona valiosa que se va en horas tempranas de su vida, su trayectoria se ha transformado en un ejemplo de honradez y disciplina. Fue ordenado como el segundo Obispo de Valencia en 1927, con apenas 32 años de edad, pero dos años después fue desterrado a Trinidad por el régimen de Gómez, con la complicidad de adulantes carabobeños que conspiraban para sacarlo de la Arquidiócesis. La razón fue sencilla: en un acto de gran valor se negó a acatar las órdenes de las autoridades que buscaban impedir el sepelio religioso de un opositor asesinado en la cárcel, con la excusa de que se había suicidado y por lo tanto no podía recibir el auxilio espiritual de la Iglesia. Monseñor desafío a la Sagrada, como llamaban a la Policía Militar, abrió el ataúd y al constatar que el muerto había sido salvajemente torturado, dio una misa a cuerpo presente en la Catedral y acompañó la procesión al Cementerio de Valencia. Poco después se encontraba pasando trabajo en Trinidad. Gómez levantó la expulsión en 1931, el Obispo regresó a Venezuela, renunció  a la Diócesis y volvió a Italia, siempre con la idea de ingresar como novicio a la Orden de los Cartujos, pero sufrió un nuevo ataque de familias carabobeñas, auxiliados en su terrible plan por el Nuncio, que fabricaron un expediente que pretendía alejarlo de toda zona de influencia o simpatía en el Vaticano. No regresó vivo. Una misión encabezada por el Padre Rotondaro partió a finales de 1946 a la Toscana, con el apoyo del Presidente del Congreso Nacional, presidido entonces por el poeta Andrés Eloy Blanco, a quien Montas de Oca había ayudado cuando fue perseguido por las oscuras fuerzas del gomecismo. Una campesina, ya de avanzada edad, vio al cura caminando triste por los alrededores del Monasterio, ya convencido del fracaso de su misión de encontrar y repatriar los restos del Obispo y le mostró dónde estaba enterrado. Al abrir la tumba, los huesos de su mano todavía conservaban el Breviario que no dejó de apretar cuando lo fusilaron. Fue recibido con honores por las autoridades del Congreso, cuando las fuerzas democráticas arrebataron al poder a militares que pretendieron usufructuar la nación como si fuera botín y patrimonio personal.
Oropeza utiliza una narración caracterizada por cambios de ritmo y distintas referencias textuales: cartas y documentos históricos mezclados con el lenguaje poético del más importante narrador de El cielo invertido, el joven seminarista y alter ego del autor, Eduardo Montes. Sin tener conciencia de la transcendencia del hecho, el muchacho recuerda en las primeras páginas de la novela a una tía a orillas de un río en Barinas, conversando e inventando canciones con la poetisa Enriqueta Arvelo Larriva, que visitaba mensualmente a su familia, un instante premonitorio de futuras ambiciones literarias. El hecho poético, la proeza de una lengua capaz de palpar el rostro de individuos que ya no están, pero que nos iluminan con fuerza, transforma la historia del Obispo Martir en el relato de una vocación literaria. El joven se da cuenta que debe contar su historia, recrear en imágenes el significado de los obstáculos colocados frente al Obispo, sin sacrificar la claridad un intelecto privilegiado para el estudio del latín y la filosofía. El registro simbólico de la realidad se multiplica a medida que avanza el libro: ensoñaciones, negociaciones políticas entre Gómez y la Curia, documentos del Tribunal Eclesiástico y misivas familiares. Sólo la aceleración del ritmo es constante y hasta el mismo climax, cuando asesinan a Montes de Oca y descubren su cadáver muchos años después. Oropeza logra aproximarse a la vida del Obispo Mártir, reiteradamente traicionado por quienes creía eran sus  amigos y lo hace posible a través de la aceptación de un joven –el alter ego de JNO– de su vocación literaria, empeñado en continuar su diálogo íntimo con el fantasma de un santo que marcó la ciudad de Valencia con su sangre, coraje y nuestra vergüenza.
El cielo invertido
José Napoleón Oropeza 
Bid & co. editor / UCAB
Caracas, 2016

lunes, 16 de enero de 2017

El próximo jueves 19 de enero, a las 5:25 de la tarde, el Sol entra a Acuario, signo de aire, lo que impregna el ambiente de idealismo. Es un signo fijo, esto influye para que entremos en un ciclo de decisiones firmes que se llevan hasta las últimas consecuencias. La energía que se activa mueve tendencias renovadoras y vanguardistas.

DOMINGO, 15 DE ENERO DE 2017


El Sol activa la renovación acuariana

Tomado del blog "Termometro Zodiacal" de Pedro Gonzalez Silva


El próximo jueves 19 de enero, a las 5:25 de la tarde, el Sol entra a Acuario, signo de aire, lo que impregna el ambiente de idealismo. Es un signo fijo, esto influye para que entremos en un ciclo de decisiones firmes que se llevan hasta las últimas consecuencias. La energía que se activa mueve tendencias renovadoras y vanguardistas.

Bajo el ciclo de Acuario, que se extenderá hasta el 18 de febrero, se forma en el colectivo un espíritu de unidad hacia un objetivo elevado, de fraternidad y solidaridad, y una tendencia a avanzar de forma acelerada hacia nuevas situaciones, hacia cosas que rompen con la rutina.

En tiempos de Acuario prevalece el sentido universal de las cosas, las personas y los ideales, la amistad, el espíritu humanitario y el deseo de conocimiento, de libertad, y un sentido igualitario que no distingue entre razas, países ni clases sociales.

Bajo la influencia de Acuario podemos desarrollar una gran capacidad para la síntesis, lo que da una tendencia a aceptar  ideas divergentes que luego se procesan, generando nuevas ideas o conceptos, que provienen de una fusión de todas aquellas ideas divergentes.

Es un tiempo para desarrollar el libre pensamiento, la innovación, la modernidad, y para cultivar la tolerancia, abrirse a conocimientos inusuales y ciencias alternativas, además de nuevas tecnologías.

Las energías acuarianas que estarán activas pueden provocar en el colectivo, un ambiente “eléctrico”, imprevisible, sorpresivo, donde los hechos y las ideas marchan en forma acelerada, como si el futuro de pronto se hace presente.

Acuario es regido por Urano, el planeta de los cambios abruptos, radicales y sorpresivos. Este astro representa la fuerza primitiva no dominada, como un río en creciente o un derrame de lava en movimiento, que obra sin regla ni razón. Se le atribuye el desorden y las revoluciones, la inestabilidad del individuo y de las naciones, la ruptura del orden establecido.

En estos momentos, Urano transita por Aries, y por tanto las energías acuarianas se concretan bajo características arianas, por tanto, guerreras, emprendedoras, de acción acelerada y valiente.

Marte rige a Aries, y es un planeta que en estos momentos dispone de la energía de Urano; al momento de entrar el Sol en Acuario, Marte desde Piscis estará en exacta cuadratura (ángulo astrológico de mucha tensión) con Saturno desde Sagitario.

Saturno, por cierto, era el antiguo regente de Acuario y marca una importante influencia en este signo, porque ayuda a canalizar en acciones concretas y disciplinadas su imprevisible energía futurista.

La cuadratura de Marte con Saturno puede mover a salidas drásticas, tajantes, donde no tiembla el pulso para ejecutar acciones para imponerse en un ambiente de confrontación. Un ejemplo de esta energía la podemos encontrar en la carta astral del prócer venezolano Simón Bolívar, que tenía esa cuadratura, y tomó medidas como el Decreto de Guerra a Muerte contra quienes se oponían (o eran indiferentes) a la causa de la Independencia, o el fusilamiento de Manuel Piar, prócer rebelde de la misma causa.

Pero por otra parte, Urano desde Aries en oposición a Júpiter en Libra, puede ocasionar un choque en donde las energías sorpresivas y renovadoras uranianas se expandan, pero como Júpiter está en un signo conciliador, se pueden dar paralelamente intentos de acuerdos, pero en un ambiente donde cualquier cosa puede pasar, que cambie lo que se esté intentando negociar.

sábado, 14 de enero de 2017

La “sombra temeraria” del caudillo En el año 1940 publica Miguel Ramon Utrera Nocturnal, poemario en el que la imagen de la sombra hace cortes en el libro. “La sombra temeraria” es quizá el poema más emblemático de esta serie

Cuentan que cinco años estuvo la cabeza de Pedro Aldao colgando de una escarpia. Fue ultimado por José Tomás Boves en 1813, en el paso de San Marcos que da a Calabozo. El mismo “Urogallo”  dio la orden de cortarle la cabeza y encaramarla donde se viera, en San Fernando de Apure el mismo día de su muerte. El gesto serviría para amedrentar a los patriotas que aún combatían entre los llanos de Guárico y Apure. A José Antonio Páez le debe su cabeza el sepulcro, quien procurando inhumarlo con honores, mandó a enterrarla en el suelo.
Pedro Aldao es también el nombre de la antigua Escuela Federal Graduada –hoy Escuela Nacional Bolivariana– de la cual el poeta Miguel Ramón Utrera fue fundador en el año 1936, en San Sebastián de los Reyes (edo. Aragua), y que dirigió con tesón por casi veinticinco años. No hay Sansebastianero  que no recuerde el empeño del poeta y educador en hacer de esa localidad precaria y puebleril, un epicentro de formación humanista para las nuevas generaciones. La insistencia dirigida hacia sus nóveles alumnos por la lectura, la contemplación y la escritura de lo que él solía llamar el cuento poético, hizo de este docente un tutor de sensibilidades.
A través de los motivos de la naturaleza, de la lección que ella dicta y del hecho cotidiano de habitar un entorno, hizo de su proyecto literario y educativo una búsqueda constante por hacer de los juguetes verbales –hallazgo y formulación suya– una herramienta que ayudase a los maestros a estimular en los niños y jóvenes el asombro y la fascinación por la belleza de las palabras. De este premio Nacional de Literatura se exaltan su pericia y beldad para la poesía de índole naturalista, sin embargo, el compromiso de Utrera con el devenir político de Venezuela también pronunció su voz frente a la voracidad fantasmal de la dictadura.
En el año 1940 publica Nocturnal, poemario en el que la imagen de la sombra hace cortes en el libro. “La sombra temeraria” es quizá el poema más emblemático de esta serie. A continuación lo reproducimos in extenso:
“Esta sombra nos sigue, de puntillas;/ se oculta en todas nuestras horas claras;/ y así mismo se infiltra en nuestras voces/ con leves ademanes de fantasmas.// La entrevemos, siguiendo nuestros pasos,/ y trepando por todas las palabras;/ inasible, fugaz, sin rumbo fijo,/ pero presente siempre y siempre extraña.// Guardemos ya nuestras mejores voces./ Deshilando las hebras de este sueño,/ esperemos la luz de la mañana.// Cuando el día retorne con sus sones,/ en el diálogo puro -lumbre y sueño-/ se rasgará la sombra temeraria”.[1]
De este poema relata su autor [2], que desde muy niño escuchó decir en su casa que tenían una sombra encima con la dictadura. Utrera, nacido en 1908, año en el que inicia el régimen de Juan Vicente Gómez, vivió hasta los 27 años bajo la égida de la dictadura. La sombra, cuenta, la comenzó a vivir tempranamente con las dificultades para estudiar por la precariedad y la falta de recursos en la que estaba sumida la región. Más aún, esas dos primeras décadas del siglo pasado el comercio del país estaba interferido por la falta de recursos mecánicos para la producción.
Esta situación conllevó a que la familia Utrera sufriera graves problemas económicos, razón que obligó al poeta a trasladarse a los 17 años a Caracas para cursar estudios de farmacia y obtener así amparo en esta rama. Pero sostiene que la misma sombra que vio en San Sebastián de los Reyes la vio también en Caracas, pesando sobre sus amigos perseguidos de la Federación de Estudiantes, cuando los vio salir de la cárcel, macilentos y llenos de llagas por los grillos, y cuando los vio en los palenques, muertos para volver hechos unos fantasmas [3].   
Hacia el final de sus años, el poeta seguía pensando que esa sombra que lo perseguía a él y a sus compañeros de juventud, seguía presente como nunca y que con cada golpe que se le asestaba, ella, en cambio, se hacía más y más fuerte, y que no había proyecto de beneficio común que no se viera interferido por aquella sombra. Si antes la sombra recaía en la figura de un dictador, hoy la encarnan el petróleo y los malos gobiernos [4].
Esta siniestra y desoladora imagen que nos ofrece el poeta con estruendosa claridad, nos interroga aún hoy en momentos en los que parecemos toparnos nuevamente con una fantasmagórica repetición. Pero algo en sus versos se desliza y deja entrever una posible salida al círculo mortuorio de nuestra historia. Para encontrarla, y con profundo respeto por el maestro, es preciso –como es preciso que alguna vez el alumno le diga que no a su mentor– oponer al canto “guardemos ya nuestras mejores voces” la convicción vehemente de decir: ¡No! Es este el momento de sacar nuestras mejores voces.       
El día no retornará con sus sones, ni el diálogo puro rasgará la sombra temeraria, si nos volvemos a esperar la luz de la mañana. Es el momento de sacar nuestras mejores voces. Darle la bienvenida a la sombra y entonces reanudar sin negaciones políticas, sin desdeñar las diferencias y los traumas, sin caer en las trampas de la tabula rasa, del hombre nuevo, del mundo feliz. No esperemos más por el gendarme que venga a bajar la cabeza de Pedro Aldao y la siembre en el suelo. Tal vez se trate de construir con la sombra en la espalda, con la herencia de nuestros horrores, porque ellos son tan nuestros como nuestra propia sombra, y dejar ya de buscar al responsable fuera de nosotros mismos.
Quizás así la sombra dejará de espantarnos como lo hace hasta el punto de la inmovilidad o el síntoma, y no nos tiemblen demasiado las piernas a la hora –esta hora– de echar a andar por otra senda.   
Referencias
[1] Utrera, Miguel Ramón (1940) La sombra temeraria. En Revista Internacional de Poesía de Rosario (2009) Número 18. Rosario, Argentina. Recuperado de:
[2] Guedez, Jesús Enrique (1993) Miguel Ramón Utrera. Documental realizado en San Sebastián de los Reyes, estado Aragua. Recuperado de:  
[3] Ibíd. min. 15
[4] Ibíd. min. 16