Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.

Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.
Casa de la Estrella, ubicada entre Av Soublette y Calle Colombia, antiguo Camino Real donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830, con el General José Antonio Páez como Presidente. Valencia: "ciudad ingrata que olvida lo bueno" para el Arzobispo Luis Eduardo Henríquez. Maldita, según la leyenda, por el Obispo mártir Salvador Montes de Oca y muchos sacerdotes asesinados por la espalda o por la chismografía cobarde, que es muy frecuente y característica en su sociedad.Para Boris Izaguirre "ciudad de nostalgia pueblerina". Jesús Soto la consideró una ciudad propicia a seguir "las modas del momento" y para Monseñor Gregorio Adam: "Si a Caracas le debemos la Independencia, a Valencia le debemos la República en 1830".A partir de los años 1950 es la "Ciudad Industrial de Venezuela", realidad que la convierte en un batiburrillo de razas y miserias de todos los países que ven en ella El Dorado tan buscado, imprimiéndole una sensación de "ciudad de paso para hacer dinero e irse", dejándola sin verdadero arraigo e identidad, salvo la que conserva la más rancia y famosa "valencianidad", que en los valencianos de antes, que yo conocí, era un encanto acogedor propio de atentos amigos...don del que carecen los recién llegados que quieren poseerlo y logran sólo una mala caricatura de la original. Para mi es la capital energética de Venezuela.

viernes, 9 de marzo de 2012

Un bosque en la ciudad del parque Fernando Peñalver

El Carabobño 08 marzo 2012

Un bosque en la ciudad

Daniel Pabón | dpabon@el-carabobeno.com

La rica diversidad biológica del parque Fernando Peñalver se ve exaltada con el nuevo Sendero Bosque Centenario, un camino de interpretación de la naturaleza a través de nueve paradas. Alrededor de 600 metros de caminata ecológica, todos planos y fáciles de recorrer, son espacios representativos de lo que originalmente existió en el valle valenciano.

El objetivo de esta iniciativa es sensibilizar a la gente sobre la importancia del bosque como elemento de calidad de vida; acercarla a los servicios que nos da el bosque y a conocer qué estamos recibiendo de él en el contexto urbano, explican Luis Cornejo, jefe de Ambiente del parque Fernando Peñalver, y Verónica Flores, educadora de campo de Fundación Tierra Viva.

Con el apoyo del Programa de Pequeñas Donaciones del Fondo Mundial del Ambiente y aportes de la Unión Europea Tierra Viva, en alianza con el Gobierno de Carabobo se ejecuta desde el año pasado el proyecto “Somos Biodiversidad: Estrategias Educativas para la Conservación de la Diversidad Biológica”. En este marco se inserta el Sendero Bosque Centenario instalado en el parque.

Como detalla la infografía, tiene tres puntos de entrada debidamente señalizados. Cualquiera es igual de bueno para adentrarse en esta experiencia, porque no es necesario seguir una ruta estricta o dependiente de la estación anterior.

Las nueve señalizaciones informativas fueron diseñadas de manera que no rompieran la estética del bosque ni se convirtieran en agentes contaminantes del paisaje. Adentradas en la vegetación o superponiéndose al río, su emplazamiento no pudo haber sido más acertado. Resulta descubridor el ejercicio de pararse frente al aviso: tras las explicaciones escritas, los ejemplos prácticos que desnuda la naturaleza terminan de completar el encuadre visual. “El paisaje nos sirve como escenario para desarrollar cada tema”, explican Cornejo y Flores. Estas son las nueve paradas:

1. El primer tema se titula “Fuente de agua y vida”. Con un manantial al fondo, en las mañanas el espectáculo lo ponen decenas de aves bañándose. Quiere realzar que el bosque es promotor de cursos de agua y proveedor de servicios como alimentos, medicinas, madera y resinas, sin descuidar su potencial turístico.

2. La segunda estación está dedicada al “Perfil del bosque”. Como en la ciudad, aquí también hay estructuras de diversas alturas. Los animales varían dependiendo del estrato, porque cada uno ofrece un recurso diferente. El alto puede llegar a 30 metros, y las copas de mijao lo constatan. Aves carroñeras y rapaces lo usan para ubicar presas. En el estrato medio el guayabo, el mamón y el caimito alcanzan de 3 a 12 metros. El sotobosque es el espacio de animales y aves más terrestres.

3. “Habitantes del bosque” responde al inventario de la flora y fauna. En el Peñalver conviven 75 especies de aves, 90 de árboles, 14 de reptiles y cuatro de mamíferos (una pereza, los picures, ardillas y rabipelados).

4. En la parada “Bosque urbano y calidad de vida” se puede reflexionar sobre el valor de esa barrera vegetal que separa autopista y zona residencial. “Funciona para independizar espacios y permitir que actividades contrastantes se puedan desarrollar allí sin que interfieran”, expone Cornejo.

Desde este punto se escuchan a lo lejos los carros en la autopista del Este (la vegetación sirve de barrera visual) y, aunque se llegan a divisar autos por la avenida Paseo Cabriales, no se escuchan (barrera sónica). Si ambas no existieran, el ambiente sería hostil para prácticas de fines de semana que requieren tanta concentración como el tai chi y el kung fu.

Otro ejemplo de la calidad de vida que proporciona el bosque urbano es que la vegetación funciona como una suerte de colectora de partículas de polvo que estaban suspendidas en el aire y que pudieran resultar eventualmente nocivas para el ser humano.

5. La estación “El bosque fragmentado” recuerda el drama de la desaparición de espacios verdes en ciudades como Valencia. La fragmentación es uno de los principales problemas a escala mundial que afecta los ecosistemas boscosos y dificulta las condiciones de traslado y alimentación de la fauna. El mismo parque Peñalver es una isla. Un ave con suficiente autonomía de vuelo se podrá movilizar, pero animales como la ardilla o la iguana están condicionados a vivir confinados en este espacio.

6. Moverse alrededor del sexto dispositivo, “Un clima más fresco”, ayudará a comprender sensorialmente que el bosque funciona como un gran regulador microclimático que hace más confortable la temperatura dentro del parque y en su entorno inmediato. Y es que cada hoja es un sumidero de dióxido de carbono. Un laboratorio, compara Flores.

7. Que el bosque no sólo es vegetación, sino también fauna, alecciona la estación “Bosques y biodiversidad”. Un círculo sintetiza, desde la periferia hacia el centro, en qué proporción están presentes las especies de animales: desde los más diversos, los insectos, hasta los menos por excelencia, los mamíferos.

8. “Corredores ecológicos” son pasajes o callejones de vegetación que conectan dos o más fragmentos de áreas verdes. El revelador mapa de la octava señalización pone en contexto al visitante. Enseña cómo el San Esteban y el Casupo están unidos al Peñalver a través de la red hidrológica del río Cabriales, que también es eje de movimiento de la fauna. Que las quebradas El Añil y Camoruco desemboquen justo en el tramo del parque, lo convierte en una ventana de sensibilización de las cuencas.

9. “A orillas del Cabriales” termina la caminata. La vegetación existente en las márgenes del río amortigua el efecto erosivo de la lluvia: Si las gotas se estrellaran directamente, caerían a suelos desnudos y desplazarían material al agua. Las hojas lo impiden. El también llamado bosque de galería es una barrera vegetal que le brinda intimidad a una garza para que capture peces tranquilamente, por ejemplo, amén de proteger a la ciudad de crecidas del río.

El maestro Don Pío Lara, cuando hizo el recorrido, propuso la idea de hacer cuentos de cada tema. Verónica Flores también asoma la posibilidad de incluir otros a los nueve iniciales, como el de la vida nocturna del parque, una idea que nació de la inquietud de uno de los 12 guardaparques pioneros que se forman como guías del sendero. Tiene valor: al menos una docena de especies de murciélagos visitan el Peñalver en las noches, en convivencia con algunos roedores.

Parte del proyecto es que, desde abril, el visitante cuente con una guía práctica de bolsillo que le permita identificar especies y enriquecer su experiencia de interpretación de la naturaleza. Inaugurado el 10 de febrero, el Sendero Bosque Centenario ya suma este primer mes unas 300 personas que han hecho visitas guiadas.

Aunque no descartan la posibilidad de atender a otros grupos, están dando prioridad a los docentes, para que se conviertan en monitores y usuarios principales junto a sus alumnos. Los próximos 9 y 10 así como 16 y 17 de marzo dictarán talleres gratuitos. Más información por el teléfono (0241) 8224147.


miércoles, 7 de marzo de 2012

La Vena del Río... Recordando a Enriquito Grooscors (I)

El Carabobeño 27 febrero 2012

De Azules y de Brumas || Guillermo Mujica

La Vena del Río... Recordando a Enriquito Grooscors

El pico se yergue sólido, majestuoso, huesudo, como aspirando trepar hacia el cielo, hacia Dios. Su forma es alargada y ruda, abrupta casi, si la vemos por un lado, razón por la cual los labriegos del lugar lo llaman “Burro sin Cabeza”, pero por semeja dos senos erguidos de mujer, dos maternales pezones, motivo por el cual Codazzi lo llamó “Las Tetas de Hilaria” y hoy simplemente se denomina “El Pico Hilaria”, el más alto del estado Carabobo. En los inviernos su forma de nodriza se tiñe de azul, se arrebuja de gajos celestes y en los rudos veranos carabobeños reverbera como un gigantesco espolón de plata con los blancos o rojizos soles tropicales. Su aspecto de nodriza, de henchidos pechos de nodrizas, quizás sea simbólico para los elementos hermosos o mágicos de la naturaleza, como por ejemplo el río Cabriales que nace retozón e infantil casi a sus pies férreos, bajo manantiales rumorosos, en una agua quieta y límpida que llámase “Agua Linda”. Allí bajo bosquecillos de chaparrales y uno que otro copudo samán o chaguaramo, bajo una alfombra tierna y dulce de verdes yerbas (recordamos aquello de Unamuno a Martínez Sierra, “Gregorio, no has visto Ud. Nunca versos bajo la yerba”, el río valenciano comienza a nacer como hace también el hombre, pequeñín y trastabillante, delgado como el primer llanto del recién nacido, pero luego el manantialillo se va engrosando con los nuevos hermanos que se unen bajo el trino de azulejos y turpiales, bajo la mirada aletargada de cotejos y goloso conejos, hasta que más allá, hacia las tierras serranas de Las Trincheras o Bárbula (con su farallón glorioso donde el neogranadino insigne consiguió la muerte clavando el aletazo eterno del tricolor amado) son ya quebradas alegres y ruidosas, saltantes, que hacen traviesas cabriolas por medio de negruscos y severos peñascos, las que le vienen a caer, a unírsele para el viaje bohemio que lo llevará a la ciudad y luego a la laguna lejana.

Ya en Naguanagua, a las puertas de la ciudad, se le unen casi hermanos, riachuelos mocetones con voz de adolescente, quinceañeros, zagaletones que en regocijado alborozo los acompañan como compañeros de escuela en excursión de vacaciones, que fueran en busca de legendarias aventuras constituidas por la caza de pichones de pericos y paraulatas o la obtención de ricos mangos, rojos mereces o gustosos mamones. Ya se ha hombreado y aunque antes (hace decenios de siglos) era grande y robusto y cuando se desbordaba arrasaba sementeras, asolaba valles, inundaba conucos o bien se llevaba de iracundos empujones los puentes de la ciudad y las casas de los barrios de ésta, todavía hoy se siente fuerte y vivo y se sabe destinado a llenar una gran función dentro y para la ciudad, a la que enamora y canta desde que ésta nació al pie de sus aguas, ayer estruendosas y hoy casi como unas lagrimitas. Esta función es la de casi enfermero, la de casi médico, es una función de higienista. En verdad como toda función que redunde para el beneficio de los pueblos ésta que llena el río es un poco dolorosa y requiere resignación y alturas franciscanas.

A él se le ha confiado conducir hacia la laguna distante y poblada de alharacas de cucháros, güiriríes y gallitos los desperdicios de la urbe; en él desembocan para desintoxicación de los valencianos y alejar de ellos las epidemias y las pestes, las cloacas de la ciudad. Pero también anteriormente llenó una misión alta y caballerosa para su amada. Le dio el romance dulce y fresco de sus aguas, de sus carnes trigueñas y viajeras para que calmara su sed, para que refrescara sus labios sitibundos... Como un rendido amado le brindó el placer voluptuoso de sus aguas para la sensualidad de su sed y como un esposo abnegado asea el hogar y colecta basura y toxina que pueden enfermarle la compañera ideal e idealizada, para arrojarlas lejos... Continuará


Recordando a Enriquito Grooscors

El Carabobeño 12 marzo 2012

De Azules y de Brumas ||

Guillermo Mujica

La noche valenciana (III)... Recordando a Enriquito Grooscors

Está presente en los lienzos monumentales de Michelena, haciendo fondo a la caída admirable de la amazona herida de “Pentesilea” y a la hierática y pensadora figura de el “Bolívar”.

Está presente en los poemas, o mejor, en uno de los poemas más bien logrado de Abigail Lozano, padre del Romanticismo Americano y uno de los poetas más trascendentales y genuinos de la ciudad, cronológica y líricamente: “Canto a la Noche”.

Está presente en muchos de los cuentos, en la prosa dura o delicada algunas veces de Pocaterra. Está presente en el canto casi fluvial de Alcázar y en el trino jubiloso de Luis Guevara.

Por eso en las noches valencianas él sigue ejerciendo su autocrático poderío. Mientras abajo el silencio espeso, pero por esto oprimente o aterrador, va llenando el ámbito de misteriosos susurros, él desde arriba con su tejido de estrellas y su luna encantada y bruja, desgrana sobre la ciudad un tumultuoso anhelo de vivir, un himno infinito y misterioso que interroga y responde, que vigila y arrulla, que duerme y canta.

Aunque sea invierno, el cielo valenciano adopta una actitud casi humana siempre. No tiene hosquedad de esos cielos nocturnos que sólo incitan a trabajar “bajo su complicidad el crimen”, sino que es teñido de un obscuro grisáceo que más bien impulsa a la meditación, al amor o al dedicarse a pasearlo, dialogando con él como un hermano, aunque los tontos digan que hablamos solos, ignorando aquello de Antonio Machado de “que quien habla sólo es porque está hablando con Dios”.

La noche valenciana está inundada de la majestad y del jubiloso cantar de su silencio y de su cielo. Si abajo el uno es hietarismo y reposo, arriba aquél es fabla de armonía y arpegio de música brujas que nos conmueven y mueven el alma... Por eso dijo Don Ramón Díaz Sánchez, refiriéndose a uno de los bardos más logrados, “que si el valenciano de día se exaltaba en las discusiones y apuñalaba en lo tumultos, de noche tiende escalas de amor y entona serenatas a la amada”

De aquí que la noche valenciana sea producto de esa conjunción maravillosa que le da la paz de su silencio y júbilo de su cielo.

Inquietud de nube viajera y reposo cavilante de oasis.

La noche valenciana tiene algo de tumba, pero no de tumba funeral y lágrimas, sino de tumba florecida de pámpanos y laureles, “donde no se derrama el llanto, sino vino y miel” como quería Darío, y algo de clamoroso himno a la vida, a la belleza, al amor, al mundo vario, dicho en gozoso estar por su cielo humano...

Indudablemente la noche valenciana es algo que provoca tenderse bajo de ella con la colcha de la luna encima, para, arrullado de paz y de susurros brujos, interrogar o dialogar intensamente con el arcano, del alma humana aunque digan que hablamos solos.

Valencia siempre ha sido admiradora, cultivadora, embrujadora de todo lo que implique belleza, arte o motivación del arte.

Si las aguas de la ciudad, en su continuo y perenne pasearse por el corazón de Los Carabobos. Pudiera muy bien simbolizar el ansia de renovación, de progreso, de asimilación de las nuevas ideas y concepciones universales que siempre inquietan a la ciudad, sus cerros, sus montañuelas ocres, esmeraldinas o azules a su vez encarnarían el fondo y formidable espíritu tradicionalista, venezolanista de la ciudad, su culto y su mística a las viejas y nublotas costumbres de los abuelos.

Las lunas de Valencia, a decir de Monseñor el Arzobispo Dr. Guevara y Lira, son delicias y placer de sus moradores y parece que Dios está más cerca de este hermoso suelo que de ningún otro.

Temas recopilados de su libro Evocación, Realidad y Sueño de la Patria Chica.



El Carabobeño 05 marzo 2012

Guillermo Mujica Sevilla || De Azules y de Brumas

La Vena del Río (II) y la noche valenciana recordando a Enriquito Grooscors

El entrar en la ciudad él recuerda tantas anécdotas e historias de ésta, que se sonríe como los humanos, al oír perorar a historiadores, a tiesos doctores consultores de archivos y autores de eruditos libros sobre el pasado de la urbe. Pero esto será motivo para otras charlas con el manso caudal. Pues ahora él sólo quiere hablarnos de su viaje cotidiano, de cómo, por ejemplo, contempla nostálgico, al atravesar esas monas y gráciles urbanizaciones de hoy, cómo allí, en donde hoy se yergue el canto del cemento, el hierro y el vidrio, anteriormente existieron ubérrimos campos de trigo (morenos y henchidos de vida como él los gruesos granos) y cómo también había viñedos de rojas vides...

Pero se consuela viendo erguirse la pujanza de la ciudad en sus fábricas poderosas, de las cuales brota como en un torrente de plata el chorro creador del cemento, la tibieza de las telas, el aroma penetrante de los textiles y las pinturas, el negro espeso de los residuos de caucho. Luego de atravesar la ciudad (Puente Morillo de recuerdos patrióticos; puente de Pocaterra, fuerte y recio como su constructor; puente Navas Spínola, bucólico, lleno de árboles; puentes de Santa Rosa, llenos de historias de la Valencia hidalga, de consejas de amor, de romances y epopeyas) se va hacia el sur por los bosquecillos y prados, donde pastan ganados y corretean finos potros, donde también habitan dolientes campesinos y duros y sufridos obreros, para luego en epílogo triunfal, en término anhelado, recostarse en el seno del Lago, sentarse sobre sus tersos lomos por el medio de un caño ancho y profundo, oloroso a siembra de caña, que denominan “El Charal”.

Allí, al hacer su entrada, es saludado algarabitoso canto de las aves lacustres y es interrogado con ahínco torvo por los caimancillos del Lago: las babas. Su alma de poeta, su sensibilidad de cantor bohemio, de trovador andarín por la geografía carabobeña le inventará consejas de magos y de hadas, cuentos de aparecidos, romances de enamorados, historias de árboles y de animales. Pero en el fondo sólo una cosa lo satisface por sobre todas: el saberse la vena palpitante y secular de la ciudad que ilumina esplendorosa el sol eterno de Los Carabobos.

LA NOCHE VALENCIANA

Ya una vez escribí sobre la magia y poesía de las albas de mi tierra, de mi barrio y de mi ciudad. Los placeres estéticos, casi físicos que en esta tierra mía de maravillas efectúan los fenómenos solemnes de la naturaleza. Las sensaciones abismantes que en todo ánimo que los contempla con mirada y corazón amoroso, éstos producen y déjanle grabado indeleblemente.

En los años pasados las noches valencianas fueron madres de poetas soñadores y de troveros idólatras y cultivantes de amor. Todavía hoy ésta conserva su poesía y su magia, aunque bajo su manto pausado muchas veces “en vez de aquellos gozosos del canto a la vida” se cobijan los truhanes de la intriga política y la disolución del hampón depredador de la propiedad. Y la vida ciudadana. Pero no obstante eso, la noche valenciana en su esencia y en su transcurrir no se ha alterado en nada. Dos cosas fundamentales la presiden como lo hicieron y lo hacen desde hace siglos y milenios: el contar interrogante del cielo y la paz sonora y arrullante de su silencio.

Ya se ha hablado algo sobre sus arquetipos representativos. Se ha dicho que es un cielo “madre o padre de pintores y poetas”. Y en verdad el cielo valenciano tiene un no sé qué de misterioso y abismal, una música interior decidora e incitante que otros cielos no tienen. Es un cielo casi material, es un cielo “valga la paradoja” casi telúrico, es un cielo tan unido a la tierra que parece una prolongación de ella y de sus habitantes. Es un cielo casi humano que en sus azules, que en sus nubes viajeras o en sus soles gloriosos, habla, ríe, canta, gime, reza y armoniza al mismo tiempo.

Dos poetas: Luis Guevara y Enrique Grooscors (hijo) Guillermo Mujica Sevilla

Valencia ha sido pródiga en grandes literatos que la ciudad ha olvidado. De ahí la razón de este artículo en el cual resaltaremos en esta oportunidad, los méritos de estos dos hombres de la cultura valenciana.

Luis Guevara, nacido el 21 de junio de 1910 en Valencia, fallece el 15 de marzo de 1956. Poeta, humanista y gran cantante lírico bajo el impulso del compositor, poeta y educador caraqueño Sebastián Echeverría Lozano (1880 Valencia-1941), se caracterizó por su gran amor a Valencia y a su patria. Desarrolló gran parte de su labor en su ciudad natal que adoraba y por la que tanto luchó siempre. Cuando tuvo que salir de ésta por razones circunstanciales, dejó su huella para siempre a través de sus poemas “Saetas en el corazón de Valencia” (1945) y “Cántaros del cielo” (1953), de los cuales el Dr. Alfredo Celis Pérez, científico y escritor regional, dijo así: “Las cosas de la tierra que permanecen ocultas para nuestro diario devenir, él nos la presenta diáfanas y transparentes a través de su poesía”, Al releer la primera de las dos mencionadas, no me queda más, sin duda alguna, que alabar la riqueza de la obra en la cual deja su nostalgia por su gran Valencia diciendo siempre: “Allí mi Valencia”, señalándola y viviéndola desde cualquier parte donde estuviese.

Como homenaje a este valenciano, insertaremos algunos fragmentos del hermoso poema: “Allí queda la ciudad desperezada con el Mirlo de un Manuel Alcázar, su poeta/Allí queda la ciudad frutal con sus huertos dorados/Allí queda su soleada campiña matinal, y el puñal de su río bajo sus puentes/Allí queda Valencia con sus tardes de toros/Allí queda la ciudad honda y serena, recostada en la luz de su río bajo sus puentes, con la magia del pincel de Michelena, en un brillante amanecer/.

Enrique Grooscors (hijo) era de familia honorable, escritor, ensayista, poeta y actor teatral de grandes méritos, nacido aquí en esta ciudad valenciana en 1921. Hombre de figura delgada, de firme carácter, expresivo, y cuando hablaba denotaba muchos conocimientos y autoridad. Era un habitual asistente a los actos culturales que se presentaban en la ciudad, Enriquito, como también le decían sus amigos más allegados, fue autor de grandes obras literarias, sus libros Pasión y acontecer de la instrucción en Carabobo (1968) y Poetas y prosadores carabobeños (1955), donde intervino con su gran amigo Luis Guevara en la selección y prólogo, llenando así de tantas reliquias en cada página, de valores valencianos que hoy ni siquiera se recuerdan y menos, si no se tiene la oportunidad de acercarse a esta obra genial y eterna en la historia de nuestra hermosa Valencia, la cual fue editada el 25 de marzo de 1955, en conmemoración a los cuatrocientos años de la fundación de Valencia, por el Concejo Municipal.

Con el paso del tiempo, comienza a aislarse haciendo una vida bohemia, no dándole mucha importancia a sus conocimientos ni a su apariencia. En tiempos de lluvia podía aparecer distraído sentado en cualquier acera viendo correr el agua de su recordado Cabriales. En su libro Evocación, realidad y sueño de la patria chica”, en los capítulos IV y V, por ejemplo, describe Enriquito con maestría “La vena del río/La noche valenciana/El hueso de sus cerros/Una casa y un barrio/, que al lector lo lleva a vivir esos pasajes en su mente aun sin conocer su entorno, con una facilidad, frescura y magia de los encantos de su tierra y entornos valencianos.

Valencia es una ciudad llena de historia en toda la extensión de la palabra. A ella le deberíamos seguir creando “Luz de conocimientos a la juventud, donde puedan existir lugares de sombras” como lo hicieron estos prosadores Luis Guevara y Enrique Grooscors (hijo).

Con inevitable adoración y nostalgia, me permito citar para concluir este artículo dos de tantos párrafos escritos por Enriquito:

1) Dedicatoria en su libro Pasión y acontecer de la instrucción en Carabobo”.

“A todos los maestros de escuela de mi tierra valenciana, y a todos los de mi madre Venezuela y de América”.

2) Del capítulo IX del libro Evocación, realidad y sueño de la patria chica.

“El mes de mayo, es cual un collar de rosas tendido alrededor del orbe o bien un arpa cuyas notas trémulas de ignotas y antiguas melodías invaden lentamente los amaneceres de mi Valencia” (El Carabobeño, 10/08/2009).-

Ojalá no sean terrenos del Metro de Valencia

Maestro José Antonio Abreu visitó el Parque Recreacional Sur

Carabobo será una de las capitales musicales de América Latina

El maestro Abreu en compañía del alcalde Edgardo Parra y de su esposa Emilia Guardia de Parra, durante el recorrido por el área donada por el Ayuntamiento para la construcción de una sede de formación musical. (Foto: Jacinto Oliveros)

Sólo la habilidad eterna de José Antonio Abreu podía conseguir algo del Alcalde Parra

Alcaldía de Valencia cede espacios para sede del Sistema de Orquestas

Este martes el maestro José Antonio Abreu, fundador del Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas de Venezuela, visitó los referidos espacios ubicado en la parroquia Rafael Urdaneta de Valencia y expresó sus palabras de reconocimiento al jefe del ayuntamiento por tan hermosa iniciativa.

MARIANELA RODRÍGUEZ | EL UNIVERSAL
miércoles 7 de marzo de 2012 10:46 AM

Valencia.-Como parte de un convenio suscrito entre la Alcaldía de Valencia y el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela, el alcalde Edgardo Parra entregó formalmente un espacio de 3.600 metros cuadrados en el Parque Recreacional Sur de la capital carabobeña donde está prevista la construcción de una nueva sede para la formación musical en la región.

Este martes el maestro José Antonio Abreu, fundador del Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas de Venezuela, visitó los referidos espacios ubicado en la parroquia Rafael Urdaneta de Valencia y expresó sus palabras de reconocimiento al jefe del ayuntamiento por tan hermosa iniciativa.

Trascendió que aproximadamente para finales del presente año esté listo el diseño arquitectónico de La Tridilosa, el lugar en el que desde el 2011 se han desarrollado estudios de ingeniería y detalles para la construcción de la sede musical.

Este espacio forma parte del compromiso y la suma de esfuerzos del ayuntamiento valenciano para la construcción de la sede de la Orquesta Sinfónica de Carabobo, ambicioso proyecto que pretende convertirse en la cuna de la música en la región central de país.

El maestro Abreu mencionó la importancia e influencia positiva que tendrá la presencia de la Orquesta Sinfónica en las instalaciones del Parque Recreacional, lo que abre las puertas a las comunidades del sur de Valencia a integrarse y acercarse a la música, y resaltó que ésta es una de las formas de combatir la pobreza en el país.

"Hay que luchar por la obtención de los recursos financieros para la construcción de este espacio y otros en la ciudad de Valencia, porque la educación artística es un derecho Constitucional para los niños, niñas y adolescentes", comentó.

Dijo sentirse orgulloso de los logros cosechados por el Sistema de Orquestas en los ámbitos nacional e internacional, así como en el posicionamiento que ha logrado en varios países del mundo fungiendo como ejemplo para otras orquestas sinfónicas y teniendo como embajador al Maestro Gustavo Dudamel quién luego de ser Director de la Simón Bolívar pasó a dirigir la Filarmónica de Los Ángeles.

Se refirió también a los acuerdos firmados recientemente en Centroamérica, Francia, Reino Unido, Grecia, el Caribe, Escocia y Korea con la finalidad de lograr un desarrollo intelectual y de conocimientos para el modelo educativo social de gran transcendencia en el país.

"Carabobo será una enorme capital musical de América latina, por sus talentos orquestales y vocales", puntualizó.

Por su parte el alcalde Edgardo Parra manifestó que el próximo 25 de marzo, en el marco de la celebración del Día del Valencia, se realizará la firma del acuerdo con Fundamusical para la reactivación de becas para un estimado de 200 jóvenes del estado Carabobo desde el mes de abril hasta diciembre.


domingo, 4 de marzo de 2012

La misma miasma, señores la toma del Ateneo tiene su raíz en los celos amorosos del Presidente de entonces y su pareja, líder de los tomistas...

Hoy y después en Valencia

Alfredo Fermín

afermín@el-carabobeno.com

Gente extraña al sector cultural afirma que la invasión que se hizo al Ateneo de Valencia fue una iniciativa de los artistas porque “la oligarquía valenciana” se había apoderado del Salón Michelena. Es un argumento que no tiene credibilidad porque un confrontación artística de esa magnitud no habría podido mantenerse durante casi 70 años sin el respaldo de los sectores populares, de los cuales proviene la gran mayoría de los hacedores de cultura en todas partes del mundo.

Es cierto que el Michelena fue fundado por un grupo de personas influyentes en la sociedad valenciana, entre ellas Chuchuíta Carabaño de Díaz, Fernando Guerra Méndez y Jorge Lizarraga, pero la organización y presentación de la muestra estuvieron a cargo del gran animador cultural Luis Eduardo Chávez, quien pedía a sus amistades colaboraciones para comprar materiales y acondicionar la vieja casona de dos plantas en la calle Páez, donde tuvo su primera sede el Ateneo, en 1936.

La construcción de la sede actual, en la avenida Bolívar, inaugurada en 1953, fue posible por la donación del terreno que hizo Melanie Branger y por colaboraciones de personalidades e instituciones interesadas en que Valencia tuviera un centro cultural adecuado al desarrollo que comenzaba en esta ciudad. El edificio fue diseñado por el eminente arquitecto José Manuel Galia, ganador del concurso convocado con esa finalidad. La distinción del jurado, presidido por Carlos Raúl Villanueva, le valió además al maestro Galia el Premio Nacional de Arquitectura, por este edificio que hoy se encuentra en tan lamentable situación.

El Salón Michelena, fundado en 1943, recibió de inmediato el apoyo de la comunidad cultural del país. Alejandro Otero estuvo entre sus más entusiastas promotores; el escritor José Nucete Sardi y el pintor Edmundo Antonio Monsanto, quien dirigía el Museo de Bellas Artes, integraron el primer jurado de calificación. La iniciativa de Valencia refrescó el ambiente plástico venezolano porque en ese tiempo sólo existía el Salón Oficial, al que únicamente ingresaban artistas convencionales, vinculados a Caracas.

Braulio Salazar y Oswaldo Vigas, en Valencia, y otros artistas jóvenes del país encontraron en el Michelena el espacio para mostrar su obra que le negaban los retardatarios jurados caraqueños. Y fue así como el Michelena, desde sus inicios, fue el centro de la vanguardia artística por lo que siempre recibía críticas adversas, especialmente de la prensa capitalina, que nunca perdonó que en el interior del país se hubiese logrado una confrontación plástica de prestigio internacional.

Quienes conocemos la historia del Salón Michelena, en el que hemos tenido responsabilidades como curador, podemos dar fe de que en esta muestra nunca tuvieron influencias personas de la llamada burguesía, ni para la selección de obras, ni para su premiación. Hasta casi finales del siglo pasado éste era un salón muy pobre, casi sin presupuesto, por lo cual la museografía y el montaje de las obras estaban a cargo de los artistas Braulio Salazar, Marcos Castillo, Humberto Jaimes Sánchez, Wladimir Zabaleta, Suardo Castillo, y estudiantes de la Escuela de Artes Plásticas Arturo Michelena. Durante uno o dos fines de semana se hacía una “operación cayapa” en la que no faltaban unas cajas de cerveza para animar el trabajo.

Pero, después de los años 80, cuando al Ateneo le asignaron presupuesto para el Salón, nadie quiso trabajar de gratis. Los costos se elevaron considerablemente por lo cual siempre hubo deficiencias. La confrontación se había convertido en la más importante del país y había que pagar honorarios profesionales a las personalidades que integraban los jurados, a los museógrafos y a todo el personal que participaba en la puesta en escena.

El producto de aquel trabajo, una de las colecciones de Arte más importantes del país, se deteriora -inexorablemente- en un depósito, sin mantenimiento, sin condiciones climáticas adecuadas y sin el debido resguardo, por lo que no se puede afirmar que no haya sido víctima del saqueo.

Económica y artísticamente la colección del Ateneo es de inmenso valor. Allí están representados casi todos los grandes artistas del país. Además está el cuadro Primavera, de Alfred Manessier, ganador del gran premio de la Exposición Internacional de 1955, con motivo del cuatricentenario de Valencia, en la que compitieron los más renombrados artistas de la Escuela de París, entre ellos Pablo Picasso.

Manessier, ganador del gran Premio Internacional de Pintura de la Bienal de Venecia, ganó con una obra abstracta arraigada en el cubismo y el fauvismo, con una composición lisa rica en colores de inspiración religiosa. Es un cuadro de inmenso valor envidiado por los más prestigiosos museos del mundo. Pero a los valencianos no les importa el destino de esa obra maestra. Nunca hemos encontrado respuesta a nuestra inquietud acerca de por qué dicha colección, patrimonio de todo el pueblo venezolano, permanece en manos de unos particulares a los que no les preocupa el Arte sino el proselitismo político.

En este asunto hay una responsabilidad penal por ocupación indebida. Hay la comisión de un hecho punible, previsto en el Código Penal. Hay una noticia criminis tratándose de un hecho público, notorio y comunicacional. Y, sin embargo, el Ministerio Público, tan diligente ante otros casos menos graves, se ha hecho de la vista gorda. Se evidencia así que no hay justicia para todos.

ELEGANTE, SOLIDARIO Y DIVERTIDO fue el homenaje organizado por Gladys Valentiner, José Rodríguez y el padre Pedro De Freitas para celebrar los 60 años de monseñor Reinaldo Del Prette, arzobispo de Valencia, en el gran salón del World Trade Center. Un estimado de mil personas colaboraron con esta celebración, cuyos beneficios fueron destinados a las obras sociales de Caritas. En un breve y sentido discurso, monseñor Del Prette expresó su satisfacción por tantas demostraciones de afecto, en esta noche en la que fue evidente que el glamour también es señal de fe y de esperanzas.