Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.

Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.
Casa de la Estrella, ubicada entre Av Soublette y Calle Colombia, antiguo Camino Real donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830, con el General José Antonio Páez como Presidente. Valencia: "ciudad ingrata que olvida lo bueno" para el Arzobispo Luis Eduardo Henríquez. Maldita, según la leyenda, por el Obispo mártir Salvador Montes de Oca y muchos sacerdotes asesinados por la espalda o por la chismografía cobarde, que es muy frecuente y característica en su sociedad.Para Boris Izaguirre "ciudad de nostalgia pueblerina". Jesús Soto la consideró una ciudad propicia a seguir "las modas del momento" y para Monseñor Gregorio Adam: "Si a Caracas le debemos la Independencia, a Valencia le debemos la República en 1830".A partir de los años 1950 es la "Ciudad Industrial de Venezuela", realidad que la convierte en un batiburrillo de razas y miserias de todos los países que ven en ella El Dorado tan buscado, imprimiéndole una sensación de "ciudad de paso para hacer dinero e irse", dejándola sin verdadero arraigo e identidad, salvo la que conserva la más rancia y famosa "valencianidad", que en los valencianos de antes, que yo conocí, era un encanto acogedor propio de atentos amigos...don del que carecen los recién llegados que quieren poseerlo y logran sólo una mala caricatura de la original. Para mi es la capital energética de Venezuela.

martes, 21 de marzo de 2017

Rafael Sánchez, antropólogo venezolano residenciado en Holanda, recorre minuciosamente las políticas de masas que se desarrollan específicamente en Venezuela pero relevantes para todo el continente

El vértigo de las pasiones y sus desbordes

By ALFREDO ANGULO RIVAS
19 DE MARZO DE 2017 12:29 PM
He aquí una mirada tendida sobre Venezuela, desplegada a través del campo de la interpretación antropológica. El propósito declarado por el autor es explorar las razones históricas y socioculturales que dan forma a una conducta excesiva. Es el espectáculo de las multitudes que toman los espacios públicos para sí.
Se trata del reciente libro Dancing Jacobins: A Venezuelan Genealogy of Latin American Populism. (New York: Fordham University Press, 2016). Equipado con un minucioso aparato crítico, Rafael Sánchez sostiene la tesis del teatro que se derrumba: nunca ha habido una población pasiva, una audiencia inmovilizada, a la medida de una representación estable.
A falta del individualismo de la ideología liberal, hubo multitudes empoderadas, un campo incesante de diferenciación y dispersión. Con el cambio de situación, los sujetos postcoloniales adoptan un peligroso mimetismo, matan a sus gobernantes blancos y usurpan los roles de las élites.
La creación de una forma viable de gobierno en Venezuela estuvo amenazada como en ningún otro caso. Los regímenes absolutistas son reemplazados por repúblicas y monarquías constitucionales. Hacia la segunda mitad del siglo XIX, sus políticas enmudecen o son suplementadas por formas “biopolíticas” de gobierno. Pero no hubo en Venezuela tal mudez.
Luego, desde este punto de vista, la modernidad es un dominio de desidentificación, convertida en norma por “el intrínseco ímpetu igualador irreprensible de las masas”, y en la que el gobierno siempre está en búsqueda agónica de representación, solo para caer una y otra vez barrido por las masas.  
De allí se sigue que el republicanismo en Venezuela ha oscilado entre formas políticas restringentes y punitivas, y un más abierto populismo, una forma de “gobierno democrático” plebiscitario, sin éxito en la edificación ciudadana.
Desde la ruptura del orden colonial hasta la presidencia de Hugo Chávez, incluso en el presente inmediato, nunca se ha alcanzado un completo acuerdo, disciplinado, relativamente pasivo, de un espectador inmovilizado con el que los líderes han soñado.
En fin, al dar por cierta la tesis del efecto que la cuestión jacobina ha tenido en la cultura política revolucionaria, desde el origen hasta el presente, el autor  introduce un matiz que la reformula: en el espectro entero del republicanismo venezolano, desde la izquierda hasta la derecha, el impacto del jacobinismo ha sido decisivo.
Son variados los modos de leer un texto, uno probable es examinar su respaldo documental. Pero entre los centenares de títulos referidos por Rafael Sánchez, hay un par de ausencias notables: El reino de este mundo, la expansión de la idea de revolución por el Caribe, la novela de Alejo Carpentier; cuya filiación remite a Los jacobinos negros, la reeditada obra canónica de Cyril Lionel Robert James.     
Quizás uno deba pagar el precio de la anécdota, pero valga recordar que el programa inicial de Francisco de Miranda es reformista, sin excesos jacobinos. Este conocía a los revolucionarios franceses, de su embriaguez de  sangre como de palabras sangrientas, para decirlo con la viva expresión de Stefan Zweig. Cierto que Miranda va a instigar a la Sociedad Patriótica y logra la presidencia, que es la manera de vengarse del rebajamiento a que había sido sometido por sus contemporáneos.
Dividida en su parecer la élite criolla, las turbas caraqueñas son lanzadas contra el Congreso para arrancarle la decisión política de declarar la ruptura con España. No obstante, el estudio de la razón filosófica jurídica del pensamiento de la Independencia muestra que hubo especulaciones doctrinales del iusnaturalismo y del humanismo cristiano.
Si el espectador es inquieto y el teatro cae una y otra vez, necesario es puntualizar que la construcción del estado, de la nación y de las instituciones en Venezuela es una obra de las élites ilustradas. Porque, después de todo, el problema es suponer que el pueblo tiene una sola voz, que esa voz auténtica se halla en los estratos de bajos ingresos y en sus creencias, en sus lugares de culto, en su galería de imágenes que incluye vikingos, faraones y actores del cine mexicano.
Ese gran agitador de masas que fue Antonio Leocadio Guzmán, en medio de la emergencia de las guerras campesinas de mediados del siglo XIX, terminaría por aclarar que su prédica había sido para crear ciudadanos, no guerrilleros. A fin de cuentas, esa es la cuestión, el vértigo de las pasiones y sus desbordes, la retórica política partidaria y sus efectos sociales disolventes. 
Convengamos: jacobinos sí, pero en fecha reciente, bajo la influencia de la Generación del 28, del dato estructural del ingreso petrolero, y de la centralidad del estado. Está visto que no es posible igualar a los desiguales, y que también hay cegueras interesadas en el ojo de la razón.
Dancing Jacobins: A Venezuelan Genealogy of Latin American Populism
Rafael Sánchez 
Fordham University Press
New York, 2016.

El Nacional Papel Literario

lunes, 20 de marzo de 2017

Este es uno de los pasajes evangelicos que me gusta mas. Comparto una reflexion sobre el en este 19 dia de la Cuaresma y dia de mi onomastico: San Jose.

Jesús y la mujer samaritana

Juan 4Reina-Valera 1960 (RVR1960)

 Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan
(aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),
salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea.
Y le era necesario pasar por Samaria.
Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José.
Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.
Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.
Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.
La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.
10 Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.
11 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?
12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?
13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
15 La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
16 Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá.
17 Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido;
18 porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
19 Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.
20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.
21 Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.
23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
25 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.
26 Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.
27 En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?
28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres:
29 Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?
30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.
31 Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.
32 El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
33 Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer?
34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
35 ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.
36 Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.
37 Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega.
38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.
39 Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.
40 Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.
41 Y creyeron muchos más por la palabra de él,
42 y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.
Día 19 de Cuaresma
Jesús y la samaritana
Mons. Fr. Robert Barron
 Juan 4:5-42
Amigos, el día de hoy leemos en el Evangelio de Juan la magnífica historia de la mujer del pozo. La imagen de la sed se usa con frecuencia a lo largo de toda la Biblia, y representa el deseo que los hombres tienen de Dios.
En el momento más caluroso del día, Jesús le pide a la mujer samaritana que le dé de beber. Estamos aquí pisando suelo sagrado, pues toda la salvación está resumida aquí: nuestra sed de Dios se encuentra con la sed incluso más dramática que Dios tiene por nosotros. Agustín se inspiró en esto al momento de escribir su comentario de este pasaje: "Jesús estaba sediento de la fe de aquella mujer". Evidentemente, en un primer momento esta mujer se muestra perpleja. ¿Por qué está este hombre judío pidiéndome de beber? Traduzcamos esto al lenguaje espiritual: ¿cómo podría Dios todopoderoso tener sed de mi fe y de mi atención? El hijo menor se vio forzado a buscar empleo y se convirtió en un cuidador de cerdos. Nadie le daba nada. Recapacitando decide cambiar de rumbo y regresa con su padre.
 La respuesta de Jesús es magnífica: "El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed". Estamos diseñados para la unión con Dios y, por lo tanto, estamos sedientos de Dios con un deseo infinito. Lo que Jesús ofrece aquí es la vida de la gracia, la vida divina, al propio Dios. Ésta es la única energía que podrá satisfacer nuestro anhelo infinito.

domingo, 19 de marzo de 2017

Descubre de donde viene tu Historia Personal de Vida desde la mirada de la milenaria ciencia de la Astrología. Un encuentro Mágico lleno de Tips de Vida donde encontraremos como los Astros y los Signos de Zodíaco han impactado, impactan e impactarán nuestro devenir. ¿Quieres saber más? La cita es este Jueves 23 de Marzo a las 5.00 pm en el Centro RENACER. Urbanización Terrazas Los Nísperos Av. 107, No 111-50. Quinta Vírgen del Carmen. Inversión Bs. 3500. Facilitado por la Lic. Josefina Weidner - Cosmobiólogo / Filosofo /Historiadora. Información 0414.593.29.51/ 0412. 784.96.51. Un evento del Proyecto Cree-Ser


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El lunes 20 de marzo a las 06:30 de la mañana, hora de Venezuela (10:30 GMT) el Sol hace su ingreso al signo de Aries, lo que representa el año nuevo astrológico, el inicio de un nuevo ciclo natural, es el momento de renovar, de iniciar, de renacer. Se produce el equinoccio de primavera en la latitud norte.

VIERNES, 17 DE MARZO DE 2017

El Sol da inicio al nuevo año astrológico

Tomado del blog "termometro Zodiacal# de Pedro Gonzalez Silva

El lunes 20 de marzo a las 06:30 de la mañana, hora de Venezuela (10:30 GMT) el Sol hace su ingreso al signo de Aries, lo que representa el año nuevo astrológico, el inicio de un nuevo ciclo natural, es el momento de renovar, de iniciar, de renacer. Se produce el equinoccio de primavera en la latitud norte.

En dos épocas del año se producen los equinoccios: en marzo (primavera, inicio del signo Aries) y en septiembre (otoño, inicio de Libra). Al estar el Sol en el punto más cercano al ecuador (línea imaginaria que divide a la tierra en dos partes iguales) el día y la noche tienen igual duración.

Los solsticios, en cambio, se producen cuando el Sol alcanza su mayor distancia del ecuador, cosa que ocurre en julio (verano, inicio de Cáncer) y en diciembre (invierno, inicio de Capricornio). En verano los días son más largos que la noche, y en invierno ocurre al contrario.

Estos cuatro períodos del año que marca nuestro Sol, se relacionan desde el punto de vista esotérico e iniciático, con cuatro fechas religiosas: la Pascua (resurrección de Cristo) en el equinoccio de primavera; el día de San Juan Bautista en el solsticio de verano; el día de San Miguel Arcángel en el equinoccio de otoño, y el Espíritu de la Navidad en el solsticio de invierno.

La fecha iniciática que se conmemora en el equinoccio de primavera, cuando el Sol hace su entrada en Aries, tiene ver con renacimiento, renovación, y fue asociado por los cristianos con la resurrección de Cristo, pero mucho antes de Jesús, ya se celebraba esta fecha, como una forma de enaltecer el espíritu renovador que acompaña a la primavera.

Es la resurrección de la naturaleza que en invierno muere para luego renacer y renovarse. Dice el maestro espiritual Omraam Mikhael Aivanhov, que “se ha situado la resurrección de Jesús en este momento del año, porque en realidad, se trata de la resurrección de toda la naturaleza”.

Dice Aivanhov que “la noción de resurrección está obligatoriamente ligada a la muerte;  en el hombre, es la naturaleza inferior la que debe morir para dejar su sitio al espíritu, que encuentra entonces la posibilidad de liberarse para actuar y transformarlo todo”.

El secreto de la resurrección está ahí, delante nuestro, en la naturaleza, y espera que nosotros lo comprendamos, que nos decidamos a morir conscientemente para que surja en nosotros un ser humano nuevo.

Se trata de una muerte simbólica y a la vez muy real, se trata de no apegarnos a viejas experiencias que condicionan nuestro actuar y nos atan a una cadena de conductas repetidas. Se trata de nacer cada día, de vivir cada día con asombro, sin expectativas forjadas por experiencias pasadas; cada día es totalmente distinto al otro, cada momento nos depara una sorpresa, una oportunidad de crecimiento.

Este lunes 20 de marzo, en pleno año nuevo astrológico, en la Isla de Margarita, en el Centro Holístico “Despertares” en Jorge Coll, dictaremos a las 5:30 de la tarde,  una charla titulada: “Equinoccio de Primavera: Tradición Mágica del Sol”.

Esta charla servirá de abrebocas para el taller “Magia Blanca Astrológica” (basado en nuestro más reciente libro) que dictaremos el sábado 25 de marzo, de 8:00 de la mañana a 12:00 del mediodía, también en “Despertares”.

Para información sobre la charla y el taller (únicamente para estas dos cosas) hemos habilitado este número telefónico: (0416) 2163870.

Lea ‘El hambre y los días’, un especial por @prodavinci

Lea ‘El hambre y los días’, un especial por @prodavinci


Por Prodavinci


Las cifras oficiales muestran una caída del consumo de alimentos desde 2012. A partir del año 2015 no se publicaron más estas estadísticas ni el índice de escasez de alimentos. Pero esta ausencia no ha impedido que los venezolanos padezcan las consecuencias del desplome de la oferta de alimentos ni de su consumo. Tal circunstancia, a la luz de lo que se recoge en las calles, nos obliga a hablar de hambre en Venezuela. El DRAE define el hambre como gana o necesidad de comer. Pero también, y más apropiado en nuestro caso, traduce el vocablo como la escasez de alimentos básicos que ocasiona carestía y miseria generalizada.

El periodismo no necesita de estadísticas para justificarse. Hay una realidad patente en millones de hogares en Venezuela que debe ser contada con fines documentales, pero más importante aún, con el objeto de encender las alarmas en la perspectiva de atender el problema antes de que sus consecuencias afecten irremisiblemente a las generaciones por venir. Haga click aquí para ir al especial “El Hambre y los días”




10-03-17

http://prodavinci.com/2017/03/10/actualidad/lea-el-hambre-y-los-dias-un-especial-de-prodavinci/

El espectáculo portátil. Leonardo Padron


El Nacional 19 DE MARZO DE 2017 
En el libro titulado Los Diarios de Emilio Renzi, alter ego de Ricardo Piglia, el portentoso escritor argentino cuenta una anécdota de sus 16 años, cuando cortejaba a Elena, una estudiante con la que cursaba el tercer año de bachillerato. Un día caminaban por la calle y ella le preguntó qué estaba leyendo. Él, que no estaba leyendo nada realmente trascendente como para deslumbrarla, recordó que había visto días atrás en la vidriera de una librería un libro que le llamó la atención.  Era “La peste”, de Albert Camus. Entonces le dijo: estoy leyendo “La peste”. Y ella, emocionada, le preguntó: “¿Me lo prestas?”. ¿Qué hizo Piglia o Renzi? Cito textualmente: “Me acuerdo que compré el libro, lo arrugué un poco, lo leí en una noche y al día siguiente se lo llevé al colegio. Había descubierto la literatura”. Piglia acota que el libro particularmente no le gustó, le pareció demasiado alegórico, profundo, pesado, pero esa noche, y son sus palabras, “algo cambió” (…) “Pienso a veces, si no hubiera leído ese libro, o si no lo hubiera visto en la vidriera, o si ella no me lo hubiera pedido, no estaría aquí”. Ese aquí es una obra memorable, un lugar rotundo en la literatura latinoamericana. Ese aquí es un hombre que testimonia que llegó a ser quién fue por los libros que leyó.
Y esta anécdota podría ser un buen comienzo para hablar de las distintas formas que tienen los libros de llegar a nuestras vidas e iniciar su proceso de sedimentación. Siempre funciona invocar a algún autor prestigioso y dejar caer el brillo irrebatible de sus palabras. Pero estamos en Venezuela, donde la normalidad ha sido expulsada de sus fronteras. Estamos en una república en caída libre donde hoy sucede en su territorio insular, en su asfixiado paraíso turístico, el milagro de una feria de libros, a pesar de todo, a pesar de tanto.  
Quizás muchos venezolanos se preguntarán cuán prioritario puede ser una feria de libros en este momento tan estremecedor que vive el país. ¿Por qué ocuparnos de ensayos, novelas, poemarios, cuando tantos venezolanos están sumergidos en el oprobio de la escasez, la violencia y el hambre? Justamente, porque también estamos viviendo una pavorosa  escasez de insumos culturales, porque el Estado ha convertido al verbo en violencia y porque la incesante diáspora y el deterioro de nuestras instituciones educativas han generado una descapitalización severa de conocimiento. Porque hay hambre en el cerebro también. He allí lo medular de un evento como la Feria Internacional del Libro del Caribe en Margarita. En estos momentos, donde la barbarie parece imponer su aliento deletéreo, su voracidad, su espíritu aniquilador, es donde más perentorio resulta invocar las sustancias inmateriales que constituyen el lado luminoso de la especie. Quizás hoy más que nunca necesitamos las aguas subterráneas de los libros. Arrojarnos a sus páginas en busca de un punto de lucidez, de pozos de imaginación, de párrafos de reflexión y sensibilidad que nos regresen al centro de nosotros mismos, asomarnos a ellos en busca de la memoria humana que tanto tiene que decirnos sobre totalitarismos, abismos sociales, ideologías, miseria y triunfo, voluntad y redención. Todos los que habitamos la comarca de los libros lo sabemos. Muchos de ellos nos sirven como analgésico, como alimento, como proteína, como resguardo, y sobre todo, como ejercicio de vida y civilización.
Hemos sido arrasados durante los últimos 17 años por un lenguaje que se pretende fundacional y solo ha inoculado diferencias, resentimiento, fanatismo y una retórica nacionalista y patriotera que muy poco ha abonado al equilibrio de las desigualdades. Por el contrario, somos hoy un país herido, hostil y amargo. Si no nos acercamos a la inteligencia de los otros, si no desarrollamos la dialéctica del entendimiento, seguiremos fracasando como sociedad. Todo libro es un gesto admonitorio contra el silencio y la domesticación. Es la victoria del alfabeto sobre los materiales bélicos. Es una ventisca que atiza mentes y moviliza conciencias. En los libros se va depositando la historia de la sensibilidad humana. Toda jornada de lectura conmemora íntimamente el triunfo de las ideas sobre la ignorancia. Por eso, no podemos permitir que nos expropien la roca madre del conocimiento.
Hoy en Venezuela el libro tiene una epidemia de obstáculos en el camino. A ese colosal rival que es la tecnología y sus señuelos lúdicos, hay que sumarle la abulia de un régimen que, a pesar de lo que proclama su discurso oficial, en vez de privilegiar la lectura, la soslaya, la relega a un rol ínfimo y subalterno. Hoy la crisis económica y el rígido control de divisas han lesionado severamente a la industria editorial. Hoy la escasez de papel y la descomunal inflación convierten el acto de comprar un libro en un gesto suntuario, en una acrobacia monetaria. Hoy vemos cómo día a día van cerrando más librerías que sucumben a la devastación colectiva. Pero también hemos visto la reacción de los devotos de la lectura. Hemos sido testigos del tenaz ejercicio de persistencia de las editoriales independientes. Hemos contemplado el afán de algunas empresas privadas y el empeño de las distintas ferias de libros que surcan el país como verdaderos nichos de resistencia ciudadana. Y hemos visto también cómo, a pesar de la tormenta, o justamente por ella, los escritores de este país siguen escribiendo más y más.    
Creo en el poder de la palabra escrita. Lanzarle al cerebro unos cuantos libros puede ser una gran estrategia de vida. Leer es una aventura que merece ser masiva, que merece convertirse en virus y ritual cívico. Leer, seamos claros, es tan subversivo como el sexo en la vía pública. Leer es la gimnasia feliz del discernimiento. No hay mejor antídoto contra la oscuridad. Cada vez que abres un libro, prendes un fósforo en la nada. Leer te hace distinto. Leer es esa cabriola que te permite comprender, interrogar y avanzar. Leer es entender que un orgasmo no necesita piel. Leer en tiempos donde el odio impone su gramática es un acto de desobediencia civil. Leer como anticuerpo a la hipnosis del poder. Leer para ser menos vulnerables. Leer para ser mejores, en definitiva.
Un libro, cómo no insistir en ello, es un categórico acto de civilización. Si queremos sorprender al hastío o deponer el abatimiento, allí esa caja de palabras que convenimos en llamar libro. Ábrela, lánzate en su estómago blanco, suprime el decoro y los prejuicios. En los libros está la mejor reunión de aventuras que conozca el mundo. Es un club para la inteligencia. Una clave para acceder al misterio de la belleza. Leer es una montaña y una gota. Una zona de revelaciones. Leemos para entender la vida, para convertirnos en ficción, para recuperar el asombro. Leemos para reinar en la perplejidad y el conocimiento. El libro es el espectáculo portátil más íntimo y poderoso que ha creado el hombre.
Por eso no deja de ser heroico que hoy, en una isla que es cada vez más isla, sitiada por la crisis nacional en ocasiones de una forma aun más perversa y dura que el resto del país, un pequeño enjambre de ciudadanos, unos magníficos tercos, hayan decidido desde hace tres años organizar y crear la Filcar. Esa idea, nacida en los espacios de la Universidad de Margarita y dimensionada por un sólido equipo de colaboradores del ámbito cultural, ha adquirido piso y estructura gracias al abrigo de empresas locales e internacionales, organismos públicos, donaciones privadas y hasta esa nueva forma de conseguir aliento que son las campañas de crowdfunding. Se repite, así,  por tercer año consecutivo una propuesta de país posible en la comarca más hechizante del Mar Caribe. Y es imposible no aplaudir esta hazaña realizada en mitad de los escombros que somos. Hoy, hay que decirlo, dentro de los espacios de la Filcar, triunfa el país testarudo, el país luminoso, el país que honra el conocimiento y la convivencia. 
La experiencia milenaria de la lectura inaugura entonces una nueva fiesta. Los libros son material inflamable que pueden y deben ser parte de nuestra cotidianidad. Por eso no es poca cosa lo que ocurre hoy en la isla de Margarita. Que todos seamos linterna y estímulo para que la Filcar se haga cada vez más vigorosa. Que adquiera, en cada año por venir, aún más consistencia y brillo. Que sea referente para que en toda la cuenca del Caribe, y mucho mas allá, en todos los confines donde respiran los libros, se sepa que somos muchos los venezolanos que insistimos en serle fiel a la belleza y al prodigio de la palabra escrita, y que entendemos que leer no solo tiene sentido, como reza el lema de esta feria, sino —más aún— leer proclama el sentido homérico de la especie humana que es la creación y el triunfo simultáneo de la razón y la imaginación.

*Este texto fue leído por Leonardo Padrón, en calidad de pregonero de la Filcar

“Volvemos al miedo de cuando Boves” El historiador Edgardo Mondolfi Gudat afirmó que un diálogo fructífero fue el de 1958 y el del siglo XIX


Cortesía
 Nadie se merece este gobierno y, según las encuestas, muy pocos lo quieren
By JOLGUER RODRÍGUEZ COSTA JOLGUERR@GMAIL.COM
El Nacional 19 DE MARZO DE 2017 12:01 AM
—¿Una Fuerza Armada en la historia copartícipe de la ruina del país?
—Ni siquiera la del decenio 1948-1958, que al menos terminó desconociendo el régimen cada vez más personalista de Marcos Pérez Jiménez. Y eso que hablamos, en este caso, de militares tascándole el freno a otro militar.
—¿Otro gobierno con este nivel de corrupción?
—Cualquier experiencia anterior a esta califica como de corrupción artesanal.
 —¿Un mecanismo de generación y manipulación de la pobreza como los Clap y el carnet de la patria?
—Tampoco hay comparaciones posibles, excepto aquellas veces en que hubo el intento de crear un partido desde el poder, pero, insisto, toda comparación palidece.
—¿Un poder electoral tan sumiso al partido de gobierno?
—El que en 1952 legitimó la usurpación de la Asamblea Constituyente.
—¿Una corriente tan destructiva y generadora de odio y hampa como el chavismo?
—A su manera, la retórica de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional en los años sesenta, de la cual, a su manera también, el chavismo es tributario.
—¿Un hecho que se asemeje a los 25.000 muertos anuales ocasionados por la violencia? 
—Las bajas aliadas en Normandía no llegaron ni a la mitad, y mira que hablamos de una de las acciones más decisivas de la Segunda Guerra Mundial.
—¿Un poder moral tan inmoral?
—El hecho de que se trate de un poder nuevo, hace que este sea el que haya debutado en la inmoralidad.
—¿Un poder judicial tan aferrado al gobierno de turno?
—El de Zimbabue.
—¿Otro gobierno con presos políticos sin fórmula de juicio?
—Hasta hace poco el de Myanmar, al que este, el nuestro, cada vez se parece más.
—¿Una era con tal nivel de violaciones de los derechos humanos?
—Sobran, pero no son precisamente las eras a las que, con tanta frecuencia, alude nuestra izquierda autoritaria en el poder.
—¿Otra donde altos funcionarios tengan antecedentes penales?
—Ni siquiera se me ocurre pensar en aquellos gomecistas que terminaron reciclándose más tarde.
—¿Otro país que haya pasado del primero al último lugar en crecimiento económico?
—Los que lo hicieron fue porque terminaron metidos en una guerra, provocándola antes, dicho sea de paso. El caso es que nosotros llegamos a este punto sin guerra. Y si de “guerra económica” se trata, no es precisamente de la que habla el gobierno, sino la que este gobierno le ha declarado sin cuartel y sin piedad al ciudadano común.
—¿Otro donde los presos hayan tenido tantos privilegios?
—¿A cuáles presos te refieres? No serán precisamente los presos políticos.
—¿Otro donde el hampa se haya sentido tan a sus anchas?
—Zuazola, Antoñanzas y Boves, el año 1814.
—¿Una familia presidencial tan súbitamente enriquecida como las dos últimas?
—No lo sé; pero te puedo hablar en cambio de las muy modestas que conozco: la de López Contreras, la de Betancourt, la de los Leoni o los Herrera Urdaneta.
—¿Otro presidente que baile y cuente chistes malos mientras buena parte de la población coma de la basura?
—Otro que buscaba ahogar sus perturbaciones en el baile era Cipriano Castro, pero al menos lo hacía con cierta galantería. En cuanto a los chistes malos, e incluso crueles, hasta ahora nos habíamos ahorrado ese capítulo.
—¿Otro régimen que provocó muertes al impedir ayuda humanitaria?
—Ninguno, al menos en este país; por eso, el actual, que ha hecho que la gente pague con hambre sus errores económicos, figura muy alto en la lista de los que deben afrontar sus responsabilidades por razones de lesa humanidad.
—¿Una cancillería tan conflictiva?
—La del gobierno de Julián Castro, con un poco menos de patetismo.
—¿Otro gobierno que haya entregado sectores clave a otro país?
—Ni siquiera Gómez, quien, en sus tratos con los trusts del petróleo, al menos tuvo la virtud de no hipotecar el subsuelo.
—Aparte de la malaria, ¿otra desgracia del pasado que vuelve a azotar? 
—La lista es larga. Me remito a lo que dice la reciente Encuesta sobre Condiciones de Vida del venezolano (Encovi), realizada por las universidades Católica Andrés Bello, Central de Venezuela y Simón Bolívar.
—¿Un diálogo fructífero?
—El del 58, del siglo XX.
—¿Otro tan fracasado como el reciente?
—También el del 58, pero del siglo XIX.
—¿Una oposición errática?
—Ninguna como URD a lo largo de su historia.
—¿Hasta cuándo esta historia?
—Hasta donde nos alcance la santa paciencia.
—¿Procede hoy un pacto de punto fijo?
—No satanizo los pactos.
—¿Cuántos años ha retrocedido el país?
—En algunos casos, como en el sanitario, hay que echar bien para atrás.
—¿Algún avance?
—Varios. En conciencia ciudadana, por ejemplo.
—En fin, ¿tenemos el gobierno que nos merecemos? 
Nadie se merece este gobierno y, según las encuestas, muy pocos lo quieren.
¿Cómo se mantiene un gobierno populista y a la vez tan impopular? 
—Mediante espejismos y dádivas, cada vez más escasas, como todos lo sabemos.
—¿Un parlamento como el de hoy? 
Lo dudo; jamás ningún otro fue sometido a tanto vilipendio. Y, menos que menos, tienen los que están en el poder algo que reclamar en tal sentido cuando hablan tan a sus anchas acerca del Congreso de la “cuarta república”.
¿En qué página va esta historia? 
—Del capítulo final al epílogo.
¿Un miedo histórico parecido al actual? 
—Vuelvo a pensar otra vez en el año del miedo: 1814.
—El año pasado usted dijo que el pueblo demostró ser tan bravo como lo decía el Himno Nacional, ¿y ahora?
—Lo sigo pensando y creo no equivocarme: el pueblo es un gigante dormido.
—¿Qué pasaría en Venezuela si surgiese una junta patriótica como la de 1957?
—Es una posibilidad de tantas.  

sábado, 18 de marzo de 2017

La venezolanidad chavista. LA OPINIÓN DE Elías Pino Iturrieta. El Nacional 05 DE MARZO DE 2017


Hace poco, Maduro afirmó que uno de los aportes fundamentales de Chávez fue la creación de una nueva venezolanidad. Como portavoz y encarnación de esa flamante sensibilidad, el dictador se ufanaba de todo lo que habíamos cambiado en términos de convivencia, gracias a la influencia del “comandante eterno”. Somos distintos gracias a Chávez, desembuchó sin vacilar. Debemos coincidir con la afirmación, pero para lamentarnos sin cortapisas por la mudanza. La sociedad aclimatada en el regazo de la “revolución” es distinta de la anterior, desde luego, pero sus novedades solo pueden provocar dolor. Lo que para Maduro es motivo de alegría, para nosotros conduce a la vergüenza y también al asco.
Los venezolanos somos distintos desde cuando Chávez se hizo del poder y buscó la manera de moldearnos con su influjo. De una ligera analogía puede juzgarse cómo nos conducimos de forma diversa frente a los desafíos del entorno, si recordamos lo que éramos como individuos y como expresiones de la sociedad en el pasado reciente. La conducta de hoy no se parece a la de ayer sino apenas un poco, y solo puede uno mantener un comportamiento fraguado en la vida antecedente porque, como por obra de un milagro, todavía permanecen los usos que nos enseñaron los antepasados. Esos usos permiten la comparación, especialmente entre quienes ya vamos para viejos y podemos calcular el valor de lo que se nos está yendo de las manos. De lo contrario, seríamos todos el producto redondo de una cohabitación escarnecida, de un vapuleo de las costumbres, de un declive que nos obliga a mirar los usos más estimables del último medio siglo como una cumbre remota e inaccesible.
El hecho de que nos atrevamos a reivindicar la venezolanidad del pasado significa que todavía existe, que no ha desaparecido del todo, pero corre el riesgo de convertirse en amable cadáver si continúa el imperio de la maldad, de la violencia desenfrenada, de la incivilidad y la grosería que forman parte de un pavoroso arrollamiento desde la llegada de los chavistas al poder. La tal venezolanidad impuesta por Chávez, que provoca los regocijos de Maduro, es la negación de un entendimiento civilizado y equilibrado de la vida que se fraguó a través del tiempo para formar un conglomerado al cual distinguieron las cualidades de un transcurrir pacífico y respetuoso, de la aceptación de unas reglas que invitaban a la moderación, de una manera de entender al prójimo que no significaba necesariamente ofensa ni aspereza.

La tal venezolanidad impuesta por Chávez se caracteriza por el imperio de la violencia, por la cercanía de la muerte, por los golpes de la arbitrariedad, por el predominio de la hostilidad, por el reino de la desconfianza y por la hegemonía de la desolación. No se trata de considerar el pasado como un paraíso acogedor en cuyo regazo todos éramos felices, como el pensil de las virtudes ciudadanas, porque también se las traía en materia de trasgresiones y de ataque a los principios básicos de la concordia ciudadana, pero cualquier comparación, por ligera que sea, habla bien del ayer y muy mal de la actualidad. Hemos caído en un abismo de atrocidad y grosería que no tiene parangón, o que pudiera encontrar relación con la postración posterior a las guerras civiles del siglo XIX que fuimos superando progresivamente hasta fundar maneras equilibradas de cohabitación.

Maduro es el prototipo de esa venezolanidad creada por Chávez que él ahora celebra: sin luces, sin interés por la construcción de un proyecto sensato de patria, sin una visión elevada de los propósitos colectivos, sin expresiones de urbanidad, productor de un vocabulario violento y permitidor de los desmanes de su equipo, es la encarnación de un entendimiento de la vida que continúa para escarnio generalizado. Por eso celebra, por eso se regocija, desgraciadamente. Pero mucho peor, por eso lo escogió Chávez, por eso lo dejó en el trono. Un individuo cuya vocación era destruir, cuyo empeño era el menoscabo de una congregación de personas que no era sino un escollo para su mandonería, una barrera para sus desmanes, quiso que lo sucediera un discípulo aventajado en el oficio de echar a la basura las reservas que resistían su brutal acometida.


El chavismo, Donald Trump y la teoría del loco, por Alejandro Armas


Desde que Donald Trump anunció que sería candidato a la presidencia de Estados Unidos, abundaron los comentarios de que, si tenía éxito en su nominación, todo el mundo tendría mucho que lamentar, excepto por Rusia y la ultraderecha europea, que vería en él un aliado, y el chavismo y afines en Latinoamérica, que tendrían en él el villano perfecto. Trump es un empresario multimillonario, por lo que su perfil es fácil de atacar para el discurso anticapitalista. Estrenó su candidatura con un discurso fuertemente denigrante hacia los inmigrantes mexicanos, así que cabía esperar una enérgica reacción entre los movimientos del Foro de Sao Paulo, dada su desbocada defensa del orgullo latinoamericano de cara a un país que caracterizan como irremediablemente racista.
Llega la votación y Trump gana. En los casi tres meses que pasaron hasta el día de su toma de posesión, varios especialistas plantearon que es razonable al menos dudar de que el candidato sea igual al Presidente, y que una vez en la Oficina Ovalada, Trump se vería obligado a moderarse. Además, si el chavismo por sorpresa descubría que aun con un mandatario norteamericano de ese talante era posible mantener relaciones positivas que beneficien a ambas naciones, podía esgrimir que los intereses venezolanos están por encima de cualquier consideración sobre cómo se lleve Washington con el resto del mundo. Por todo esto pudiera decirse que tuvo algo de coherencia la prudencia del oficialismo venezolano hacia Trump por aquellos días.
Pero si hubo esperanzas genuinas de que las cosas siguieran ese curso, rápidamente se han ido desmoronando.  Trump ha sido rápido en indicar que, tal como prometió, habrá cero tolerancia con los inmigrantes ilegales, incluso si ello da pie para cualquier cantidad de incidentes de discriminación racial. Y en cuanto a Venezuela, hay que reconocer que Mr. President ha abordado el tema bastantes veces para un lapso de solo mes y medio, y si bien nunca con lujo de detalle, tampoco de forma favorable para el chavismo. Ha manifestado su supuesta preocupación por la situación humanitaria en conversaciones telefónicas con cuatro presidentes latinoamericanos; recibió en su despacho a Lilian Tintori y pidió personalmente la liberación de Leopoldo López; y, a pesar de que la medida fue producto de una investigación realizada durante el gobierno de Obama, manifestó en boca de su secretario del Tesoro su apoyo a las sanciones contra el vicepresidente El Aissami y Samark López.

A pesar de todo esto, pareciera que en las altas esferas del Estado venezolano no hablar mal de Trump es una regla tan dorada como la que prohíbe criticar al finado “comandante”. Nicolás Maduro, Tareck El Aissami y muchos otros han insistido hasta el cansancio en que toda esta “arremetida imperial” es parte del “coletazo” dejado por Barack Obama en su salida de la Casa Blanca. Supuestamente el expresidente está tan “obsesionado” con Venezuela que le dejó a su sucesor listas unas cuantas bombitas antichavistas imposibles de desactivar. Pero a Trump, ¡ni con el pétalo de una rosa! Como mucho han asomado que este se ha dejado manipular por la oposición venezolana (¡ah, el sempiterno oxímoron de unos escuálidos súper poderosos; esto me recuerda por cierto, a esos groseros afiches de propaganda nazi en la que los líderes de Estados Unidos, Gran Bretaña y la URSS aparecían como marionetas de un rabino anónimo) y por la “ultraderecha yanqui, encarnada en Obama y Hillary Clinton” (¡¿?!).
Pero en Caracas reiteran, tras cada muestra de antipatía desde el otro lado, que ven una oportunidad de mejorar los vínculos con el “imperio”. La forma en que el chavismo trata de exculpar a Trump de lo que, según el punto de vista rojo rojito, serían sus desmanes, ya raya en la pusilanimidad. ¿Qué pasó con el discursito de antiimperialismo corajudo, que no baja la cabeza ante nadie? ¿Por qué de pronto se apaga?
Para responder a esta pregunta de la manera más conveniente debo volver a los días en que Trump apenas comenzaba su carrera en el mundo de negocios de Nueva York, y Maduro era un niño que vivía con sus padres en Los Chaguaramos. En la Casa Blanca estaba Richard Nixon, y uno de los aspectos clave de su política exterior fue lo que él mismo denominó madman theory o “teoría del loco”. Básicamente consistía en dar a entender a los líderes de países enemigos que Nixon era irracional, capaz de incluso oprimir el botón nuclear durante eventuales ataques de furia. La idea era intimidar de esta forma a contrarios y conseguir situaciones favorables a los intereses geopolíticos norteamericanos.
Ciertamente Nixon contaba con una trayectoria política que hacía hasta cierto punto creíble su actitud amenazante. De sus días como joven congresista, veinte años antes de la presidencia, es recordado por su retórica incendiaria contra cualquier tipo de izquierda y sus minuciosas investigaciones de supuestos infiltrados de los soviéticos en el Gobierno (era la época del macartismo). Como vicepresidente de Eisenhower, tuvo más responsabilidades de lo normal en política exterior, y fue uno de los principales impulsores de la noción de que más valía apoyar dictaduras sanguinarias con tal de que mantuvieran a raya los movimientos comunistas en sus respectivos países (algo que lo hizo pasar un rato amargo durante su visita a Caracas tras la huída de Pérez Jiménez)

Sin embargo, el Nixon presidente fue un hombre mucho más pragmático y flexible, influido por la Realpolitik de Kissinger y capaz de, por ejemplo, iniciar el establecimiento de relaciones con la China de Mao. Tal vez por eso la teoría del loco no dio resultado donde más le interesaba: Vietnam. Al final Estados Unidos retiró sus tropas del sureste asiático sin que estuviera garantizada la independencia del régimen pro Occidente, la “paz con honor” que Nixon muchas veces prometió. En efecto, las fuerzas comunistas tomaron todo el país apenas dos años más tarde.
No sé si el actual sucesor de Nixon busque con su conducta generar un efecto similar al pretendido por la teoría del loco y, de ser así, no creo que lo haga con Venezuela en mente. Sin embargo, es posible que el Gobierno venezolano se sienta ante Trump como Nixon quiso que Ho Chi Minh se sintiera ante él.

El cambio en Washington indica que el chavismo arremetía (y sigue arremetiendo) contra Obama porque sabía que, al contrario del cuento de la “obsesión”, el interés de este por Venezuela era sumamente marginal y que, en el peor de los casos, no pasaría de sancionar a uno que otro funcionario, como en efecto hizo. Pero entonces irrumpe Trump, un toro furioso e impredecible. El temor está basado en la ignorancia, en la incertidumbre, en no saber qué esperar de algo que se percibe como próximo. En resumen, el chavismo se ideó un enemigo mucho más poderoso que él, pero con la expectativa de nunca tener que enfrentarlo de forma peligrosa. Ahora no está tan seguro como antes de que no correrá ningún riesgo en tal lucha (si es que se puede concebir una lucha sin riesgos, pero ese es justamente el punto). Dicho de otro modo, es mejor bajarle dos, o cinco, o siete, o todo el volumen, al grito antiimperialista si no se sabe cómo reaccionará el imperio. ¡Cuánta valentía!