Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.

Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.
Casa de la Estrella, ubicada entre Av Soublette y Calle Colombia, antiguo Camino Real donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830, con el General José Antonio Páez como Presidente. Valencia: "ciudad ingrata que olvida lo bueno" para el Arzobispo Luis Eduardo Henríquez. Maldita, según la leyenda, por el Obispo mártir Salvador Montes de Oca y muchos sacerdotes asesinados por la espalda o por la chismografía cobarde, que es muy frecuente y característica en su sociedad.Para Boris Izaguirre "ciudad de nostalgia pueblerina". Jesús Soto la consideró una ciudad propicia a seguir "las modas del momento" y para Monseñor Gregorio Adam: "Si a Caracas le debemos la Independencia, a Valencia le debemos la República en 1830".A partir de los años 1950 es la "Ciudad Industrial de Venezuela", realidad que la convierte en un batiburrillo de razas y miserias de todos los países que ven en ella El Dorado tan buscado, imprimiéndole una sensación de "ciudad de paso para hacer dinero e irse", dejándola sin verdadero arraigo e identidad, salvo la que conserva la más rancia y famosa "valencianidad", que en los valencianos de antes, que yo conocí, era un encanto acogedor propio de atentos amigos...don del que carecen los recién llegados que quieren poseerlo y logran sólo una mala caricatura de la original. Para mi es la capital energética de Venezuela.

domingo, 26 de mayo de 2013

Felicitaciones poeta y profesor José Joaquín Burgos!!!

El Carabobeño 26 mayo 2013

José Joaquín Burgos: 80 años de poesía y dignidad

 Julio Rafael Silva Sánchez 
Conociendo a un irreverente maestro de la lengua
Nos topamos por primera vez con José Joaquín Burgos (Guanare, 20-04-1933) a mediados de la década del sesenta, al final de nuestra adolescencia, cuando fue nuestro profesor de Castellano y Literatura en el liceo Pedro Gual, en donde este artífice de la lengua que ahora arriba a su octava década  de vida, con su facundia intelectual y su aplomada y proverbial sencillez, seducía a sus alumnos con la lectura de sus textos, en los cuales destacan el tono irónico, la  burla, la sátira, la expresión punzante como modos de descifrar el universo, indagaciones sobre la esencia del mundo, escapes, rupturas, en una actitud lúdica a través de la cual el autor accede a una dimensión privilegiada que multiplica las perspectivas, aumenta la sutileza intelectual y favorece la eflorescencia simbólica. 
Una escritura provocadora, turbulenta cuya función pareciera oscilar entre la sedición, la solicitación y el rechazo, siempre con un guiño cómplice hacia el imprevisto vértigo del vacío. La ciudad, entonces, en el presente y en el recuerdo, en los avatares de los primeros años, como regresando al punto de origen. En las tinieblas de los días se detiene el poeta, como demorando ese futuro riguroso que todo lo borra con su delgada limadura de soledad:   “No sé cómo se llama la ciudad / ni siquiera / quién sembró la raíz de sus muros / ni quién engendró el primer hijo / que heredaría su memoria // Existe / piedra sobre piedra / y eso ya es suficiente / para sentirla /  ardiendo / como una brasa entre las manos". 
Algunas veces, al salir de clases (la última hora culminaba a las cinco en punto de la tarde y nuestra tertulia continuaría en las calles), bajábamos por Camoruco Viejo para contemplar las arboledas, las viejas casonas y los deslumbrantes atardeceres valencianos en ameno coloquio de camaradas. .... 
Un fugaz recorrido por sus páginas
Porque así ha sido siempre José Joaquín Burgos (el Pepo, como le dicen su familia y sus amigos más íntimos) y así lo encontramos hoy, a sus ochenta años de prolífica existencia: modesto, sencillo pero profundo, aliado fraterno de todas las causas justas, infaliblemente dispuesto a alegrarnos la vida con la palabra acertada y el gesto solidario. Humilde en el recuerdo de paisajes lejanos, de ciudades distantes, de personajes que hirieron su infancia y cuya silueta gusta recrear con cierto aire luminoso(...). 
El poeta Burgos es un apasionado cronista de sus sueños fantásticos, de sus imaginaciones y búsquedas, de la trama compleja de su existencia y de todos los que circulan por su coto de caza, tanto cuando duerme como cuando está despierto. A este meticuloso oficio, Flaubert lo había llamado la orgía perpetua, Unamuno la agonía obligatoria, Montaigne lo toma como un ejercicio frente al desafío de la página en blanco. Otros, como José Joaquín Burgos, rechazándolo agriamente como una simple rutina, se sitúan en él como en una especie de frío delirio, cuyos ratos fugaces de apasionamiento acompañan las premeditaciones profundas. Tal vez este apasionamiento sea el causante de que en sus obras se abra paso el tono poético como un transitar espontáneo del lenguaje orientado hacia la insinuación reflexiva, el dulce y desgarrado aliento erótico (el cual alcanza por momentos altas temperaturas), la transparencia de objetos, colores y sonidos. 
Subyace en sus textos una noble y ardorosa ternura a través de la cual el lenguaje es sometido a un persistente y agudo proceso de expresión vehemente, íntima, desbordada. Es una escritura que condensa un acelerado juego de palabras, vocablos inesperados, términos poco usuales, paralelismos fonéticos, asociaciones verbales ardorosas, las cuales revelan las sorprendentes tensiones interiores del poeta, su sensibilidad desenvuelta, sus ensueños, su mordacidad, sus aprensiones, su incertidumbre, su desesperanza y su angustia (....) 
Finalmente, nos gustaría concluir estas líneas de profunda admiración, afecto infinito y respeto indubitable para este poeta singular, este maestro ejemplar, este amigo entrañable que es José Joaquín Burgos (este brillante carajito, al decir de nuestro dilecto editor José Agustín Catalá Delgado), convocando la propia voz del escritor, quien, en una tarde de tertulias y bohemia literaria, nos confesaba: “Hace muchos años, cuando llegué a Valencia, buscaba los atardeceres, los arrabales y el placer; ahora persigo las mañanas, el centro y la serenidad.”


Notitarde 02/06/2013 

Todos los lunes

Los ochenta años del poeta Burgos


Doménico Sírica
El poeta José Joaquín Burgos cumplió ochenta años el pasado veinte de abril y a pesar de algunos problemas de salud, que ha venido superando satisfactoriamente, luce como un roble y feliz por todas las bendiciones que la ha dado la vida: el amor de su esposa Licenia, el inmenso cariño de sus hijos Luis Gonzalo y Laura; de sus nietos Rhonald, Blayliceth, Daniel Alejandro y María Laura; el aprecio de sus amigos por su trabajo como docente de bachillerato y en la Escuela de Educación de la Universidad de Carabobo (UC), como autor de quince libros, entre poesía y narrativa, por las publicaciones en revistas y periódicos nacionales. En Notitarde fue fundador del suplemento literario “Letra Inversa”, diario en el que divulga todos los sábados su columna Indocencias, con cuarenta años de existencia, veinte de ellos en este periódico, y escritor del prólogo de más de doscientos libros. Sin duda, una obra fecunda y trascendental en el tiempo. Recibió el Premio Mejor Columnista de Notitarde 2012.

Este hombre, afable, humilde y espontáneo, a quien conozco desde hace muchísimos años, nos recibe en su casa en la Fundación Mendoza, junto a su amada esposa Licelia, quien nos envuelve en amables atenciones, y de sus nietos Daniel, de once años, y María Lourdes, de nueve años, manantiales de amor para el abuelo, nacido en Guanare, estado Portuguesa, quien se confiesa devoto de la Virgen de Coromoto y de la Virgen del Socorro. Le encanta la cocina, y uno de los platos típicos del llano que más le gusta es el picadillo con carne, yuca, topocho y aliño verde, así como caminar, actividad que ha disminuido un poco por razones de salud. Le fascina el mar.

Este llanero, amante de la sencillez y la sinceridad en las personas, y para quien la amistad es un tesoro, refiere que su padre Benicio “Nicho”, murió en una tragedia en Guanare. Tuvo tres hermanos que fallecieron a temprana edad. El poeta Burgos se crió con sus abuelas Dámasa “Damasita”, la paterna, y Julia, la materna. “Tuve, recuerda, una niñez muy feliz. Hice la primaria en la “Escuela Graduada Vargas”, y la secundaria en el Liceo “José Vicente Unda”, ambas en su terruño natal. Después me fui a Caracas e ingresé en el Instituto Pedagógico Nacional. En el año 1953, me gradué de profesor en la especialidad de Castellano, Literatura, Latín y Raíces Griegas, en la Promoción Eduardo Blanco”. Ejerció la docencia en liceos de Maturín, Portuguesa y Carabobo: Colegio “Maturín”, Liceo “Miguel José Sanz”, Liceo “José Vicente Unda”. En el año 1962 llega a Valencia e ingresa al Pedro Gual, dictó clases en el “Instituto de Mejoramiento Profesional del Magisterio”, Liceo “José Rafael Pocaterra” (nocturno), Liceo “Alejo Zuloaga” (nocturno), Liceo “Manuel Vicente Romero García”, e institutos privados: “María Montessori”, “Nueva Valencia” y el Colegio “La Salle”. También ha sido profesor invitado en el Área de Postgrado de la UC. Desde el año 1983 es docente jubilado del Ministerio de Educación. Una sonrisa se dibuja en sus labios al recordar que cuando trabajaba en el Pedro Gual, uno de los muchachos se escapaba de otra clase, para ir al salón a escucharlo.

Nos cuenta que desde muy joven sintió la pasión por escribir y cuando estudiaba la secundaria colaboraba con publicaciones en las revistas “Guanagüanare” y “Simiente”, ambas de Guanare. Con apenas dieciséis años, se desempeñó como director del semanario “El Informador”, con circulación en el estado Portuguesa. En Caracas, participó en la revista “Didascalia” y en el Boletín del Departamento de Literatura del Instituto Pedagógico Nacional, así como en las revistas “Imagen” y “Cruz del Sur”. También ha colaborado en los diarios “La Calle”, “El Nacional”, “El Informador” y “El Carabobeño”. Desde el año 2000 colabora con el semanario “Tiempo Universitario” de la UC. Su primer libro “Ronda de Luz” (versos) fue publicado por el Ateneo de Valencia, bajo la dirección de Felipe Herrera Vial. Otros textos son: “Los días iniciales”, “Guanare siempre”, “Por aquí se escuchan las pisadas del tiempo”, “Torreparque”, “Guanare Piedraluz”, “El pozo de arcoíris”, “Piel de sueño”, “Unicornio”, “ Don Juan de los poderes”, “Las Murallas del reino”, “La ciudad Novelada., etc.”

Fue directivo del Colegio de Profesores de Venezuela, seccionales Bolívar, Anzoátegui, Monagas, Carabobo-Cojedes, fungió como delegado por el referido Colegio a varias convenciones nacionales, dirigió por varios períodos la Asociación de Escritores de Venezuela, Seccional Carabobo; ocupó la presidencia de la Asociación de Escritores de Carabobo (Aesca); Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia del estado Carabobo; Miembro Honorario de la Asociación de Cronista de Carabobo. Este “Hijo Ilustre de Guanare” (Portuguesa), ha recibido innumerables distinciones y condecoraciones.

Llegó la hora de la despedida. Hay amenaza de lluvia pese al agobiante calor. María Laura nos dice que en la casa del abuelo hay ocho gatos, dos perros y cinco morrocoyes. Burgos nos obsequia un ejemplar de su último libro “Cansancios de Orilla”, con una bella dedicatoria. ¡Gracias, poeta, por tan especial regalo! Esperemos que pronto termine la novela que inició hace cuatro años. Hasta el próximo lunes.

¡Dios los bendiga a todos y todas!

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