Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.

Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.
Casa de la Estrella, ubicada entre Av Soublette y Calle Colombia, antiguo Camino Real donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830, con el General José Antonio Páez como Presidente. Valencia: "ciudad ingrata que olvida lo bueno" para el Arzobispo Luis Eduardo Henríquez. Maldita, según la leyenda, por el Obispo mártir Salvador Montes de Oca y muchos sacerdotes asesinados por la espalda o por la chismografía cobarde, que es muy frecuente y característica en su sociedad.Para Boris Izaguirre "ciudad de nostalgia pueblerina". Jesús Soto la consideró una ciudad propicia a seguir "las modas del momento" y para Monseñor Gregorio Adam: "Si a Caracas le debemos la Independencia, a Valencia le debemos la República en 1830".A partir de los años 1950 es la "Ciudad Industrial de Venezuela", realidad que la convierte en un batiburrillo de razas y miserias de todos los países que ven en ella El Dorado tan buscado, imprimiéndole una sensación de "ciudad de paso para hacer dinero e irse", dejándola sin verdadero arraigo e identidad, salvo la que conserva la más rancia y famosa "valencianidad", que en los valencianos de antes, que yo conocí, era un encanto acogedor propio de atentos amigos...don del que carecen los recién llegados que quieren poseerlo y logran sólo una mala caricatura de la original. Para mi es la capital energética de Venezuela.

miércoles, 8 de octubre de 2014

¿Quiénes y por qué mataron a Robert Serra?

¿Quiénes y por qué mataron a Robert Serra?


La Razón: 


¿Quiénes y por qué mataron a Robert Serra?
Por Manuel Malaver
Que a Robert Serra lo asesinaran en su casa y sin que sus asesinos encontraran resistencia de cerrojos, porteros, escoltas o cámaras de grabación ya explica varias cosas, la más importante de las cuales es que, víctima y victimarios eran panas, amigos, camaradas, cofrades que se encontraban con frecuencia para realizar convites, donde planificaban tareas, o discutían teoría revolucionaria, o quien sabe si participaban en ritos de algunas de las religiones etnocéntricas a que son tan aficionados los hijos del “presidente eterno”.
Lo confirma el dato de que, según la información disponible, en el momento de quitarle la vida, la violencia se ejerció de un solo lado, el de los criminales, como si Serra hubiese sido sorprendido y objeto de una macabra emboscada.
Igualmente, es llamativo que teniendo el diputado una agenda abierta, día a día anunciada por twitter y otras redes, sobre las horas que transcurrieron entre las siete y nueve de la noche del miércoles -las últimas que pasó en este mundo- no se dice nada, absolutamente nada.
Es cierto que se ha publicado un tuit de las 10:18 del miércoles, desde la cuenta de Serra, anunciando su participación en un “Encuentro Internacional de Arquitectura y el Buen Vivir”, pero como se ha usado para poner en evidencia al Secretario Adjunto de la AN, Gustavo Elías Brito, quien, a su vez, había anunciado a las 10:02 el asesinato del diputado, queremos pasarlo por alto.
RobertSerra2
Sobre todo porque no despejan la gran incógnita de la trama: ¿Con quién o quiénes se encontraría, y cuáles fueron las razones para que, en la ciudad más peligrosa del mundo, un diputado señalizado por sus discursos y declaraciones violentos, ligado a grupos e individualidades que controlan barrios enteros en el Oeste de la capital de donde salen a reprimir a los manifestantes antigobierno, asistiera a la reunión tan desprevenido, desarmado y sin protección, como víctima propiciatoria que se ofreciera al sacrificio?
Un vistazo a la corta pero exitosísima carrera política de Serra, -quien, con apenas 20 años, se opuso en el 2007, como alumno de la UCAB, a los grupos estudiantiles que encabezados por Stalin González y Jon Goicochea se lanzaron a adversar el cierre de RCTV-, nos habla de un joven que, no solo supo aprovechar el ascenso meteórico con que lo premió Chávez, sino que tomó y participó en “iniciativas” que pronto lo convertirían en un imprescindible en las políticas oficialistas de la “Gran Caracas”.
Esas iniciativas fueron, básicamente, conectarse, ligarse, asesorar, e incluso, participar en los “colectivos armados” que, ya desde el 2003 y 2004, tenían una presencia importante en el área metropolitana, pero que, solo cuando el gobierno, a raíz de la caída del ingreso petrolero, y de la muerte de Chávez, comenzó a perder apoyo acelerado en la calle, se revelaron como irreemplazables a la hora de contener a sangre y fuego la ira popular.
Lo llevaba en la sangre, puesto que era un violento por naturaleza y el conjunto de la escenografía política y revolucionaria nacional, así como las permiabilidades del momento, le ofrecían un lugar ideal para que aquel Jesse Pinkman consiguiera de inmediato admiradores, seguidores y hasta fanáticos.
Pero más allá de comparaciones, lo cierto es que si el clima de altísima violencia que caracteriza la vida y la muerte actual de los venezolanos tocaba, aunque fuera de rebote, el calendario político, Serra estaba ahí, y mucho más después que fue electo diputado a la Asamblea Nacional en las elecciones parlamentarias del 2010, y consolidó sus relaciones con los colectivos, promoviendo sus operaciones, presidiendo actos como aquel donde un grupo de niños armados fue presentado como los “guardianes rojos”, y asumiendo su representación, no solo ante el gobierno, sino ante el conjunto de la sociedad civil.
Mucho menos conocida era su actividad porque mejorara su dotación de armas, dinero en bolívares y dólares, motos, patrullas, 4 x 4, y asistencia en todos los órdenes, como se hace notar en la nota de condolencia que la llamada “Coordinadora Simón Bolívar”, hizo publicar en el portal “Aporrea” con motivos su muerte.
Y por todo ello, y mucho más, nada más lógico y natural, entonces, que el mismo día de arrancar el “Plan de Desarme Voluntario”, -anunciado por el Ministro del Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres, el último domingo del mes pasado- el diputado Robert Serra fuera encargado de convencer a los colectivos del “23 de Enero” de que aceptaran la fatalidad de una muerte honrosa, pero inapelable.
Momento crítico de especial significación para “negociador y negociados”, y quizá de no pocas sorpresas, porque era difícil entender para los segundos cómo el poder, el status quo, podía quebrar al más rebelde de los ángeles protectores y convertirlo en un agente de un Maduro, un Cabello y un Rodríguez, para quienes, lo más importante, era complacer a la casta militar que exigía, como última joya de su corona, que la población civil en general, y los colectivos en particular, fuesen desarmados.
Era una difícil e ingrata tarea para un funcionario que tanto los había promovido y apoyado, pero sin la cual, era imposible que bajaran los índice de criminalidad en el Área Metropolitana, y que, además, resultase credible aquel “Plan de Desarme Voluntario” que con tanto orgullo exhibían Maduro, Cabello, Rodríguez Torres y sus militares.
El mismo que había arrancado con un compromiso de los civiles con los militares que tanto hacían para que se mantuvieran en el poder: el gobierno debía por las vías pacíficas o violentas, desarmar los colectivos y, para lograr las primeras, el trabajo de líderes como Robert Serra, era indispensable.
Todo obliga a pensar que Robert Serra encontró la muerte en estos avatares: conversando, discutiendo, polemizando, y quien sabe si, hasta amenazando a estos guerreros que, derivando todo su poder de la eficacia que le habían procurado las armas, eran, lógicamente, reacios a negociarlas y entregarlas.
Eran miles de Aka-47, ametralladoras Uzi, pistolas de cualquier calibre, granadas, bazookas, y de todo cuanto se puede requerir, no solo para reprimir manifestantes, sino para tumbar gobiernos, o enfrentarlos.
Y definitivamente, empadronadas, lo cual puede explicar porque los asesinos de Serra prefirieron usar armas blancas para ultimarlo, instrumentos que se hacen indetectables en cualquier tipo de investigación.
Fue un crimen horrendo, de bestialidad carcelaria, ejecutado con premeditación y alevosía, que alcanzó a Serra y a una amiga que lo acompañaba, María Herrera, los cuales fueron amordazados, objetos de más 20 puñaladas cada uno, y dejados ahí, como un mensaje que se quisiese enviar a algún interlocutor en particular.
Diputado Robert Serra
Pudo haber sido al gobierno de Maduro, Cabello, Rodríguez Torres y sus militares que, más o menos, tendrían que leerlo: “Si quieren nuestras armas, vengan a buscarlas, aquí, al barrio: Nos van a encontrar con nuestros militantes, activistas y simpatizantes armados hasta los dientes y dispuestos a morir por la revolución”
En otras palabras: que momentos especialmente críticos para los gobiernos chavistas y postchavistas que, se vieron forzados a crear una fuerza civil armada para amenazar y enfrentar a los militares contrarrevolucionarios, pero que ahora, cuando estos ya no existen, los militares maduristas exigen su desaparición, pero abriendo las esclusas a una crisis de consecuencias impredecibles.
Porque, es posible que los “colectivos armados” estén divididos, que algunos como “Tupamaros” hayan pactado con el gobierno y estén por el desarme, pero que “La Piedrita” y “Alexis Vive” lo rechazan, no existen dudas.
De algunos de estos grupos, o de sus facciones, pudo salir el cuchillo que masacró a Serra y a María Herrera, pero unidos o desunidos, grupos de civiles armados, fanatizados, ideologizados y al margen de la ley, siempre son peligrosos.
Especialmente para gobiernos que los usaron y después quieren tirarlos a la basura… como condones.

Odreman en fotos con Serra, Chávez, Juancho Montoya y Cilia Flores en su Twitter

José Odreman junto a Robert Serra | Foto: Twitter @psuvodreman
José Odreman junto a Robert Serra | Foto: Twitter @psuvodreman
La cuenta de Twitter del fallecido líder del colectivo 5 de marzo muestra su cercanía con altas figuras del gobierno


Una imagen pixelada pero reconocible en la portada de su cuenta de Twitter, muestra a José Odreman junto al exvicepresidente y ex ministro de la Defensa José Vicente Rangel. Es una prueba de la cercanía con figuras del gobierno del líder del colectivo 5 de marzo muerto este martes en los hechos ocurridos en Quinta Crespo.
En otra de las fotos posteadas en la cuenta @PsuvOdreman se ve abrazado con Robert Serra, diputado de la Asamblea Nacional asesinado en su hogar el pasado jueves 2 de octubre. 
Más trascendente parece ser la foto en la que sale junto a Serra y a Juan "Juancho" Montoya, líder de los Tupamaros asesinado el 12 de febrero en La Candelaria. 
Odreman también sale con la primera dama de la república, Cilia Flores, visitando la sede de la empresa cafetalera Fama de América (expropiada por el gobierno) y hasta con el fallecido presidente Hugo Chávez. 
Se trataba de un personaje que no era ajeno al poder. De hecho, sus primeros tuits fueron para anunciar su intención de postularse como concejal del circuito norte de Caracas, el 1 de abril de 2013. Tampoco era distante a los medios de comunicación, como lo demuestran sus apariciones en VTV proclamando su apoyo al gobierno de Nicolás Maduro. 

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