Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.

Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.
Casa de la Estrella, ubicada entre Av Soublette y Calle Colombia, antiguo Camino Real donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830, con el General José Antonio Páez como Presidente. Valencia: "ciudad ingrata que olvida lo bueno" para el Arzobispo Luis Eduardo Henríquez. Maldita, según la leyenda, por el Obispo mártir Salvador Montes de Oca y muchos sacerdotes asesinados por la espalda o por la chismografía cobarde, que es muy frecuente y característica en su sociedad.Para Boris Izaguirre "ciudad de nostalgia pueblerina". Jesús Soto la consideró una ciudad propicia a seguir "las modas del momento" y para Monseñor Gregorio Adam: "Si a Caracas le debemos la Independencia, a Valencia le debemos la República en 1830".A partir de los años 1950 es la "Ciudad Industrial de Venezuela", realidad que la convierte en un batiburrillo de razas y miserias de todos los países que ven en ella El Dorado tan buscado, imprimiéndole una sensación de "ciudad de paso para hacer dinero e irse", dejándola sin verdadero arraigo e identidad, salvo la que conserva la más rancia y famosa "valencianidad", que en los valencianos de antes, que yo conocí, era un encanto acogedor propio de atentos amigos...don del que carecen los recién llegados que quieren poseerlo y logran sólo una mala caricatura de la original. Para mi es la capital energética de Venezuela.

viernes, 26 de octubre de 2012

Sobre el Gral. en Jefe Rafael Urdaneta Faría, “El Brillante” , Miguel Peña, Simón Bolívar y José Martí







Notitarde. 22-10-12

Hijo ilustre del estado Zulia


Rafael Urdaneta, nació en Maracaibo el 24 de Octubre de 1788, en La Cañada de Urdaneta al 
Sur de la ciudad de Maracaibo, apodado por Bolívar “El Brillante” por considerarlo el más c
onstante y leal general del Ejército Libertador, responsable de la parte logística de casi todas 
las grandes campañas, del inicio de la independencia.

A pesar de las páginas gloriosas que escribió en la guerra de independencia, es muy conocido 
en su auténtica dimensión humana y en su ejemplarizante actitud ciudadana. Puede 
afirmarse, sin temor a sufrir equivocaciones, que su heroísmo civil marcha del brazo con 
sus méritos militares. En realidad poco se le conoce, a pesar de lo mucho que sobre él se ha escrito. 

Su pasión por la libertad; su lealtad al Libertador, por la cual habría de sufrir destierros, 
persecuciones y ofensas; su escrupuloso sentido del deber; su plena adhesión a la causa de 
la independencia y, sobre todo, su honestidad a toda prueba, puesta de manifiesto en todos los 
actos de su vida, tanto en la guerra como en el servicio civil; el celo que ponía en el cumplimiento 
de sus deberes y su pulcritud en el manejo de los asuntos de Estado y de Gobierno lo elevan 
a la condición de ciudadano ejemplar de la República. Hasta ahora no ha habido, 
después del 
Libertador, otro como él en la historia de Venezuela.

Rafael Urdaneta debería ser el arquetipo del servidor público, que consagra su vida a las 
causas 
a las cuales se entrega con pasión, lealtad y honestidad, sin temor a las consecuencias 
personales que ello pueda acarrearle. Lo demostró, más allá de las palabras, con el 
testimonio de su vida. En la traicionera noche septembrina, cuando los rebeldes traidores 
buscaban al Libertador para asesinarlo, fue la actitud solidaria de Urdaneta lo que pudo 
salvarlo. Su lealtad a Bolívar y a la causa libertaria lo obligó a salir de la Nueva Granada, 
sin poder regresar a su patria, por lo que tuvo que sufrir los rigores, privaciones y 
penurias del exilio, en la mayor pobreza, a pesar de su prestigio, de su rango y de sus virtudes 
humanas. 

Estando en la mayor pobreza rechazó tentadoras ofertas que le hacía el Ministro de Guerra 
del Brasil, por orden del Emperador Pedro I, para que se encargara de reorganizar el 
ejército de ese país. En su respuesta Urdaneta alega dos razones para rechazar el 
ofrecimiento: la condición de Imperio del Brasil y su personal consagración a las causas 
republicanas y la circunstancia de que, siendo Brasil un país limítrofe con Venezuela, él no 
podía organizar su ejército sin la previa autorización del Congreso de Venezuela. 

Finalmente se le permite regresar. Lo hace con dignidad. Lejos de desconocer su 
admiración por Bolívar, la ratifica fundando la primera Sociedad Bolivariana que se creó en el mundo.

Su autoridad moral es el título más honroso que ostenta. Enfermo y empobrecido, siendo 
Ministro de Guerra y Marina en Venezuela, solicita su pensión de inválido por 
encontrarse enfermo y casi ciego. Cumpliendo una misión oficial muere en París. Sabiendo 
que iba a morir le dice al hijo que lo acompañaba en el viaje, que lo enterraran en 
Venezuela y que debía devolver los viáticos porque la misión oficial no se había cumplido por su muerte.

Rafael Urdaneta es el arquetipo del oficial de ejército venezolano a quien el uniforme no le 
altera su conciencia civilista ni su corazón de ciudadano. Debería servirle de ejemplo a 
todos los militares que carecen de civismo y a todos los civiles que se creen militares.

Cada vez reafirmo más en mí, la convicción de que ¡La mayor riqueza del Zulia, son los zulianos!

El Carabobeño 24 octubre 2012

Eumenes Fuguet Borregales 

(*) || Historia y Tradición

Gral. en Jefe Rafael Urdaneta Faría, “El Brillante”
El general Rafael Urdaneta no descubre en toda su carrera un instante de vacilación, ni una sombra de deslealtad; la palabra abnegación simboliza sus virtudes. Su amistad con Bolívar llegó más allá de la muerte; fallecido el Libertador, Urdaneta aceptó la persecución, el destierro y la pobreza con dignidad. Nace el 24 de octubre de 1788 en Maracaibo, hijo de Don Miguel Gerónimo Urdaneta Troconis y Doña Alejandrina Faría Oberto, realiza estudios en Caracas y Maracaibo.
En 1804 es enviado a Bogotá bajo la tutela de su tío Martín, quien ocupaba un alto cargo en las rentas del virreinato, el joven Rafael trabaja en esa dependencia hasta 1810, cuando llega el eco del 19 de abril caraqueño, alistándose como teniente del batallón Patriotas de Cundinamarca. Recibe su bautizo de fuego en Palace el 25 de marzo de 1811, su actuación le merece el ascenso a capitán el 12 de octubre de 1811. Combate en San Gil, Charalá y Venta Quemada; es ascendido a teniente coronel y le asignan el 5to Btn. De la Unión. Conoce al futuro Libertador en la población de San Cayetano a orillas del río Zulia el 27 de febrero de 1813, allí le expresa con el desprendimiento que lo caracteriza: “Mi general, si con dos hombres basta para emancipar la Patria, pronto estoy para acompañarlo”. Luego de triunfar en Cúcuta, Bolívar lo denomina “El Brillante” y asciende a coronel, iniciando el 14 de mayo la Campaña Admirable que llegará exitosa a Caracas el 6 de agosto. Ascendido a general de brigada el 18 de octubre con las instrucciones de dirigir operaciones hacia el occidente; concluida la batalla de Araure el 5 de diciembre el Libertador lo cataloga: “El más constante y sereno oficial del ejército”. Urdaneta recibe la orden: “Defenderéis a Valencia hasta morir”, con 280 soldados defiende la ciudadela ante la embestida de más de tres mil realistas. Cuando le exigían la rendición contestaba: “La boca de mis cañones llevarán la respuesta”; orden espartana digna de quien la enviaba, y de quien al cumplirla, escribiría una de las páginas más gloriosas de nuestra historia. Es de los triunfadores en la primera Batalla de Carabobo realizada el 28 de mayo de 1814; al conocer la derrota en La Puerta emprende desde San Carlos su famosa “Retirada” hasta Pamplona. Recibe el despacho de general de división el 5 de enero de 1815; combate a las órdenes de Páez en los llanos apureños. En febrero de 1819 espera en Margarita los refuerzos llegados de Europa, encargándose de la organización y utilización en Barcelona y Cumaná. Fue factor importante en la liberación de Maracaibo materializada el 28 de enero de 1821, actividad que origina la suspensión del Armisticio acordado en Trujillo a finales de noviembre de 1820. Cumpliendo la concentración estratégica previa a la batalla de Carabobo, Urdaneta sale de Maracaibo el 30 de abril, libera a Coro el 11 de mayo. En su desplazamiento hacia Barquisimeto enferma en Carora, dejando el mando al coronel Antonio Rangel. Bolívar lo asciende a Gral. en Jefe el 17 de julio y lo envía a la Nueva Granada donde ocupa altos cargos en la administración pública y en el Congreso. A raíz del atentado contra el Libertador el 28 de septiembre de 1828, es designado Juez de la causa. A la muerte del Libertador suscribe una conmovedora Proclama que llama a la unión de los pueblos. Sale desterrado a Curazao donde vive 18 meses en la más completa miseria. Llega a Coro en diciembre de 1832, dedicándose a la agricultura y cría cerca de Cumarebo. Elegido Senador por Coro en 1837, un año después es nombrado Secretario de Guerra y Marina. A la llegada de los restos del Libertador en diciembre de 1842, comanda la parada de honores y funda la Gran Sociedad Boliviana, designada Sociedad Bolivariana de Venezuela el 23 de marzo de 1938. Urdaneta es enviado a España en misión diplomática en 1845, en Londres le recomiendan una operación de Talla en la vejiga, prefirió continuar la comisión y fallece en París el 23 de marzo de ese año, no sin antes ordenarles a sus hijos Rafael y Luciano, devolver el dinero no utilizado, fue su última lección de honestidad. Su testamento: “Dejo una viuda y once hijos en la más completa miseria”. Hemos sido injustos no darle su nombre al Edo. Zulia, lo lleva de un río que no nace en Venezuela; la naturaleza generosa, colocó una “U” gigante de Urdaneta al sur del lago.
(*) Gral. de Brigada
churuguarero77@gmail.com | @eumenesfuguet
El Carabobeño 26 octubre 2012

Antonio Ecarri Bolívar || Concejales vs Miguel Peña, Bolívar y Martí

Acabamos de leer con estupefacción unas declaraciones del concejal de Valencia Alexis López proponiendo un referéndum para “consultarle al pueblo”, sobre el cambio de nombre de la parroquia que lleva el nombre del más importante héroe civil carabobeño del siglo XIX: el Dr. Miguel Peña. Nos extraña porque creíamos superado el incidente cuando el año pasado salimos, lápiz en ristre, en contra de esa absurda como retrógrada pretensión.
Es inconcebible que los concejales que devengan estipendios pagados por los contribuyentes del municipio pierdan miserablemente su tiempo y nos hagan perder el nuestro en tan intrascendente como necia discusión.
¿Por qué nuestros ediles no se preocupan en nombrar una comisión verdaderamente plural y calificada de profesionales y técnicos que establezca, con sabiduría y coherencia, la conversión de esa importante parroquia, que tiene más habitantes que el estado Cojedes, en un municipio que pueda autosostenerse y resolver los más ingentes y urgentes problemas de esa populosa comunidad?
Por cierto que la concejal Gladis Valentíner me informó, en días pasados, que en la Cámara Municipal se había previsto invitarme para discutir el tema, habida cuenta de mi trabajo biográfico sobre el más fiel, entre los patriotas, amigo del Libertador Simón Bolívar. Allí le manifesté el gustazo que me daría ir a Cabildo a defender a mi paisano, frente a quienes pretenden ejecutar el torvo propósito.
Sólo me resta repetir la argumentación que el año pasado le espetaba a los ediles que pensaban poner en movimiento la maquinaria infernal que destruiría la estatua de Miguel Peña, en la plaza de la Candelaria, los mismos que esperaban convencer, en politiquera y subalterna añagaza, a los habitantes de esa parroquia para despojarles de ese nombre sublime:
“Simón Bolívar, cuyo pensamiento y nobleza de alma se encuentra a mil años luz de sus falsificadores, no solo limó sus asperezas con Peña sino que lo designó como diputado al Congreso de Ocaña después de los sucesos de la Cosiata y quienes se opusieron a esa designación fueron, precisamente, los santanderinos que conspiraban contra el Libertador. Así termina Simón Bolívar la carta que le envía a Peña defendiendo aquel nombramiento: “En fin, doctor, Ud. debe hacer valer su derecho y mi autoridad y Ud. debe hacer cuadros comparativos ante la gran convención. Muéstrese Ud. digno representante de Carabobo y no deje Ud. triunfar a sus enemigos, lo demás sería una timidez infame. Soy de Ud. amigo y servidor, Bolívar”
Todos los hombres que nos dieron la nacionalidad, como seres humanos, tuvieron que cometer errores en sus vidas: Bolívar no fue una excepción y Peña tampoco; pero es que la mejor argumentación para justificar que se erigiera la estatua a Miguel Peña por parte de los valencianos es, ¿saben de quién, camaradas cubanófilos? Nada más y nada menos que del apóstol de la independencia cubana José Martí, en su biografía de nuestro prócer.
Escuchemos al caudillo civil cubano hablar de Peña: “Honrar, honra. Hubo, ha setenta años, sucesos tales en esta ilustre tierra que sólo en atención a que la polvareda que los ejércitos levantan en su marcha elévase tan alta cuanto son ellos numerosos, pueden aún los que abrieron la gloriosa vía estar oscurecidos por el polvo del camino. Mas no a los ojos de los que en él andamos. Valencia erige hoy una estatua al doctor Peña; pues hoy paga Valencia lo que debe”.
Y así sigue refiriéndose José Martí sobre el prócer Miguel Peña: “Aquel lidiador audaz que así movía la espada como la pluma, sin que la pluma fuera más extraña a sus manos que la espada, aquel tribuno apuesto que supo, de los paños de la casaca colonial, corta y estrecha, hacer túnica y toga; aquel héroe colérico, sentidor de lo grande, amador de lo propio, mirado siempre como igual y como enemigo terrible por los héroes; aquel que con su amor ayudó a fundar pueblos, y con su rencor a volcarlos; el que rivalizó en pujanza con los grandes y venció en astucia a los pequeños (...) merece presidir, en aposento de bronce, los destinos de la ciudad que él supo hacer tumba de realistas, fortaleza de derechos y cuna de republicanos”.
Los concejales deberían justificar su salario dedicándose a defender y profundizar la descentralización fortaleciendo el municipio, al lado de sus consejos comunales, bajando más la toma de decisiones creando más municipios en Valencia que se puedan autosostener, como podría ser el gran municipio Miguel Peña, para seguir honrando a nuestro héroe y así le rendiríamos póstumo homenaje a José Martí, su mejor biógrafo, sin olvidar a Simón Bolívar, su mejor amigo.
aecarrib@gmail.com / @ecarribolivar

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