Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.

Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.
Casa de la Estrella, ubicada entre Av Soublette y Calle Colombia, antiguo Camino Real donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830, con el General José Antonio Páez como Presidente. Valencia: "ciudad ingrata que olvida lo bueno" para el Arzobispo Luis Eduardo Henríquez. Maldita, según la leyenda, por el Obispo mártir Salvador Montes de Oca y muchos sacerdotes asesinados por la espalda o por la chismografía cobarde, que es muy frecuente y característica en su sociedad.Para Boris Izaguirre "ciudad de nostalgia pueblerina". Jesús Soto la consideró una ciudad propicia a seguir "las modas del momento" y para Monseñor Gregorio Adam: "Si a Caracas le debemos la Independencia, a Valencia le debemos la República en 1830".A partir de los años 1950 es la "Ciudad Industrial de Venezuela", realidad que la convierte en un batiburrillo de razas y miserias de todos los países que ven en ella El Dorado tan buscado, imprimiéndole una sensación de "ciudad de paso para hacer dinero e irse", dejándola sin verdadero arraigo e identidad, salvo la que conserva la más rancia y famosa "valencianidad", que en los valencianos de antes, que yo conocí, era un encanto acogedor propio de atentos amigos...don del que carecen los recién llegados que quieren poseerlo y logran sólo una mala caricatura de la original. Para mi es la capital energética de Venezuela.

martes, 26 de mayo de 2015

Incamar es una personificación poética de Valencia, vale.

Felipe Herrera Vial, nacido en Valencia el 5 de febrero de 1913- Valencia 31 de mayo de 1995
junto a la poetisa Ana Enriqueta Terán.


Tomado del blog "Selectos Temas"

jueves, marzo 07, 2013

Felipe Herrera Vial, hacedor de culturas

Felipe Herrera Vial, fue un protector de las artes y las  letras,  co-fundador de la Academia de la Historia de Carabobo.  Estos hechos son confirmados por Asdrúbal Gonzalez. "Hemos copiado las frases de un prefacio de lo que son los poetas cuando se convierten en historiadores: una rigurosa investigación metodológica, un leer interminable, un indagar las fuentes, y cuando corresponde escribir, la historia se llena de versos... Porque nunca como en un poeta, las palabras es instrumento, y el decir finalmente es un poema...   Recordamos que con el poeta historiador fundamos una vez la Academia de la Historia de Carabobo".  Felipe, nacido valenciano, cultivo entonces las palabras. Cuando las convirtió en poemas, las anido en sus librosCampana Herida, Clima de la Gaviota,  y la Esperanza, Fragua, Madrigal de mi Lira. Como ensayista escribió EstampasValencianas y Tiempos de Valencia.   Pero mas allá de la letra impresa, Valencia  lo recordara siempre por su labor de hacedor de cultura, al frente por muchos años de  la "Pagina Literaria del Diario El Carabobeño" y sobre todo, por la titánica labor de la publicación de los "Cuadernos Cabriales", (Ateneo de Valencia), donde por muchos años, la poesía hallo cómoda estancia.
Foto del blog de la Familia Brandt.
Orilla de los Manglares. Postal
del Mar Porteño. 

Alguna vez se juntaron bajo el alero de mi casa porteña.
Alfonso, inmerso en los cascabeles de su bonhomia.
Braulio, con un color de magia, que en brumas diluía la recia arquitectura de mi casa.
Los amigos quedaron sembrados como pinos, perennemente 
reverdecidos...

El piano tocado por mi hijo Reinaldo proporciono la ocasión para que Alfonso cantara valses de su terruño andino, y Braulio se empeñara en una de tangos y canciones de Ítalo Pizzolante.  Cuando le correspondió el turno a Felipe, mostraba una dulzura, un aire de severo rostro antiguo, tratando de aparentar quizás un ánimo discreto. Pero calladamente escuche vibrando entre sus labios un tango de ocasión, y una balada dulce y una canción de Ítalo... Al fin, poniéndose de pie, dijo, refiriéndose a si mismo:"Un poeta tiene el corazón como un espejo de aguas vivas".   Y dijo también, para nuestra complacencia, que a Puerto Cabello se la conocía de memoria, que varios años vivió impregnado de su mar...   Mientras hablaba, pensábamos lo muchas veces dicho, de que a Puerto Cabello se llega telúrico al nacer en su seno, o por una vía de la sangre, del corazón...   Felipe se había hecho porteño por la segunda señalada vía...   Y porque su arquitectura era de versos, se mostraba como un hombre lleno de poesía.   Su cuerpo vivía en equilibrio con su mundo interior.


Indocencias

Incamar

José Joaquín Burgos
 Notitarde 23 de mayo 2015 pág. 8/CIUDAD


José Joaquín Burgos
Incamar, para decirlo una vez más, es un libro-poema de Felipe Herrera Vial. 

Y Felipe Herrera  Vial es, como bien se sabe, uno de los hijos más nobles y dignos que 
ha parido Valencia en sus siglos de vida. 
El año pasado, Felipe y Vicente Gerbasi cumplieron cien años de  
nacimiento. Era para hacerles un homenaje esplendoroso, como bien lo merecían. La U.C. 
lo decretó y lo cumplió en cuanto pudo. Tal vez las pasiones políticas  enturbiaron el  ambiente 
y la luz de estos dos grandes poetas carabobeños pasó entre brumas. Pero todavía hay tiempo. 
Siempre habrá. Para cumplir con su memoria y tenerlos, como debe ser, presentes en el corazón 
de la ciudad  a la que siempre amaron y que los tiene arraigados en su corazón. 
En el acto hecho como homenaje a Felipe, estuvimos compartiendo con el poeta 
historiador Asdrúbal Gonzalez y asomamos la idea de darle vida simbólica  a Incamar, 
una criatura creada (bien podríamos decir criada) por el poeta en el libro homónimo. 
Incamar es una muchacha, una criatura llena de poesía, a la que el poeta Herrera Vial le 
da vida, le insufla un aliento verdaderamente poético y logra sembrar en el corazón de uno… 
 Incamar es Valencia misma. Un recuerdo eterno para los adultos,  sueño para los jóvenes 
(a quienes, por cierto, se les llena el corazón, los sentimientos, la imaginación de 
“personajes” como el hombre araña, el imbécil Harry Potter, Superman y otros 
cuantos artefactos hijos de la tecnología y el comercio bélico… Por eso vemos en 
Incamar una criatura hija del sentimiento local, valenciano, familiar, lleno de poesía, 
de música, de amor… y pensamos que bien podría personificar a la muchacha  
valenciana, venezolana, criolla, representada en una muñeca escogida al efecto. Para 
ello, proponemos que se haga un concurso  en el cual se escoja  una que reúna las 
condiciones señaladas al efecto por un jurado calificador. La muñeca electa sería escogida 
como modelo  para las muñequeras o muñequeros que se dediquen a confeccionarla. Es algo 
hermoso, digno, y fácil de hacer. Y permítanme decirlo, en esta idea andan otros amigos 
míos y de Incamar… Pregúntenle, entre otros, a Margarita Marrero, Asdrúbal González, 
Oswaldo Angulo… Incamar es una personificación poética de Valencia, vale.
El Carabobeño 29 marzo 2015

Poemas de Incamar, ilustraciones de Felipe Herrera Vial

Paisaje del pintor valenciano Braulio Salazar. (Foto Archivo)
Cuando estamos celebrando el aniversario de Valencia, recordamos al poeta Felipe Herrera Vial con los siguientes textos, contenidos en su libro Poemas de Incamar, publicado con motivo del cuatricentenario de esta ciudad, en 1955, con ilustraciones del pintor Manuel Mérida.
Incamar es la imagen de su amada Valencia en poemas que Fernando Paz Castillo y Vicente Gerbasi calificaron de luminosos y exquisitos. La ciudad es otra, pero sigue guardando la profundidad de un alma hermosa que Herrera Vial y Braulio Salazar (autor de la ilustración) plasmaron para siempre.
Rostro de Incamar
Juegan azules mariposas en la luz amarilla del Sol. Una sombra avanza por las blancas paredes del patio. El tiempo pasa sutilmente, Nadie lo ha osado tocar, ver ni oir. La alegría reluciente que a nuestro ánimo asoma no se percata de lo que viaja o anda. Está prendida de su emoción.
Incamar está gozando del paisaje y de las mariposas. En los colores viajan sus ojos enlazados a su espíritu, a los frescos días de la infancia, Los regresos de la escuela. Las meriendas. Los alfeñiques rubios, ligeramente empolvados de almidón. La hora ovalada de fuego de las tres de la tarde. Y luego, la voz armoniosa, como de hombre, de la viejecita -María, Antonia, Rafaela- que ofrecía ricos dulces de caro sabor en su pequeño azafate cuadrado. Y el agua. El agua purísima del tinajero trasladada a nuestros brillantes vasitos de aluminio.
Todo el rostro de Incamar es una gracia de melancolía. Un cuento azul y blanco. Una calcomanía del ayer perdido. Es toda una vital promesa de mujer criolla y altiva.
Incamar regresa de su ensimismamiento y canta ahora una canción tonta. Una canción donde el amor moviliza sentimientos. Cuando me atisba, calla. Y pone su mano nerviosa sobre el paño que borda. Nos quedamos como dos silencios, frente a frente, sintiendo el tiempo resbalar, blandamente.
Día domingo
Yo sentí su corazón oprimido de silencio y probé las lágrimas de su callado llanto. Ese día no llevaba Incamar, como otras veces, ni rosas, ni claveles ni lirios en su brillante cabellera negra. Una delgada, pequeñita y aguda pena ocupaba su robusta y franca expresión. No obstante, Diana, la perra cazadora, estaba como niña bonita, recién bañada, luciendo un lazo azul, prendido, graciosamente, como corbata inglesa alrededor de su lanudo cuello color de lino.
Como era día domingo, Incamar había ido a misa en la iglesia vecina. En el ofertorio, -me dijo-, mis oraciones fueron para pedir un poco de paz y más comprensión entre los hombres. He aquí cómo Incamar, pastora que congrega, solicita en oraciones, forma purísima de amor, lo que millares de artistas, soñadores por la tierra, buscan, como fórmula de felicidad para los pueblos. Incamar me lo ha dicho, sencilla y natural, sin formulismos ni cálculo alguno. Yo tomé su palabra y todo el pecho se me llenó de una sana alegría.
La sonrisa de Incamar
Incamar sabe muchas cosas agradables y dulces. Pero ella se complace en sonreír. Y su sonrisa guarda tal armonía que de los ojos a sus manos, de su negra cabellera a la punta sonrosada de la uña del pie izquierdo, danza una familiar vibración de curvas. Yo muestro mi reservada seriedad. Hay una corriente de alborozo interior desbordada en los ojos. Incamar lo ha comprendido y se hace la desentendida.
Todo el día -me dice- lo he pasado cosiendo y he arreglado el altar de la Virgen del Socorro. Incamar me ha dado una magnífica lección de economía. La he oído, golosamente. Estallan allá arriba en el cielo dos luceros como dos jazmines relucientes. La tarde se escurre en la fría brisa mensajera de las lejanas estrellas en la noche brillante y despierta.
El aire de la noche caía manso
El aire de la noche caía manso sobre la dulcedumbre de tus manos. ¿Cuántas sílabas juntas en el perfume de tus ojos húmedos? La magnolia acentuaba su pureza en la línea azorada de una estrella dormida. Distancia de sus ánimos maduros visten las golondrinas, en sus vuelos, y un aroma de música no oída pone claros y tibios los caminos que se quedan mirando los ponientes.

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