Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.

Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.
Casa de la Estrella, ubicada entre Av Soublette y Calle Colombia, antiguo Camino Real donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830, con el General José Antonio Páez como Presidente. Valencia: "ciudad ingrata que olvida lo bueno" para el Arzobispo Luis Eduardo Henríquez. Maldita, según la leyenda, por el Obispo mártir Salvador Montes de Oca y muchos sacerdotes asesinados por la espalda o por la chismografía cobarde, que es muy frecuente y característica en su sociedad.Para Boris Izaguirre "ciudad de nostalgia pueblerina". Jesús Soto la consideró una ciudad propicia a seguir "las modas del momento" y para Monseñor Gregorio Adam: "Si a Caracas le debemos la Independencia, a Valencia le debemos la República en 1830".A partir de los años 1950 es la "Ciudad Industrial de Venezuela", realidad que la convierte en un batiburrillo de razas y miserias de todos los países que ven en ella El Dorado tan buscado, imprimiéndole una sensación de "ciudad de paso para hacer dinero e irse", dejándola sin verdadero arraigo e identidad, salvo la que conserva la más rancia y famosa "valencianidad", que en los valencianos de antes, que yo conocí, era un encanto acogedor propio de atentos amigos...don del que carecen los recién llegados que quieren poseerlo y logran sólo una mala caricatura de la original. Para mi es la capital energética de Venezuela.

sábado, 30 de noviembre de 2013

"LA ESCRIBANA DEL VIENTO" POR: ROBERTO LOVERA DE-SOLA


TALLER CRITICO
LA ESCRIBANA DEL VIENTO[1]
POR: ROBERTO LOVERA DE-SOLA

“A mediados del siglo XVII se desarrolló en Caracas uno de los más largos, enojosos y terribles episodios de nuestra historia”.
José Antonio Calcaño: El atalaya. Caracas: Monte Ávila Editores,1977,p.101.



Nuestra escritora Ana Teresa Torres(1945) ha sido una de las cultoras de la novela histórica en las últimas décadas. Esos libros tocan momentos de la vida venezolana. Las registramos cronológicamente de acuerdo con los tramos de la historia venezolana: debemos comenzar aquí por Doña Inés contra el olvido(Caracas: Monte Ávila Editores, 1992. 239 p.) que se inicia en los días coloniales y llega hasta el siglo XX; tiempo en que se sucede El exilio del tiempo(Caracas: Monte Ávila Editores, 1990. 263 p.); no podríamos dejar de mencionar Los últimos espectadores del Acorazado de Potemkin(Caracas: Monte Ávila Editores, 1999.309 p.), relativa a la lucha armada de los años sesenta. Pero la historia empapa otras de sus novelas como La favorita del señor(Caracas: La Nave va/Editorial Blanca Pantin, 2001. 190 p.), cuyo asunto se desarrolla en la España Islámica de la Edad Media.  
Ese mismo periplo creador nos lleva ahora a su nuevo libro La escribana del viento(Caracas: Alfa, 2013.383 p.), cuya anécdota sucede en nuestro siglo XVII, la centuria que menos conocemos de nuestra historia, de la cual se ha escrito poco. Ella logra mirar en su obra su suceso más singular.
Creemos que la lectura de La escribana del vientodebemos comenzar deteniéndonos ante dos asuntos:

BREVE ESCOLIO SOBRE
LA NOVELA HISTORICA

Un breve escolio para entrar en La escribana del viento, ya que se trata de una novela histórica, un género que abunda en nuestra producción literaria, la gran crisis de la democracia latinoamericana explica  su proliferación, pese a ser “casi” el modo fundador de la novela latinoamericana, ya que si bien esta se inicio en 1816 ya en 1826, a una década de El periquillo Sarmiento, de José Joaquín Fernadez de Lizardi(1776-1821), la fundadora del genero en nuestras letras, se publica la novela de autor anónimo Xicotencatl, que es la novela histórica fundadora del modo. Se ha pensado siempre que una novela histórica no es novela ni es historia. Nada más errado. Las novelas históricas constituyen una fuente para el conocimiento del pasado. Este punto, el que hacemos nuestro, lo ha examinado con especial atención el profesor Germán Carrera Damas(1930)[2].
Y, en Venezuela, desde la aparición de nuestra primera novela, en 1842, Los mártires, de Fermín Toro(1806-1865), estamos ante una novela histórica por el lugar y los hechos que relata su autor, tanto que el tratadista del tema entre nosotros, Alexis Márquez Rodríguez(1931). reconoce que Los mártires, “sin ser histórica en el estricto sentido del término, si tiene mucho de la técnica de la novela histórica”[3]. Nosotros si la consideramos plenamente histórica. No es el sitio aquí para exponer en que basamos nuestro aserto.
Nos basamos para el estudio de las novelas históricas, y en este caso para La escribana del viento, en varias citas sobre el asunto hechas por Carrera Damas. La primera es de Mariano Picón Salas(1901-1965), en ella se lee: “lo que tiene más valor en la producción cultural venezolana, son algunas obras de imaginación donde el instinto del artista como en ciertas páginas de poesía o de novela tropezó más inconsciente que concientemente con el secreto o el enigma nativo[4]. O aquella de Arnold Toynbee(1889-1975), quizá el mayor historiador del siglo XX, “Nunca he logrado prescindir por entero de elementos de ficción…en realidad, al observar y presentar las instituciones sociales y registrar su operación, el uso de la ficción parace ser un artificio mental indispensable; y las formas más paladinas del artificio son realmente las menos censurables, ya que son las menos suspectibles de que se les tome erróneamente por realidades en lugar de tomárselas por lo que son”[5]. O Enrique Bernando Nuñez(1895-1964), al decir en su novela histórica La galera de Tiberio(1938), “debemos establecer nuevas conjeturas. Sólo así podremos ser buenos historiadores”[6].Tambien Francisco Herrera Luque(1927-1991) utilizó en Los viajeros de Indiaslos testimonios literarios para el análisis de los hechos históricos que refiere en su libro[7].
Las novelas históricas nos muestran la intra-historia de la que habló don Miguel de Unamuno(1864-1936), logran con su imaginación llegar más allá de la apariencia y logran averiguar aquello que “está encerrado en el saco”[8].
Es decir, que para comprender la esencia más honda del discurrir histórico hay que detenerse ante el trabajo de los novelistas, quienes utilizan la imaginación a la hora dediscurrir sobre el suceder, que dijo Toynbee; la necesidad de tropezar, según anotó Picón Salas, con lo “más que insconsciente que conscientemente, con el secreto o el enigmático”; hay que llegar al “secreto o enigma nativo” según Enrique Bernardo Nuñez. De allí la importancia que como el conocimiento de nuestra historia, y para que este llegue a las masas, el valor que tuvieron a principios del siglo XX los Episodios venezolanos, de don Francisco Tosta García(1846-1921), suerte de Benito Pérez Galdós(1943-1920), cuando escribió para España sus Episodios nacionales. O a finales del siglo XX, las historias fabuladas de Herrera Luque, novelización histórica de todos los períodos de la historia venezolana, desde la conquista al siglo XX.
Son estas ficciones fuentes de conocimiento del pretérito porque como anota Guillermo Morón(1926): “La novela no elimina la historia sino una la ilumina”[9]. O como lo dice un personaje de La escribana del viento: “Isabel había abierto una puerta en mi imaginación”(p.203) pues lo que hace el novelista de este modo es iluminar la historia con la imaginación.
Y hay que referir también que al examinar la historia con los ojos y modos de la literatura, los novelistas históricos logran penetrar mucho más adentro que los historiadores, cuya discurso debe detenerse en el momento en que concluye el documento. En cambio el creador puede seguir, ahondar, llegar a lo más hondo, sobre todo al suceder psicológico del pasado, lo cual nos conduce a hondos por qués.

UN SUCESO EN LA CARACAS DE 1642

Tocamos brevemente la esencia del sucede que Ana Teresa Torres recrea en La escribana del viento con mano maestra. Son estos los sonados escándalos de los días del obispado de fray Mauro de Tovar Báñez(1605-1666), en el siglo XVII(1640-1654), tal lo revelan quienes han estudiado el tema como Andrés F.Ponte(1881-1948) en su Fray Mauro de Tovar[10], Blas Millán(1901-1960) en su delicioso El agresivo obispado caraqueño de don fray Mauro de Tovar, este estupendo escritor, demasiado olvidado fue el primero en dar cuenta que era necesario utilizar la psiquyiatría para poder comprender aquellos sucesos[11]. Y después Francisco Herrera Luque enLos amos del valle[12]. El historiador Luis Alberto Sucre(1865-1942) caracterizó al mitrado así: “Era Fray Mauro joven todavía, fogoso, de espíritu invasor, de carácter tiránico, fanático, imbuido de las ideas de los inquisidores españoles; con talento, honrado y ambicioso, procedía con decisión extralimitando sus atribuciones, convencido de que trabajaba para el bien y por el triunfo de la justicia”[13]. Y Lucas Guillermo Castillo Lara(1921-2002), dijo de él que era “Apasionado en extremo, defendía a ultranza lo que creía…poseía una personalidad dominante y hasta tiránica, orgulloso, despiadado y hasta arbitrario en sus procederes”[14]. Ángel Raúl Villasana(1920-2004), nuestro sutil bibliógrafo, lo llamó “Fogoso y pendenciero obispo”[15]. Fray Mauro siempre tuvo grandes polémicas, tanto con la comunidad Mercedaria como contra el gobernador Rui Fernández de Fuenmayor(1603-1651).
Pero la más intensa algarabía que provocó fue con sus polémicas del llamado “caso Ponte”. Este comenzó, explicó don Ramón Díaz Sánchez(1903-1968), “por una cuestión meramente administrativa…de interés financiero, que luego deriva hacia materias más complicadas. El obispo, bien lo pinta Millan en su libro, amaba el dinero y era, como buen castellano, hombre autoritario y apasionado. Recien llegado a Caracas entra en tratos con don Pedro Navarro y Campos(también se apellidaba Villavicencio) y acuerda confiar a éste la venta de las bulas de la Santa Cruzada. Las bulas son unos documentos de categoría pontificia que S.S.el Papa expide para determinados asuntos…Bien mirada el caso, fray Mauro procedió cuerdamente a exigir a don Pedro Navarro una fianza para poner en sus manos aquellas bulas que valían dinero y que de seguro iban a tener excelente demanda entre los caraqueños…don Pedro era un hombre de buena familia, buen católico y ventajosamente relacionado...Pero carecía de fortuna propia y su reputación no era tan diáfana que se diga. Exigida la fianza por el Obispo, él[don Pedro] pensó en su mujer, doña Ana de Cepeda,que si poesía bienes. Pero doña Ana estaba encamada y sus relaciones con su marido andaban tan mal qie hasta había llegado a pensar en separarse de él. Intervienen entonces otros parientes, maquinan un subterfugio y logranm que doña Ana firmé la fianza aunque neutralizada con un documento privado(unaexclamación llamaban en aquel tiempo a esta suerte de documentos) por el cual se retractaba del anterior alegando que le había sido arrancado por el temor”.
Pero a poco don Mauro logró tener noticia de lo hecho por doña Ana, sobre todo de la firma de la “Exclamación” que anulaba, si era necesario, la “Fianza”. Allí ardió todo. Prosigue Díaz Sánchez: “Tal el origen de uno de los más resonantes conflctos de que guarda memoria la historia venezolana, Arrebatado por su genio irascible, fray Mauro reacciona contra el engaño y pone en prisión a doña Ana. Quiere que se convierta en acusadora de su marido para llevar a don Pedro a un litigio que podría conducirlo a la ruina, y como la señora se niega a ello no vacila en mantenerla en la cárcel[eclesiástica] por más de dos años…A partir de aquel acto de reacción en reacción el prelado multiplica sus agresiones sin detenerse en ningún atropello, ante ninguna crueldad” [16].
Doña Ana de Cepeda, lo sabemos, había pedido al obispo el divorcio de su esposo Pedro Navarro a quien acusó de los malos tratos de él recibidos por ella y por estar amancebado con su hermana Jimena Ponte. Después de los interrogatorios el obispo dio la orden de detención de los dos hermanos, Jimena y Pedro; también excomulgó a los hermanos Gabriel Navarro y Elvira Ponte por haberse negado a presentarse al juicio incoado por el metropolitano contra su familia. En 1643 los dos acusados, Pedro Navarro y Jimena Ponte, una vez condenados por fray Mauro se escaparon de la prisión. También condenó a la madre de ambos por encubrir el incesto de los dos hermanos. Fue entonces cuando la familia Ponte acudió a pedir justicia ante la Real Audiencia de Santo Domingo y el arzobispado de esa ciudad, pidiendo justicia. También el gobernador acusó a fray Mauro ante el rey Felipe IV(1606-1665). En ese momento tanto el gobernador Fernández de Fuenmayor, su teniente general y los alcaldes ordinarios había sido excomulgados por el obispo por su actutud en defensa de los acusados. Entonces al pedirle la Real Audiencia y al arzobispado a fray Mauro los papeles del juicio este se negó a entregárselos, lo que era ilegal, por lo cual fray Mauro también fue excomulgado por la arquidiocesis de Santo Domingo, de la cual dependía el obispado caraqueño, El caso fue entonces enviado al Consejo de Indias. En 1646 el Consejo de Indias perdonó y amonestó a fray Mauro, mándandolo a cumplir la leyes. En 1650 el Consejo de Indias nombró a fray Mauro obispo de Chiapas. Después de haber provocado todos estos sucesos, fray Mauro en el momento de tomar el barco en La Guaira dijo sacudiendo sus sandalias: “De Caracas no quiero ni el polvo, ahí se los dejó”[17].
Desde luego, la gran controversia sucedida en una ciudad tan pequeña como Caracas, que no tenía aun ni 6000 habitantes, fue grande escándalo. Y aquello tuvo connotaciones sexuales, dado el asunto que se trató ante el mitrado: un caso de incesto, dadas las acusaciones que se hicieron de particulares amistades del diocesano con algunas mujeres que comían con él. Cierta connotación sexual tuvo  también por el hecho de haber mandado el obispo a latigar a doña Jimena, medio desnuda en plena calle.
No queda duda por las características de su carácter y por las tropelías que hizo, que este obispo que tanta bulla creó en Caracas era una personalidad psicopática, por cierto, según Herrera Luque, tan abundantes en la vida venezolana desde muy atrás[18].

DENTRO LA NOVELA

La escribana del viento, títula Ana Teresa Torres su libro. La palabra le otorga un hondo sesgo femenino a la novela. De hecho nos recuerda “La salvaja” de la mexicana Carmen Boullosa.
Layéndola lo primero que fascina al lector son las descripciones geográficas que podemos encontrar en ellas: las de la peninsula de Paraguana, “El viento sopla constantemente en la península y resistirlo produce un gran cansancio”(p.33). O las de Caracas y sus alrededores. Tal cuando dice del Ávila: “Pienso que nosotros no hemos necesitado edificar esos bastiones porque el valle, custodiado por la Sierra Grande, queda naturalmente fortificado y defendido de los ataques por mar. Si guardo alguna nostalgia(y la guardo) es por esa mirada a la montaña que está siempre presente en cualquier parte que nos encontremos en Caracas”(p.230).
Igual el precioso pasaje, el más bello seguramente de esta ficción, en el que cuenta un traslado desde Caracas a Guatire, hasta llegar al mar, pasando luego por Camurí hasta arribar a La Guaira(p.298-301), tres páginas primorosas son estas, de exaltado amor por nuestra tierra.
Pero la esencia de la novela es recordar, escribir para que no se olvide lo sucedido, ya que sin memoria los pueblos no pueden andar. Y sería terrible no hacer memoria de las tropelías de fray Mauro, ya que “Olvidar de lo que es capaz, imposible”(p.136).
Además esta es siempre ficción. Ella misma confiesa en “El testimonio de la autora”, con que se cierra el tomo, que sus lectores no deben pensar que se haya propuesto intentar “por mi parte de esclarecer la veracidad de la historia”(p.381). Ella la cuenta y lña recrea. Y cuando, lo que es propio de este tipo de obras, le faltaron datos “en los vacíos me sentí libre de inventar”(p.377), ya “que en mi novela la veracidad de los hechos circula en terrenos poco verificables”(p.377).
Mientras leemos La escribana del viento nos damos cuenta lo que se puede hacer cuando se usa la imaginación.
Hay, también, una notable parte de la novela en la que describe la vida conventual venezolana de aquella época, en especial el convento de las  monjas concepcionistas, puesto en marcha en  Caracas en 1637, situado en el mismo lugar en donde está hoy el Palacio Federal.
También, o esencialmente, la idea de la “pertenecia” es fundamental en esta historia, el ser de un lugar y un tiempo. Importante aquí pues fray Mauro los lanza a todos al desarraigo al sacarlos de sus casas, a lo no pertenencia.

NOVELA EN LA NOVELA

Característica muy especial de La escribana del viento es el hecho de ser esta una novela en la novela. De hecho su autora es Ana, la escribana a quien la protagonista de los sucesos le dicta lo acaecido. Pero también Ana, mientras toma el dictado, va comprendiendo aquellos sucesos, lo hace con la imaginación como guía(p.203).
Y puede dictarle a Ana porque descubre que es una mujer que sabe escribir(p.15), cosa rara en aquellos días del siglo XVII, recordemos que la educación privada de las mujeres comenzó en Caracas en 1768, gracias al canónmigo Simón Malpica(1714-1776) y la publica fue propuesta, por a don Simón Rodríguez(1769-1854) en 1793. .
Cuando la invita a que tome sus recuerdos y los pase al papel le dice: ”Esto es para que escribas lo que te voy a dictar…¿Una carta?...Una larga carta, en efecto…¿Para sor Isabel Atienza?...Para mi…Nunca había escuchado que alguien se escribiera a sí mismo…¿Y para qué escribir lo que ya sabe?...Para que no se me olvide, ni a ti tampoco…¿Y para qué debo recordar todo eso que usted quiere escribir…Si tienes paciencia y haces menos preguntas lo comprenderás…Fui a buscar en la casa un taburete, y sentada en él comecé a ser su escribana”(p.34). En verdad, ”Una escribana no pregunta a quien le dicta las razones de su dictado, se limita a copiar correctamente”(p.37). Quien dicta está consciente que”Todo hay que escribirlo”(p.191), que en su dictado no debe omitir nada “quiero que toda la verdad sea escrita”(p.44).
La reacción contra las tropelías de fray Mauro es tal que cuando Catalina, como Sor Juana, llega a Coro con la idea de fundar un convento, Ana dice: “Y por eso le pregunté a sor Juana si tenía licencia de fundación; se rió y me dijo que no quería nada con los poderes de la Iglesia”(p.14), desde luego.
Y cuando va llegando la hora final el trabajo se hizo más intenso, ”Fue una época febril en la que me hizo tomar su dictado muchas horas”(p.291). Y tenía que escribir lo vivido porque las palabras dichas a viva voz de la lleva el viento.

LAS CRIATURAS DE LA FICCION

A lo largo de La escribana del viento todos los testigos de los desafueros del prélado van dando cuenta de lo que vieron, sintieron y padecieron.
Los personajes que más interesan son Ana Ventura, la escribana, su singular apellido nos dice no solo del goce de contar sino del placer de hacer memoria a tráves de la palabra.
Quien se llama Sor Juana en la novela, en verdad es Catalina de Campos, quien fue en la vida real Jimena de Ponte y Campos), una de las víctimas de fray Mauro, quien ha llegado a Coro huyendo de los sucesos de Caracas(p.32), quien invita a Ana a pasar con ella a Paraguaná, que es donde esta, una vez descubierta su verdera identidad, le cuenta los hechos que Ana trascribe.
Desde luego Fray Mauro de Tovar. Y a su lado el “sabandija”(p.178) presbítero Marcos de Sobremonte, secretario del obispo, hombre dispuesto a todo, uno de esos “pobres diablos” que siempre aparecen en todos los procesos sociales, en Venezuela los conocemos de sobra. Sobremonte siempre estuvo dispuesto a todo lo que inventara hacer fray Mauro, por peor que aquello fuera. Era un hombre de los peores que hallamos en el relato, auque siempre fray Mauro le gana.
Y las victimas del preelado: Beatriz Cepeda y Rivera, esposa de Pedro Navarro Villavicencio, este escribano mayor del Cabildo de Caracas;  Elvira de Campos y Catalina de Campos e Isabel de Atienza, priora fundadora del convento caraqueño de las concepcionistas.

EL OBISPO PERSEGUIDOR

Debemos reiterar que todo aquello fue mucho  más escandaloso en aquella pequeña Caracas, entonces de 6000 habitantes(p.63), donde la alta clase si acaso podría llegar a las 500 personas. Como pequeñísima urbe “Aquí en Santiago León se sabe todo”(p.79).
Fray Mauro de Tovar más que hombre peleón fue una personalidad psicopática, incapaz de respetar fuero alguno, no tenía amor por nadie, sus pasiones eran las peores, tal como lo dejó sentado en su acción en Caracas. Y, sin duda, prosiguió en Chiapas, por era su modo de ser era crear líos a cada paso. Sería interesante que algún día alguién se tomara el trabajo de estudiar su vida en España, antes de llegar a Caracas, para entender las raíces de aquella personalidad descoyuntada, como la suya.
Fue fray Mauro hombre de pasiones, las más lejanas en un religioso, más es un Benedictino, orden de contemplativos.
Apenas llegó comenzó a enfrentarse con el gobernador Rui Fernández de Fuenmayor(1603-1651) y con la comunidad Mercedaria, también protegida por el Gobernador. Fue el comiezo de sus mil controversias, en ella dejó clara la perversidad de su espíritu y su psicopatía, pese a ser hombre de iglesia. No creemos que el análisis de su  personalidad enferma pueda ser omitido en nuestros días, con los instrumentos científicos que tenemos, los propios de la ciencia de la conducta.
Tanto fue que en La embarazada del viento se lee: ”desde que llegó don fray Mauro las cosas se han puestos difíciles…por los presos que tiene, y los clérigos armados y las excomuniones”(p.199). Tanto que a Beatriz ”le repugna que Pedro[su esposo] esté en tratos con Tovar, considera que el obispo ha ofendido muchas veces al Cabildo, ha mostrado una conducta impía con los frailes mercedarios, ha sido enemigo de nuestro gobernador, y se pasea por la ciudad flanqueado por clérigos armados, lo que nunca se había visto”(p.123).Todo aquello “Fue la desgracia para la ciudad. Fue mi desgracia y la de toda mi familia”(p.32).
A poco de llegar fray Mauro, con la idea de poner a andar el Colegio Seminario de Caracas, aprobado por el rey ya en 1592. Pero ello no fue posible porque el 11 de junio de 1641 se produjo un gran terremoto, este asoló a Caracas y a La Guaira. Todo debió detenerse entonces. Fray Mauro tenía apenas menos de siete meses de haber llegado a Caracas y tomado posesión del obispado(diciembre 20,1640).
A poco hubo la proposición del Gobernador, dados los daños cuasados por el cataclismo, de mudar la ciudad al este. Fray Mauro se opuso, ya que lo suyo era siempre llevarle la contraria al Gobernador, la autoridad civil de la Provincia. Por ello la población se amotinó(p.99), unos de acuerdo con Fernandez de Fuenmayor, otros con el obispo, quien deseaba que la ciudad no fuera mudada. A poco comenzará su persecusión de los Ponte, esta se inició en 1642.

PERFIL DEL OBISPO

En La escribana del viento hallamos trazado el perfil de don fray Mauro. Era hombre de ”voz alterada y ademas de enojo”(p.99);  ”Lo que quería era sembrar cizaña, desunir los ánimos, y cualquier motivo, hasta la catástrofe, le parecía útil a sus fines”(p.99); ”es que Tovar es un hombre un tanto avaricioso”(p.124); ”Fray Mauro es implacable. No hay argumentación que lo conforme cuando se ha enardecido y eso ocurre con toda frecuencia”(p.129); no  respetaba ley alguna del reino: “Mi jurisdicción es hasta donde es mi gusto”(p.136), llegó a decir; las triquiñuelas legales “eran su especialidad”(p.136); pensaba que “pleitear le refrescaba la sangre”(p.140); .”Ese hombre no tiene ninguna clase de escrúpulos”(p.221); nunca gustó de los Mantuanos: “Estos señores quieren estar por encima de todo, se creen dueños de esta ciudad y se las quieren dar de esto y lo otro cuando son unos campesinos”(p.170); los muchos castigos que impuso, muchos bajo tortura dirigida por él mismo, “Lo que Tovar hace es un remedo de estos castigos que aplica a delito que no son contra de la fe de la Iglesia sino contra la fe de su persona”(p.262).
Y no hace caso a nadie, como lo observamos al leer este diálogo: ”Te preocupa mucho ese don Pedro. No es él, su ilustrísima, sino usted mismo. Si llega a morir toda la ciudad se pondrá contra usted y no faltará quien le escriba a la Real Audiencia dando cuenta de que ha fallecido en la prisión de la casa episcopal el escribano del cabildo, y además notario del Santo Oficio”(p.169). Fue esto lo que a la larga sucedió, lo que terminó por derrotar a aquel metropolitano: se fue de Caracas con las tablas en la cabeza, por su propia culpa, inmerso en los conflictos que él mismo había provocado.

LOS CRIOLLOS

Consecuencia de su animadversión a los Mantuanos es esto que debemos señalar: cuando el obispo Tovar llegó a Caracas el 20 de diciembre de 1640 la ciudad tenía setenta y tres años de fundada(1567), y ya habían personas nacidas y crecidas aquí: los criollos.
Los criollos, en los días del señor Tovar, estaban tan molestos con lo que veían sucederse, algo que no había sucedido antes entre Obispos y Gobernadores, algo que no sucedería en el fururo, pese a las controversias que hubo entre los dos poderes a lo largo de nuestro devenir. Pero dentro de aquellas condiciones escandalosas nunca. Basta leer los Anales eclesiíasticos venezolanos de monseñor Nicolás Eugenio Navarro(1867-1960) para comprobarlo[19]. Quizá el único ejemplo llamativo fue la conducta y los malos consejos que el presbítero Antonio José de Sucre(1831-1895), un sobrino de el Gran Mariscal, dio al arzobispo Silvetre Guevara y Lira(1814-1882) durante las controversias con el presidente Antonio Guzmán Blanco(1829-1899), sin ellos es posible que se hubiera encontrado otro sendero, pero tales fueron las “diabluras” del arcediano, que como todos los psicópatas todo lo enrredan.
Por ello entonces: ”Algunos vecinos gritaban en contra del obispo. ¡Respeto a los criollos”, se escuchó una voz”(p.162). O este otro signficativo pasaje: ”No pude contenerme más. Mira Agustín[de Palma], ¿cómo es posible que siendo tu criollo y criado en Santiago de León con todos nosotros, te hayas convertido en nuestro enemigo…Eres un lambucio, que lo único que quieres es ganar méritos porque entre Sobremonte, Navas, Becerra y Sevillano acaparan todos los favores del obispo y a ti lo que te dejan son las sobras”(p.273). Estas palabras de doña Paula de Ponte al padre Agustín de Palma nos hablan de que ya estaba fundado aquí un sentido de identidad de los aquí nacidos, de la venezolanidad, de la pertenecia. El maestro José Antonio Calcaño(1900-1978) concedió un especial valor a lo dicho por doña Paula a gritos  aquella noche del 3 de junio de 1643[20].

EL DOLOR DE UNA FAMILIA

Si algo conmueve al lector de La escribana del vientolo constituye el dolor que padece la familia objeto de la persecusión del Obispo. Es mucho el sentimiento que hallamos en la descripción que leemos de aquel trubulento suceder.
Los Ponte llegaron a dolerse de aquello, “Nosotros le dimos la bienvenida a quien procuró destruirnos”(p.85).
Todo comenzó a suceder en el momento de la prisión de Beatriz, el 30 de diciembre de 1641. Llevada entonces a las Casas Episcopales fue interrogada por el Obispo, aplicándole torturas, momento terrible aquel ya que ella estaba embarazada. El capítulo en que lee el interrogatorio constituye uno de los momentos mas arduos, y estilísticamente memorables, de la novela(p.145-155).
De allí que digan las gentes, “No se prende a una mujer principal así como así, y llevamos dos. ¿Qué es lo que quiere Tovar?¿desaparecer a nuestra familia?”(p.162). Ante aquellas tropelías: “Hay que presentar una denuncia que de una vez lo incapacite como obispo”(p.142).
El proceso siguió: “Dos días después de la fuga[de Beatriz y Pedro], el 22 de juio de 1643, el obispo pronunció la sentencia contra doña Elvira de Campos por los delitos de consentimiento y encubrimiento del incesto entre sus hijos Pedro Navarro y Catalina de Campos, y por no haber bautizado a ninguno de sus hijos habidos con Pablo de Ponte…y como guinda del postre incluyó a Diaz Meza, sin sentencia ni condena, sino eso, como parte del castigo por la fuga de don Pedro y de su hermana Catalina, quien también huyó esa misma noche del convento”(p.262).
La familia logró llegar hasta la Real Audiencia de Santo Domingo, ser escuchados, esta obligó “al obispo a absolver a los excomulgados en el término de tres días, otorgar las apelaciones, entregar los autos a los acusados para que los remitiesen, e inhibirse de estas causas en el ínterin. En resumen los jueces eclesiásticos fallaban a favor de doña Elvira de Campos y sus hijos Pedro Navarro y Villavicencio y Catalina de Campos y Villavicencio”(p.286). Pese a ello, el obispo no obedeció, esa era su costumbre(p.288)
Por ella Catalina le dice a Isabel, la priora del convento, a donde esta había sido traslada cuando se acercaba su parto, “Lo único que puedo hacer es esperar a que Tovar sea trasladado de sede, o que se muera, o por lo menos que mis hermanos logren algo en la audiencia de Santo Domingo, pero en estas condiciones, Pedro encarcelado, Gabriel medio escondido, Tomás en algún servicio del gobernador, no hay esperanza”(p.203)
Todos los maltratados por aquel obispo inicuo sufrieron mucho, hasta el punto que Felipa de Ponte dijo: “No quiero regresar al tiempo de antes, a lo que fuimos, a lo que sufrimos”(p.321); o Gabriel Navarro de Campos, “En mi memoria están frescos todos los sufrimientos a que nos vimos expuestos”(p.337).
Por ello escribió la monja Isabel de Atienza a Catalina: “Soy solo una mujer que vivió de cerca el sufrimiento que tú y tu familia tuvieron que soportar. En fin, esta es la gran noticia que ha regocijado mi corazón: don fray Mauro de Tovar acaba de morir, el 3 de noviembre de 1666 en Ciudad Real de Chiapas, la diócesis de Guatemala a donde fue trasladado de su obispado de Caracas”(p.29).

RAZONES DEL CONFLICTO

Antes de comenzar a sucederse los hechos Ana de Cepeda[Beatriz en la novela] a través del su tío [Melchor]Candamo “le ha solicitado a Tovar la separación, ¿no estabas enterado? No, no lo estaba pero no quise decirselo”(p.114). La razón era el adulterio continuado por parte de su esposo Pedro, con su media hermana, Jimena de Ponte, lo que era además un incesto. A este hecho lo considera Ana Teresa Torres, en el apéndice, “el primer caso dcumentado de una joven venezolana enjuiciada por un delito sexual que hoy veríamos como abuso”(p.377). Por ello Jimena fue condenada y encarcelada.
Pese a este hecho, ya hemos indicado que las razones del conflicto fueron económicas, la venta  de las Bulas, “Don fray Mauro le otorga la recaudación a Pedro[Navarro y Villavicencio] pero exige una fianza y la que puede poner sus bienes en garantía es Beatriz. En realidad, como sabes, ella, en su condición de mujer casada no se la puede negar, es derecho del marido proceder, pero últimamente. Últimamente las cosas se han complicado porque Beatriz quiere pedir una separación y el obispo lo sabe”(p.121).
Es ello es lo que lleva al personaje de Beatriz en la novela(en la realidad Ana de Cepeda,p.379) a firmar el documento llamado “Exclamación”, el cual “existe en derecho a fin de que quien se vea obligado a conceder algo por fuerza mayor y contrariamente a su voluntad, tenga alguna manera de hacerlo saber. En pocas palabras la ‘exclamación’ afirma la nulidad de lo anteriormente concedido”(p.125). Beatriz pensó firmar ambos, “la garantía de su dote y la Exclamación”(p.125). Y lo hizo. Alguien le contó aquello a Tovar y entonces este se enfureció. “Estos que tengo aquí son pecadores y deben pagar por ello. Pero doña Beatriz, señor, doña Beatriz de qué la acusan. ¿De que la acusan?¿Te parece poco lo que hizo? Me da una fianza pero si se arrepiente me la quita[con la Exclamación]”(p.170), este hecho es la clave de todo, todo el conficto tuvo solo razones monetarias no religiosas, Tovar usó el catolicismo como arma, atribuyéndose incluso potestades que no tenía, como la de “actuar en representación del Santo Oficio?”(p.171).
      


LA LITERATURA VENEZOLANA DEL SIGLO XVII

Escribe Ana Teresa Torres en el colofón de su novela: “Algunos documentos de la época introducidos como intertextos han sido versionados tratando de conservar la mayor parte de su contenido, pero con ciertas intervenciones gramaticales para acercar el lenguaje al lector contemporáneo…Son, por cierto, muy interesantes porque revelan el vivido estilo narrativo de los memoriales y escribanías. No hay herencia literaria del siglo XVII venezolano, y de cómo era el lenguaje común menos sabemos, así que salvando las excepciones mencionadas, la escritura de la novela no pretende reconstruirlo”(p.381).
Todo ello es verdad. No tuvimos una literatura, no tuvimos una obra poética de envergadura, como podrían ser las Elegías de Juan de Castellanos(1522-1607), relativas a la conquista, al siglo XVI, publicadas,  su primera parte, en 1589; no tuvimos un libro de historia que contara los sucesos acecidos entre 1601-1701, los cien años de la centuria. La única obra sobre nosotros aparecida, en 1627, las Noticias historiales, del fray Pedro Simón, que es la segunda historia del país, solo se refiere al siglo XVI y a los primeros diez y nueve años del XVII. La única excpeción son las composiciones poéticas insertas por fray Jacinto de Carvajal en sus Jornadas naúticas(1647), desconocidas hasta 1892 cuando fueron editadas. Algo hay, anota Uslar Pietri, en Piratas en América(1678), del médico de los corsarios Alexander Olivier Exquemeling(c1645-d1707), en las cuales da noticias sobre las tomas de los filibusteros a Maracaibo y Gibraltar. Pero en Venezuela, dice el maestro, no apareció nada, ni siquiera había una imprenta, esta no nos llegaría hasta 1808, tanto que el primer libro venezolano que se imprime, la Historia de la conquista y fundación de la provincia de Venezuela, apareció en 1723, en el siglo siguiente, y fue impresa en Madrid. “Esos cien años que van del libro de Simón al del Oviedo, de 1626 a 1723, son cien años de silencio en la literatura venezoalana. El mas largo silencio que ella haya conocido”[21].
Sin embargo, fuera de Venezuela es un rico siglo de creación literaria, como lo observó José Balza(1939), el primero literariamente hablando del Nuevo Mundo por sus ricas invenciones[22]. Pero también, la oscura y pobre Venezuela estaba entonces lejos de todo, fuera de lo que sucedía en nuestro continente en España se vivía la plenitud del siglo de Oro, la centuria del Quijote, de Quevedo, Calderón y Góngora. La centuria en que por vez primera un hispanoamericano, mexicano de nacimiemto, Juan Ruiz de Alarcón, triunfó con su obra teatral en España, la España, entre otros, de Lope de Vega.


ALGUNAS NOTICIAS

Pese a todo esto, escrudiñando archivos y bibliotecas hemos logrado reunir algunas noticias literarias, que son singulares por las pocas personas que la cultivaron.
Asi, en nuestro siglo XVII, los escritores a examinar son fray Jacinto de Carvajal(¿1567-1647?), Miguel de Ochogavia(1614 o 1617-¿1666?), Alonso Padilla, Juan Jaraquemada, Juan Pacheco y Quiñónez, Pedro Padilla, Cristóbal de Vera y Felipe Colón, todos incluyendo el padre Carvajal, son los llamados cantores de Apure, por aparecer sus composiciones en el libro del fraile sobre el descubrimiento del río Apure. Le sigue fray Cristóbal de la  Concepción, fray Juan Moro(1660-1732), el jesuita Alonso de Neira(1650-1706), las diez personas que formaron la primera elite intelectual caraqueña, una vez fundado el Colegio Seminario: Juan Fernández de Ortiz(16??-1691), Nicolás Herrera y Ascanio(16??-1721), Domingo López de Landaeta, Felix de Acuña(16??-1725), José Mijares de Solórzano(1684-1743), Antonio Tovar y Bañez(1691-1762), José Martínez de Porras(1608-1753) y su hermano Francisco(1682-1739) y José de Oviedo y Baños(1671-1738), todos sacerdotes menos don José. Juan de Arechederra(1686-1751) fue un distinguidísimo alumno de Colegio Seminario, no lo podemos dejar de mencionar. Le siguen Pablo de Orihuela(1636-¿1695?), Diego de los Ríos, Juan Torquemada y Francisco Ubierna(1638-1679), lo cual nos indica que no estuvo tan en la tierra yerma nuestra creación literaria en ese siglo, tan desconocido como es nuestro siglo XVII, pese a las investigaciones de Guillermo Morón en su  Historia de Venezuela, es poco lo que se le ha estudiado. Tenemos además de la obra de Morón, que es el libro que mejor trata esa centuria, Gobernadores y Capitanes Generales de Venezuela, de don Luis Alberto Sucre(1865-1942), un estudio de Oscar Martínez: Maracaibo en el siglo XVII. Sobre los sucesos, casi todos políticos, de esa ciudad y el examen, casi día a día, que fija sus hitos hasta 1640, nos ha ofrecido Alejandro Gerendas Kiss(1946) en un magnífico recuento[23].
Claro, al penetrar en el siglo XVII debemos referirnos al ensayo, que antes hemos citado, que Uslar Pietri dedicó a esta centuria[24] porque ha sido mal entendido por los autores que se refieren a él, más que todo por una poco cuidadosa lectura que no les ha permitido percibir que es a lo que don Arturo se refiere allí, que es a sólo un hecho: que ningún autor que haya vivido en esa época escribió un libro sobre esa centuria. A ella se dijo se referiría Oviedo y Baños en el segundo tomo de su obra el cual si bien fue redactado, como él mismo lo indica en las líneas finales del primer tomo[25], que es el único que fue impreso, el que conocemos como su Historia. El segundo fue destruido e incinerado por los Mantuanos para evitar se conocieran sus tropelías. Sabemos que existió escrita, es posiblemente la que tuvo entre sus libros, en México, el hermano jesuita de don José, don Juan Antonio de Oviedo(1670-1757).
A la carencia en nuestra historiografía de una historia del siglo XVII escrita por un hombre de aquella centuria, y a la carencia de testimonios literarios de aquellos cien años, es lo que se refirió Uslar en su luminoso artículo. El no negó los sucesos de ese período, ni en ningún momento se le escaparon los hechos social y políticamente creadores de esa centuria, la del asentamiento ciudadano, la del desarrollo de las ciudades, terminaba la algarabía de la conquista, que fue el suceder el siglo XVI. Y tiene razón don Arturo porque si bien las Noticias historiales de fray Pedro Simón(1581-d1623) se publicaron en 1627 en ella vuelve a tocar el siglo XVI, como lo hizo al padre Pedro de Aguado(1538-d1589), el primer historiador de Venezuela. Simón sólo toca el siglo XVII solo hasta 1619 y el único testimonio del XVII que existe son las Jornadas naúticas del padre Carvajal, que interesa también a la literatura. De allí en adelante lo que hay es silencio bibliográfico, aunque la documentación existente es numerosa, tanto que quienes han estudiado en el tiempo contemporáneo, Sucre, Morón, Martínez, Gerendas Kiss, han encontrado perfiles dignos de todo examen. También en el análisis de la documentación del período se basan las noticias que sobre el siglo XVII utilizó Herrera Luque al concebir y su desarrollar su novela histórica Los amos del valle, obra en la cual la desaparición del segundo tomo de la Historia de Oviedo y Baños es asunto sustancial, vacío que el desarrollo de su ficción trata de llenar. Los mantuanos en general son condenados por sus hechos en Los amos del valle, pero allí están los sucesos que en su documentación Herrera Luque estudió en los archivos de España como lo hicieron Morón y Martínez. Sin embargo, Herrera Luque llegó a explicar lo dificultosa que era la lectura de los papeles del siglo XVII, ya que esos tiempos las palabras se escribían pegadas unas de otras, lo cual hacía más laboriosa su lectura, como le sucedió a él cual estudió aquellas hojas.
Pero, desde luego, en aquellos tiempos, pese a los testimonios que hemos señalado, no se podía hablar de la existencia de una literatura venezolana porque una literatura “es un sistema continúo de producciones que traze el perfil original de esta comunidad”, como nos enseño Segundo Serrano Poncela(1912-1976)[26]. Y eso no sucedió aquí hasta el siglo XVIII.



[1] Trabajo leído en la sesión de “Los tertulieros se reúnen”, celebrada en la Fundación Francisco Herrera Luque, la tarde del jueves 28 de noviembre de 2013. Publicado en www.analitica.com: Caracas: noviembre 28,2013.
[2] Germán Carrera Damas: Aviso a los historiadores críticos. Caracas: Ediciones GE,1995.446 p. En cuyas páginas 155-157, nota 87. examina aquello de lo que tratamos.
[3] Alexis Márquez Rodríguez: Historia y ficción en la novela venezolana. Caracas: Monte Ávila Editores, 1991.257 p. La cita procede de la p.80
[4] Citado por Germán Carrera Damas: Aviso a los historiuadores críticos,p.155.
[5] Arnold Toynbee: Estudio de la Historia. Buenos Aires: Emecé, 1953, t.V,p.480-482.
[6] Enrique Bernardo Nuñez: La galera de Tiberio. Crónica del Canal de Panamá. Prólogo: Augusto Germán Orihuela.- Caracas: Universidad Central de Venezuela,1967. 205 p. La cita procede de la p.102. La primera edición de esta obra fue impresa en Bruges: Desclee de Browner,1938. 163 p. esta edición fue inmediatamente destruida por su autor para seguir trabajando sobre ella, la edición que cita Carrera Damas fue preparada por un grupo de amigos de Nuñez tras su deceso. Pese a ello nosotros, como crítico literario, consideramos que la edición de 1938 es superior a la de 1967. Se puede hacer el cotejo en Cubagua/La Galera de Tiberio. Prólogo: Domingo Miliani. La Habana: Casa de Las Américas,1978. XLV,239 p., en donde aparece la edición de 1938.
[7] Francisco Herrera Luque: Los viajeros de Indias,p.617-624.
[8] Mariano Picón Salas: Comprensión de Venezuela. Prólogo: Guillermo Sucre. Caracas: Monte Ávila Editores,1976. 238 p. La cita procede de la p.69.
[9] Guillermo Morón: Escritores Latinoamericanos contemporáneos. Caracas: Equinoccio,1979.387 p. La cita procede de la p.330, referencia que aparece en el capítulo en donde examina Terra nostra(1975) de Carlos Fuentes.
[10] Andrés F. Ponte: Fray Mauro de Tovar..Caracas: Editorial Cecilio Acosta,1945.359 p.
[11] Blas Millán: El agresivo obispado caraqueño de Fray Mauro de Tovar.Caracas: Tipografía Vargas,1956. XII,205 p.
[12] Francisco Herrera Luque: Los amos del valle, t.II,p.21-82. Sobre este hecho se debe consultar hoy la novela histórica de Ana Teresa Torres: La escribana del viento. Caracas: Alfa, 2013. 283 p.
[13] Luis Alberto Sucre: Gobernadores y Capitanes General de Venezuela.2ª.ed. Caracas: Litografia Tecnocolor, 1964.323 p.La cita procede de la p.131. La primera edición de esta obra, aun de vigencia plena, fue impresa en 1928.
[14] Lucas Guillermo Castillo Lara: Los Mercedarios y la vida politica y social de Caracas en los siglos XVII y XVIII. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1980. 2 vols. La cita procede del t.I,p.83. Esta parte es un buen estudio, el más certero a la hora de tratar este asunto, que se haya dedicado al obispado de fray Mauro. Esta obra es, además, una rica fuente para el estudio del siglo XVII venezolano, centuria de la cual seguimos careciendo de un mayor número de estudios, después del que nos ofrece Guillermo Morón en su Historia de Venezuela.
[15] Angel Raúl Villasana: Ensayo de un repertorio bibliográfico venezolano(1808-1950). Caracas: Banco Central de Venezuela,1969-1976. 6 vols. La cita procede de la t.V,p.599.
 [16] Ramón Díaz Sánchez: Diez rostros de Venezuela.3ra.rd. Caracas: Editorial Lisbona, 1978. 296 p. Ver: “El turbulento Obispo y su mundo”(p.81-94). La citas proceden de las p.83-85.
[17] Hemos seguido aquí, bastante de cerca, a Astrid Avendaño en “Tovar, Mauro de”, en Varios Autores: Diccionario de Historia de Venezuela. 2ª.ed.aum. Caracas: Fundación Polar,1997,t.IV,p.69-71.
[18] Consultar aquí el libro psiquiátrico de Francisco Herrera Luque: Las personalidades psicopáticas. 11.ed. Caracas: Alfaguara, 2007.221 p. Este estudio académico, especialmente concebido por sus alumnos de la Cátedra de Psiquiatría de la UCV, publicado originalmente en 1969,  nos permite comprender las ideas que aplicó a la descripción del personaje en su novela histórica Los amos del valle.
[19] Monseñor Nicolás Eugenio Navarro: Anales eclesiásticos venezolanos.2ª.ed.aum. Caracas: Tip. Ameriacana,1951. XLVI,579 p.
[20] José Antonio Cañcaño El atalaya. Nuevos estudios antiguos. Caracas: Monte Avila Editores, 1977.199 p. Ver: “Tesoro de documentos”(p.99-103). El hecho está tratado en las p.101-102.
[21] Arturo Uslar Pietri: Letras y hombres de Venzuela. Caracas: Monte Ávila Editores, 1995. 319 p. Ver: “El siglo silencioso”(p.27-31).  Alexander Olivier Exquemelin es Piratas en América. Prólogo: Carlos Barral. Barcelona: Barral Editores, 1971.225 p. Su ´primera edición apareció en 1678.
[22] José Balza: Iniciales. Anuncios de la teoría literaria enAmpérica Latina. Caracas: Monte Ávila Editores,1993.110 p.
[23] Guillermo Morón: Historia de Venezuela. Caracas: Italgráfica,1971. 5 vols; Oscar Martínez: Maracaibo en el siglo XVII. Caracas: Editorial Arte,2006;  Alejandro Gerendas Kiss: Historia de Venezuela narrada año por año,1410-1640. Caracas: Edimax, 2005. 734 p. Ver las p.691-704.
[24] Arturo Uslar Pietri:  “El siglo silencioso” en sus Letras y hombres de Venezuela,p.27-31. Este artículo fue publicado originalmente como “El siglo silencioso” en El Nacional, Papel Literario, Caracas: Octubre 29,1950,p.1.
[25] José Oviedo y Baños: Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela,p.327
[26] Segundo Serrano Poncela: La literatura occidental. Caracas: Universidada Central de Venezuela, 1971. 719  p. La cita procede de la p.570.

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