Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.

Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.
Casa de la Estrella, ubicada entre Av Soublette y Calle Colombia, antiguo Camino Real donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830, con el General José Antonio Páez como Presidente. Valencia: "ciudad ingrata que olvida lo bueno" para el Arzobispo Luis Eduardo Henríquez. Maldita, según la leyenda, por el Obispo mártir Salvador Montes de Oca y muchos sacerdotes asesinados por la espalda o por la chismografía cobarde, que es muy frecuente y característica en su sociedad.Para Boris Izaguirre "ciudad de nostalgia pueblerina". Jesús Soto la consideró una ciudad propicia a seguir "las modas del momento" y para Monseñor Gregorio Adam: "Si a Caracas le debemos la Independencia, a Valencia le debemos la República en 1830".A partir de los años 1950 es la "Ciudad Industrial de Venezuela", realidad que la convierte en un batiburrillo de razas y miserias de todos los países que ven en ella El Dorado tan buscado, imprimiéndole una sensación de "ciudad de paso para hacer dinero e irse", dejándola sin verdadero arraigo e identidad, salvo la que conserva la más rancia y famosa "valencianidad", que en los valencianos de antes, que yo conocí, era un encanto acogedor propio de atentos amigos...don del que carecen los recién llegados que quieren poseerlo y logran sólo una mala caricatura de la original. Para mi es la capital energética de Venezuela.

sábado, 15 de noviembre de 2014

La espina dorsal del cuento venezolano; por Carlos Pacheco, Luis Barrera Linares y Carlos Sandoval Por Prodavinci | 13 de noviembre, 2014

Material cedido exclusivamente para prodavinci 640

Este texto que compartimos con los lectores de Prodavinci es el prólogo al libro Propuesta para un canon del cuento venezolano del siglo XX, escrito por Carlos Pacheco, Luis Barrera Linares y Carlos Sandoval y editado por la Editorial Equinoccio. Este texto asoma los criterios con los cuales se hizo este exhaustivo trabajo y los referentes utilizados por los autores para establecer este canon.
Portada Canon
Una de las apreciaciones sobre la literatura venezolana que goza de aceptación generalizada entre los críticos es la relacionada con la singular relevancia que ha tenido el género cuento a lo largo de su trayectoria, al menos desde fines del siglo XIX. Los estudios panorámicos y las antologías de nuestra ficción breve suelen enfatizar no solo el interés, aprecio y prestigio notables de la narración corta entre nuestros escritores, sino también que, en no pocas ocasiones, el cuento ha actuado como una suerte de laboratorio de las transformaciones que se anuncian en la escritura creativa, cual señero marcador de las innovaciones estéticas. Araujo (1988: 298), por ejemplo, llegó a caracterizarnos como “el país de los cuentos”; un espacio geográfico latinoamericano que efectivamente cuenta en su patrimonio literario con varios maestros del breve narrar como José Rafael Pocaterra, Julio Garmendia, Arturo Uslar Pietri, Gustavo Díaz Solís, Guillermo Meneses, Oswaldo Trejo, Alfredo Armas Alfonzo, Salvador Garmendia o José Balza, para nombrar solamente a algunos de los consagrados. El mismo Uslar Pietri, en uno de los ensayos de Letras y hombres de Venezuela, se refiere a esa supremacía de la ficción breve al afirmar que “No tiene manifestación más alta la literatura venezolana, ni en ninguna forma se ha revelado con más poderosa y varia espontaneidad su genio propio.” ([1948] 1995: 225)
En efecto, a pesar de que a la hora de la publicación, la mejor acogida de los editores comerciales suele ser para la novela por considerarla más popular y por tanto de mayor rendimiento comercial, como formato discursivo de particular exigencia y posibilidades estéticas, el cuento no ha dejado de ser valorado no solo por quienes practican su escritura y por los lectores comunes, sino también por esos lectores profesionales que son los críticos literarios y por diversas instituciones del sistema literario nacional. Ese aprecio se ha manifestado, por ejemplo, en la notoria cantidad y diversidad de certámenes que le son dedicados, desde premios de larga trayectoria y repercusión, como el Concurso Anual de Cuentos de El Nacional, establecido en 1946, hasta modestas convocatorias regionales o internas de universidades, municipios y ateneos. Otra muestra del interés por el cuento se encuentra en la proliferante oferta de talleres de narrativa breve que se hicieron populares desde los años setenta del siglo XX y permanecen accesibles en instituciones educativas y culturales, públicas y privadas. Se expresa también en las diversas antologías, parciales o panorámicas, de autoría individual o colectiva, con las que hoy contamos, que cada vez son más sistemáticas y profesionales. Tenemos igualmente no pocos estudios críticos sobre el proceso de nuestra cuentística. De tales antologías y estudios, ofrecemos dos selecciones bibliográficas al final de este volumen.
Al considerar ese protagonismo del cuento en nuestra vida literaria nacional, cerrado ya el arco del siglo XX y transcurrida la primera década del XXI, surgió la idea de hacer un análisis diferente, relacionado con la consideración crítica de aquellos selectos volúmenes de cuentos que han marcado pauta en el desarrollo del género, aquellos cuya huella resulta perceptible en posteriores cuentistas; los que –debido a su impacto o influjo– pueden considerarse hitos dentro de ese proceso. Por ello en el presente compendio ofrecemos un balance crítico que se propone complementar los estudios y selecciones ya existentes.
La idea nos fue planteada hace aproximadamente cuatro años por nuestro apreciado colega Rafael Arráiz Lucca, quien presidía por entonces la Fundación para la Cultura Urbana. Para aquel momento él adelantaba ya, junto con Joaquín Marta Sosa, un proyecto similar encaminado a valorar críticamente aquellos poemarios que pudieran considerarse canónicos en la poesía venezolana. Marta Sosa asumió la coordinación del proyecto atinente a la poesía y del volumen crítico resultante, compuesto por los trabajos de 20 especialistas acerca de 43 obras poéticas distinguidas. Tanto la valoración crítica colectiva de los poemarios como la de los volúmenes de cuentos que aquí presentamos forman parte de la colección Papiros de Equinoccio, la editorial de la Universidad Simón Bolívar. Ojalá esta secuencia pudiera enriquecerse en el futuro con indagaciones críticas similares orientadas a valorar otros ámbitos genéricos discursivos como la novela, la dramaturgia, el ensayo, la crónica, etc.
Desde que recibimos la invitación de Arráiz Lucca nos pareció absolutamente pertinente el proyecto. Seleccionar los volúmenes de cuentos que podrían ser valorados como la espina dorsal del género en la literatura venezolana y convocar la contribución de un grupo de especialistas que prepararan estudios críticos sobre cada uno de ellos, resultaba a nuestro criterio muy oportuno y podía constituir un aporte de significación. Consideramos que no solo ayudaría a profundizar en el conocimiento de la narrativa corta más sustantiva e influyente —al estimular la discusión entre los críticos, investigadores, escritores y lectores en general— sino que podría ser también instrumento docente y de divulgación, al convertirse –para venezolanos y extranjeros interesados por nuestra literatura– en una especie de itinerario estético e histórico maestro a través de los libros medulares del género.
Desde un principio los coordinadores trabajamos como un equipo que se valió de la discusión y el diálogo para ir llegando a acuerdos en los diversos aspectos teóricos, metodológicos y prácticos del proyecto. Mediante intercambio directo y electrónico, fuimos avanzando en primer lugar en el deslinde de los criterios que nos permitirían seleccionar a los autores que consideramos merecedores de ser incluidos en esta suerte de canon.
El primero entre estos criterios tiene que ver naturalmente con el género mismo. Nos propusimos incluir en la selección aquellos libros que –a juicio unánime del equipo– significaron una innovación temática, estilística o formal de consecuencias apreciables en el desarrollo posterior del cuento venezolano. No buscamos necesariamente la presencia de los narradores más famosos o de trayectoria intelectual más distinguida. Tampoco, incorporar a nuestros más importantes autores que hubieran practicado la ficción breve. Eso explica (y los ejemplos no pueden ser de mayor relieve) la difícil decisión de excluir a figuras tan emblemáticas y tan influyentes en nuestra cultura nacional como Rómulo Gallegos o Adriano González León, incluso muy a pesar de su apreciable producción cuentística. Creímos necesario, en cambio, incorporar otros cuentistas de repercusión literaria y cultural mucho más modesta, cuya propuesta estética hubiese tenido –para nosotros– algún impacto e influencia formal, estilística, temática, lingüística o de cualquiera otra naturaleza en el desarrollo posterior del género. Autores que por una u otra razón marcaron en su momento el devenir de la narración corta venezolana.
En la mayoría de los casos, se ha seleccionado un libro de cuentos específico por cada autor, esto es, el volumen portador de esa propuesta que resultó influyente y marcadora. La selección se abre sin embargo a algunas excepciones, en las que, en lugar de seguir esa pauta general, nuestra atención se ha fijado en cuentos selectos independientes (Pedro Emilio Coll) o en más de un libro (Gustavo Díaz Solís).
 De modo que 19 voces y estilos críticos se acercan aquí, desde diversas metodologías de análisis y enfoques, a los 31 autores a quienes nosotros proponemos como los cuentistas que a nuestro juicio serán el hilo referencial para quien desee acercarse a la historia del cuento venezolano del siglo pasado. De acuerdo con nuestras pesquisas, el proceso se inicia con el libro Confidencias de Psiquis (1896), de Manuel Díaz Rodríguez. En consecuencia, su año de publicación marca para nosotros el temprano comienzo de una centuria de aciertos narrativos que vendría a cerrarse a mediados de la década de los noventa del XX. Creemos firmemente que la historia posterior del cuento nacional será muy otra y futuros trabajos críticos habrán de ocuparse de los rasgos de continuidad o ruptura con este corpus que aquí ofrecemos.
Hemos usado letras cursivas para las palabras canon y canónico, porque ambos términos merecen aclaración. No se trata en absoluto de una concepción rígida, cerrada sobre posiciones esquemáticas o reduccionistas. Para nada tenemos la pretensión de otorgar a este conjunto la jerarquía inamovible o pétrea estabilidad que encontramos tan criticable en programas canónicosestrictos como el célebre y no menos polémico paradigma de Bloom ([1994] 2005) en su libro El canon occidental… Ahora bien, el comprensible rechazo a esta aplicación extrema de lo canónicopor su pretensión no solo absolutista sino también eurocéntrica (o más bien anglonorteamericanista), no significa la necesaria clausura de toda posibilidad de un análisis del funcionamiento canónico en determinados contextos literarios y artísticos particulares, tal como lo expone Landa en su sustantivo estudio Canon city (2010). Afortunadamente contamos hoy con aproximaciones conceptuales más flexibles, amplias y sutiles, con acercamientos más actuales y abiertos a la postulación de un canon en la literatura.
En efecto, usamos la noción de canon y su adjetivo correspondiente en una acepción extremadamente sencilla, similar a la definición que propone por ejemplo  Sullà (1998: 12): “…una lista o elenco de obras consideradas valiosas y dignas por ello de ser estudiadas y comentadas.” Es también una concepción siempre relativa y abierta: aquella que corresponde a un conjunto de obras de distinguida calidad que, como expresábamos más arriba, han tenido reconocida repercusión en la trayectoria del género; en otras palabras, aquellas que por algún motivo han marcado pauta o abierto caminos posibles para otros escritores.
Como críticos y como investigadores tenemos plena conciencia de los cambios –históricos, geográficos y estéticos– a los que es sometida constantemente la propia noción de lo canónico. La rigidez y la inamovilidad que alguna vez sirvieron de base a este concepto tienen hoy muy poca vigencia a la luz del análisis discursivo de la literatura y de las orientaciones más recientes de la crítica literaria profesional. Cambia la literatura, avanza el tiempo en que esta se difunde, se modifican los parámetros artísticos y, como es natural, muta inmediatamente lo canónico que en un momento pueda caracterizarla. En consecuencia, ofrecemos aquí un enfoque centrado en nuestra experiencia con lo que fue la narrativa breve del siglo xx venezolano y, quizás, hispanoamericano. Pero el conjunto es apenas una posibilidad en la que seguramente –a la luz de otras miradas– sobran o faltan autores, cuentos o, incluso, libros.
Por tanto, la lista que fue emergiendo de la aplicación de estos criterios no es más que una propuesta a la vez antológica y crítica que ponemos sobre la mesa con la invitación de que sea discutida, retada, comentada o completada con la debida argumentación. Esa sana relatividad se refleja además en el título: Propuesta para un canon del cuento venezolano del siglo XX, en el que también se limita adecuadamente nuestro corpus en su aspecto genérico y restringido a una particular literatura nacional y a un lapso específico.
La organización del libro está determinada por la fecha de publicación del texto principal elegido como objeto de cada uno de los estudios críticos que lo conforman. Para mayor claridad y facilidad de ubicación en el índice, preferimos sin embargo remitir en los títulos al nombre del cuentista autor y a su(s) principal(es) característica(s). No creemos necesario comentar aquí cada texto, pues ellos se explican por sí mismos.
Los autores de los trabajos fueron seleccionados por su demostrado conocimiento de la narrativa venezolana en general y del cuentista respectivo, entre críticos activos de diversas promociones. La inmensa mayoría son docentes e investigadores de la literatura vinculados a universidades e instituciones dentro o fuera de Venezuela. En las páginas finales se ofrece un breve perfil biobibliográfico de cada uno de ellos. Al solicitar los textos, entregamos a cada autor(a) unas pautas básicas de forma y contenido, unos lineamientos que sirvieran para unificar el conjunto, sin perjudicar algunas preferencias individuales. De allí que, como suele suceder en los libros colectivos, en el resultado final se manifiesta la también natural diversidad de estilos, metodologías, apoyo documental y hasta modalidad de citación o referencia de fuentes. Y aunque realizamos algunas intervenciones en el manuscrito en pro de homogeneizar en lo posible dichos formatos individuales, por respeto a quienes aceptaron desinteresadamente colaborar con el proyecto, se mantiene la marca personal de cada uno, sin perjudicar la eficiencia comunicativa de los artículos. No podía ser de otro modo.
Gracias a todos por haberse sumado a una tarea cuya principal compensación es el entusiasmo. Gracias también a la Editorial Equinoccio de la Universidad Simón Bolívar porque, entre sus múltiples líneas editoriales, ha permanecido siempre atenta a estimular y difundir todo lo que tiene que ver con la investigación y la creación literarias.
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REFERENCIAS
Araujo, O. (1988). Narrativa venezolana contemporánea. Caracas: Monte Ávila Editores.
Bloom, H. ([1994] 2005). El canon occidental: la escuela y los libros de todas las épocas (trad. Damián Alou). Barcelona: Anagrama.
Landa, J. (2010). Canon city. Caracas: bid & co. editor.
Sullà, E. (1998). El canon literario. Madrid: Arco / Libros.
Uslar Pietri, A.  ([1948] 1995). Letras y hombres de Venezuela. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana.

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