Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.

Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.
Casa de la Estrella, ubicada entre Av Soublette y Calle Colombia, antiguo Camino Real donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830, con el General José Antonio Páez como Presidente. Valencia: "ciudad ingrata que olvida lo bueno" para el Arzobispo Luis Eduardo Henríquez. Maldita, según la leyenda, por el Obispo mártir Salvador Montes de Oca y muchos sacerdotes asesinados por la espalda o por la chismografía cobarde, que es muy frecuente y característica en su sociedad.Para Boris Izaguirre "ciudad de nostalgia pueblerina". Jesús Soto la consideró una ciudad propicia a seguir "las modas del momento" y para Monseñor Gregorio Adam: "Si a Caracas le debemos la Independencia, a Valencia le debemos la República en 1830".A partir de los años 1950 es la "Ciudad Industrial de Venezuela", realidad que la convierte en un batiburrillo de razas y miserias de todos los países que ven en ella El Dorado tan buscado, imprimiéndole una sensación de "ciudad de paso para hacer dinero e irse", dejándola sin verdadero arraigo e identidad, salvo la que conserva la más rancia y famosa "valencianidad", que en los valencianos de antes, que yo conocí, era un encanto acogedor propio de atentos amigos...don del que carecen los recién llegados que quieren poseerlo y logran sólo una mala caricatura de la original. Para mi es la capital energética de Venezuela.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Jesús Tenreiro Degwitz por Federico Vegas

Jesús; por Federico Vegas

Por Federico Vegas | 12 de julio, 2015
En días recientes se celebró el día del arquitecto. Prefiero 
los recuerdos a 
las celebraciones, y terminé juntando estas notas y 
fragmentos de ensayos 
sobre el profesor que más he admirado.
Jesús Tenreiro Degwitz (1936 -2007) // Fotografía de Pablo Rodríguez.
Jesús Tenreiro Degwitz (1936 -2007) // Fotografía de Pablo Rodríguez.
Cuando conocí a Jesús tenía un yeso desde el tobillo hasta el fémur. 
Apareció en el cafetín
de la Facultad de Arquitectura y venía, según recuerdo, de tener un
enfrentamiento
 terrible en el Consejo de Facultad. Era tentador relacionar el yeso con
el conflicto,
asociar la fractura de aquel profesor alto, fibroso, y rostro de Orlando
“El furioso”,
a una patada prodigiosa, pero algo en su expresión no cuadraba con
aquella primera
impresión. Sus movimientos elegantes y contenidos me llevaron a intuir
que era un tipo
dado a las aventuras espirituales, alguien que concedía a las contiendas
físicas apenas el mínimo inevitable.
En ese tiempo yo sólo conocía de su obra una imagen del edificio
de la CVG en
CiudadGuayana. Era una foto aérea, pequeña, borrosa, que había
aparecido en
alguna revistade  la Facultad; sin embargo, era más que suficiente
para justificarsu leyenda y mi admiración.
Visité el edificio veinticinco años más tarde y me conmovió tanto como la
primera vez. Me refiero a que a lo largo de mi visita me mantuve en un
mismo estadode asombro y suspenso, pues no lograba acostumbrarme,
saciarme con a la poesía dellugar, y cada vez que cerraba y abría los ojos
me sentía ante una nueva revelación.
Edificio CVG (Corporación Venezolana de Guayana), Ciudad Guayana, Estado Bolívar (1967-1968)
Edificio CVG (Corporación Venezolana de Guayana), Ciudad Guayana,
Estado Bolívar
(1967-1968) // Haga click en la imagen para ver en tamaño completo.
Al instante la geometría precisa y legible se apodera del espectador; luego
vienen las
segundas y terceras lecturas. Esa mañana de mi visita recordé las
pirámides y los
grabados del templo de Salomón; disfruté del juego y el rigor del
diálogo entre el
ladrillo y la estructura de hierro; me llené de ideas y sensaciones
sobre alma y
carácter, frescura y austeridad. Es, sin duda alguna, el edificio de mis
contemporáneos
(palabra que se expande después que uno cumple los cincuenta años)
que más me ha invitado a pensar.
Regresemos al accidente. Fue diez años mas tarde cuando supe el
origen de aquel yeso.
Jesús Tenreiro había estado viajando en un velero con unos amigos y
 pernoctaban en Curazao. Estaba sentado en un muelle tarde en la noche
conversandocon un amigo, y las largas piernas le colgaban en la oscuridad
rozando un mar casiinmóvil.
Como todo preámbulo de un accidente, él recuerda bien los detalles de
aquella conversación; no solo el tema, también la sensación de paz, o
quizás el placentero esfuerzo de convertir pensamientos confusos y
profundos en ideas nítidas,racionales, compartidas.
Mientras los dos amigos miraban las estrellas,
los fondososcuros del mar hacían de las suyas, y algún velero mal amarrado
se fue acercandolentísimo y silencioso hasta que, de pronto, le aprisionó a
Jesús la tibia y el peronécontra el borde del muelle.
Aquel quiebre sorpresivo parecía ser una señal que
venía de la aguas ilegibles y lo mordía en medio de su discurso apolíneo.
No era unafractura que surgía de la acción, sino de la contemplación.
Aldo Rossi explora en su Autobiografía Científica el sentido de las
fracturas.
Cuenta de un terrible accidente en automóvil que lo dejó  por semanas
en la cama
de un hospital de Belgrado pensando “en la presencia de las cosas y
en su separaciónde las cosas”.
El proyecto para el cementerio de Módena lo concibió mientras
percibía a su propio esqueleto como una serie de fracturas que debían ser
 reensambladas.
Planta general, cementerio de San Cataldo en Modena. Aldo Rossi y Gianni Braghieri, Modena (Italia), 1971-1984. // Haga click en la imagen para ver en tamaño completo.
Planta general, cementerio de San Cataldo en Modena. Aldo Rossi y Gianni
Braghieri, Modena (Italia), 1971-1984. // Haga click en la imagen para ver
en tamaño completo.
La “contemplación” también tiene mucho que ofrecernos. “Templa”
era para los romanos la practica de hacer augurios. Según esto, “templar”
viene a ser el arte de prefigurar mientras se observa un espacio.
El etimologista Varrón le da en tiempos de Augusto un triple sentido,
el “natural” que se centra en el cielo, el
“auspicial” en la tierra y el “analógico” bajo la tierra. Luego nos da
ejemplos de“los grandes Templos de los dioses celestiales de
resplandecientes estrellas
salpicados”, y de los “Profundos e infernales templos ‘aquerónticos’
del Orco”.Es difícil mientras se conversa con un amigo mantener una
vigilia que nospermita comprender órbitas celestes y corrientes marinas,
luminosidad y oscuridad,certezas y misterios.
La capacidad de contemplar que alerta nuestro sentido de lo
natural no suele ir de la mano con la de auspiciar y asumir el drama de las
verdaderas analogías.
Jesús siempre estaba pendiente tanto de las señales en el firmamento
como de lasque brotaban de las profundidades de la tierra.
El poeta W.H. Auden habla de tres
tipos de héroe, el estético, el ético y el religioso. Jesús era un héroe
religioso.
La heroicidad religiosa no es transferible de un individuo a otro, pues
su tema no
es una verdad universal sino absoluta. Por esta razón el héroe religioso
tiende a no relacionarse con los demás.
No puede transmitir sus conocimientos sino tan sólo su
pasión. Y aquí llegamos, según Auden, a la mayor trampa en que caen
estos héroes:
no pueden encontrar otro amor que el de la entrega; digamos que
el amor por el amor mismo.
La última conclusión del poeta es dura: “Es usualmente la miseria y
no la felicidad su verdadera tentación”.
En nuestra arquitectura a Jesús Tenreiro le tocó asumir el drama y las
metas de los héroes religiosos.
El lograba hacer casas con el espíritu de un templo, y templos con
la dulzura de una casa. Su obra, cuentos y hazañas rebasan el tema
de este ensayo;
por ahora sólo quiero decir que asumió plenamente la tragedia de
una pasión de la cual le resulta imposible deshacerse.
O si debería darles al menos un ejemplo. Cuando estaba diseñando
la Abadía deGüigüe debió convencer a los benedictinos sobre un
acabado para la cubierta, muy bello pero muy costoso.
Los monjes dudaban con
el estribillo de “pero nadie lo ve”,y Jesús utilizó un lógico argumento para
aquellos cultos clientes:
—¿Y qué hay de los ángeles de quiénes tanto hemos hablado?
Abadía Benedictina San José, Güigüe, Estado Carabobo (1986-1990). // Fotografía de Oswaldo Durán. // Haga click en la imagen para ver en tamaño completo.
Abadía Benedictina San José, Güigüe, Estado Carabobo (1986-1990). //
Fotografía de Oswaldo Durán. // Haga click en la imagen para ver en
tamaño completo. Premio nacional de Arquitectura 1991
Hay otro ejemplo similar, pero desde la visión de un héroe ético y menos
apocalíptico,
pues simplemente se trata de alguien que sabe en un momento dado
algo que los otros desconocen y pueden aprender.
Cuando el arquitecto Galia estaba supervisando la construcción de
la torre deSeguros Orinoco, un día encontró un error con la colocación
de los ladrillos enlo más alto de la torre.
Cuando Galia decidió rehacer aquel borde casi
inaccesible,el maestro de obra le dijo:
—Pero arquitecto, eso nadie lo ve.
Entonces Galia le preguntó:
—Maestro, ¿supongo que usted tiene los interiores limpios?
—¡Por supuesto, arquitecto!
—Y fíjese que nadie los ve.
Cuando empecé a dar clases en la Facultad de Arquitectura, entré en
el taller que
Jesús dirigía. En aquellos semestres comenzaba a sufrir de fiebre alta
un movimiento
llamado “renovación”. Aquel otoño criollo de un mayo francés
terminaba, como
todo movimiento que intenta vender a un mismo tiempo dogmas y
libertad, en un
caos amorfo. En medio de aquel desconcierto todo discurso que
tuviera apariencias de coherencia era válido, aún estaba “prohibido
prohibir”; mientras mas disparatada
la propuesta mas serios eran los fundamentos, más interminables y
profusas las presentaciones.
La actitud de Jesús ante aquella perplejidad institucional fue
evidenciarla mediante un caos genuino. Caos que, bajo su tutela,
sería un estado de gracia y un desconcierto aleccionador.
El instituyó la costumbre de pasar a los realmente malos con 11.
Su máxima pedagógica, para con esos estudiantes que
dudan entre el desinterés y la brutalidad, establecía: “Mientras
más pronto se gradúen y salgamos de ellos, mejor”.
Uno de sus alumnos tenía un tío que estaba por construir una fábrica
de cerveza.
El astuto sobrino se presentó con unos planos técnicos recién llegados
de Alemania,
levemente camuflados con Prismacolor. Los profesores nos sentamos
a escucharsu disertación inexpugnable a través de rutas de camiones,
correas transportadoras,tolvas, y calderas.
A medida que avanzaban las ristras de botellas se veía venir
el silencio que deja tras de si lo exhaustivo y mediocre. A mitad de
camino Jesús rompió el sopor de aquella cadena productiva preguntando:
— ¿Y de donde crees tú que viene la cerveza?
El alumno tenía en sus carpetas todos los datos sobre la fabricación,
 pero nada de
los orígenes, sin embargo respondió con aires cosmopolitas.
— Profesor… Yo presumo que de Munich.
Jesús comenzó entonces una larga y bella explicación. Se remontó
a Egipto, donde Isis, Diosa de la naturaleza, había intentado seducir a
Osiris, un Dios hiperactivo.
Isis nada lograba, hasta que una noche fermentó cebada y se la
dio a beber a
Osiris, quien quedó sumido en una perezosa sensualidad y poseyó
a la primera cervecera, cuya imagen, y no un oso, debería estar en
las latas de Polar.
Esta era la idea central, pero además nos habló, hasta estremecernos
con las ganasde beber y de diseñar en serio, de las propiedades de las
aguas del Nilo, de las
liturgias fúnebres, de magia y de mieles, de sol y columnatas.
Y hubiera seguido
hasta llegar a Grecia, pero el alumno logró armarse de valor y lo
interrumpió:
—Pero Profesor Tenreiro, ¿Yo no entiendo en que se relaciona
todo eso con mi proyecto?
Y Jesús le respondió:
—Precisamente, en nada.
Tuve la inmensa suerte de ser su amigo. Pero fue a su muerte cuando
logré escribir las palabras con que hubiera querido agradecer su amistad:
Cuando todos veíamos a la arquitectura como un cuerpo, él nos 
enseñó que 
había un alma.
Cuando todos teníamos una actitud triunfante, él nos enseñó una 
dimensión trágica más profunda. 
Cuando todos buscábamos clientes, él nos enseñó 
a atender los mandatos de los dioses.
Cuando todos queríamos ser actuales, él nos enseñó los valores 
de lo eterno.
Cuando todos queríamos ser originales, él nos habló de los orígenes.
Todos estos giros, muchos de esos dolorosos, lo convirtieron en 
un guerrero solitario; no importa cuántos tratamos de seguirlo, 
de imitarlo, de quererlo.

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