Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.

Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.
Casa de la Estrella, ubicada entre Av Soublette y Calle Colombia, antiguo Camino Real donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830, con el General José Antonio Páez como Presidente. Valencia: "ciudad ingrata que olvida lo bueno" para el Arzobispo Luis Eduardo Henríquez. Maldita, según la leyenda, por el Obispo mártir Salvador Montes de Oca y muchos sacerdotes asesinados por la espalda o por la chismografía cobarde, que es muy frecuente y característica en su sociedad.Para Boris Izaguirre "ciudad de nostalgia pueblerina". Jesús Soto la consideró una ciudad propicia a seguir "las modas del momento" y para Monseñor Gregorio Adam: "Si a Caracas le debemos la Independencia, a Valencia le debemos la República en 1830".A partir de los años 1950 es la "Ciudad Industrial de Venezuela", realidad que la convierte en un batiburrillo de razas y miserias de todos los países que ven en ella El Dorado tan buscado, imprimiéndole una sensación de "ciudad de paso para hacer dinero e irse", dejándola sin verdadero arraigo e identidad, salvo la que conserva la más rancia y famosa "valencianidad", que en los valencianos de antes, que yo conocí, era un encanto acogedor propio de atentos amigos...don del que carecen los recién llegados que quieren poseerlo y logran sólo una mala caricatura de la original. Para mi es la capital energética de Venezuela.

lunes, 26 de octubre de 2015

El Carabobeño 25 de Octubre de 2015 JESÚS LUGO || San Diego, su pasado reciente y sus costumbres

Jesús María Lugo Peña || cuevaeloro57@yahoo.es
Terminábamos nuestro relato anterior  conversando acerca de los “componedores “de cochino” que para ese entonces se dedicaban a tan recordados procederes en nuestro querido pueblo. Hoy quiero referirme a ellos de modo personalizado para tenerlos presente en nuestras memorias. 
Uno de ellos llamado Eladio Colmenares, mejor conocido como “tiro largo” por ser un flaco de elevada estatura que cuando jugaba bolas criollas en contra del “mister” Pedro Pablo Bordones, le lanzaba el mingo muy lejos para llevarle ventaja en el juego. En contraposición a su tamaño existía un hombre bajito que había perdido buena parte del muslo y la pierna derecha, nunca supe la causa de esa mutilación ni tampoco su verdadero nombre, era conocido como “el mocho Carabobo”, que se caracterizaba por ponerle una especie de estaca a su “tocón” de muslo ‘para mantenerse erguido. 
El tercero de ellos era Blas Ledezma, hombre de recia figura quien desgraciadamente murió como consecuencia de un tétanos y a mí me correspondió atenderlo en sus últimos momentos de vida, que me resultaron tormentosos ante la impotencia para salvarlo. 
Otro era un ser callado, bajo de estatura también que vivía frente a “casupo” Piñero cerca de los Yaguaro y, finalmente me quiero referir a quien considero la persona que mejor adobaba y hacía los chicharrones más sabrosos, se trata de Carlitos Peña llamado “el iguano”. 
Como pueden apreciar contábamos con los insumos necesarios para comer proteínas, éramos felices y no lo sabíamos; una característica importante era de colocar una bandera blanca en el extremo de una larga vara de bambú, para señalar el sitio donde se estaba sacrificando el cochino y en el momento de estar todo listo para su venta,incluido el abalorio, se lanzaba un cohete y la gente acudía ‘presurosa para no quedarse como las guayaberas, por fuera, en la compra por agotarse la misma con prontitud. 
Ahora quiero conversar acerca de la riqueza pecuaria de ese entonces, constituíamos un verdadero emporio en la producción de leche para la época vale decir que solo la Hacienda “la Caracara” de los Giménez sacaba en promedio más de cinco mil litros de leche por día, a eso le podíamos sumar la producción de “Monteserino” de los González, De Natividad Márquez en “el Portachuelo”, La “Cumaca de Tomás Lago, la del Higuerote de José Isabel Moreno, La de “YUMA” de Francisco Antonio Giudice,la de “castillito de Carlos Lozano, la de Ana Gómez y la de otros pequeños proveedores. 
De eso solo quedan los recuerdos en virtud del desarrollo experimentado en la zona, donde se han visto sustituidas esas productivas haciendas, por el cemento, la arena y el hierro, conformando hoy día las grandes y modernas urbanizaciones. 
Es propicia la ocasión para recomendarles a quienes tienen el privilegio de administrar el municipio, la conveniencia de conformar y estructurar un programa que contemple la reforestación de esos cerros circundantes al pueblo, mediante un serio  estudio por expertos de las plantas a sembrar, para conservar las fuentes de agua todavía existente y disminuir en unos grados la temperatura de la zona como ha sido comprobado en los sitios donde se ha realizado. 
En otra oportunidad continuaré mis recuerdos  que se mantienen imborrables esperando que los nuevos habitantes conozcan un poco el terreno donde ahora viven.

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