Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.

Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.
Casa de la Estrella, ubicada entre Av Soublette y Calle Colombia, antiguo Camino Real donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830, con el General José Antonio Páez como Presidente. Valencia: "ciudad ingrata que olvida lo bueno" para el Arzobispo Luis Eduardo Henríquez. Maldita, según la leyenda, por el Obispo mártir Salvador Montes de Oca y muchos sacerdotes asesinados por la espalda o por la chismografía cobarde, que es muy frecuente y característica en su sociedad.Para Boris Izaguirre "ciudad de nostalgia pueblerina". Jesús Soto la consideró una ciudad propicia a seguir "las modas del momento" y para Monseñor Gregorio Adam: "Si a Caracas le debemos la Independencia, a Valencia le debemos la República en 1830".A partir de los años 1950 es la "Ciudad Industrial de Venezuela", realidad que la convierte en un batiburrillo de razas y miserias de todos los países que ven en ella El Dorado tan buscado, imprimiéndole una sensación de "ciudad de paso para hacer dinero e irse", dejándola sin verdadero arraigo e identidad, salvo la que conserva la más rancia y famosa "valencianidad", que en los valencianos de antes, que yo conocí, era un encanto acogedor propio de atentos amigos...don del que carecen los recién llegados que quieren poseerlo y logran sólo una mala caricatura de la original. Para mi es la capital energética de Venezuela.

viernes, 10 de julio de 2015

Papa Francisco invitó “digamos no a las viejas y nuevas formas de colonialismo. Digamos sí al encuentro entre pueblos y culturas”. A propósito del colonialismo, Francisco destacó un punto importante: “Les digo, con pesar: se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios”. Y al igual que dijo Juan Pablo II, el Pontífice invitó a la Iglesia a que «se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos» por su parte A los religios@s y sacerdotes el Papa Francisco les recordó" “La compasión no es zapping, no es silenciar el dolor, por el contrario, es la lógica propia del amor. Es la lógica que no se centra en el miedo sino en la libertad que nace de amar y pone el bien del otro por sobre todas las cosas”, ha subrayado, al tiempo que ha exhortado a pasar de la indiferencia del zapping al “ánimo, levántate”.Evo Morales, Presidente de Bolivia argumentó tener enormes coincidencias con el Sumo Pontífice acerca del capitalismo, sobre la Madre Tierra y la justicia social, “por eso desde el momento en que lo conocí hace dos años en Brasil, yo dije ahora sí tengo Papa”

Francisco reprueba la espiritualidad del zapping


16.00. Santa Cruz de la Sierra. En el encuentro con los sacerdotes, religiosos y seminaristas, el Papa lamentó la actitud de los que ya no son pastores, sino capataces
Por Iván de Vargas
Madrid, 10 de julio de 2015 (ZENIT.org)
El papa Francisco se ha trasladado este jueves por la tarde al “Coliseo Don Bosco” de Santa Cruz de la Sierra, para participar en un multitudinario y festivo encuentro con sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas.
La reunión ha comenzado con el saludo de bienvenida al Santo Padre por parte de monseñor Roberto Bordi, obispo responsable de acompañar a la Vida Consagrada en Bolivia, seguido de un momento de oración. Asimismo, el Pontífice ha escuchado atentamente los testimonios de un sacerdote, una religiosa y un seminarista.








A continuación, el Papa ha pronunciado un discurso plagado de anécdotas y buen humor. Dirigiéndose a todos los presentes, ha lamentado la actitud de quienes hacen 'zapping' ante el dolor de su gente y no logran involucrarse en sus vidas.
“Podríamos llamarlo, la espiritualidad del zapping. Pasa y pasa, pero nada queda. Son quienes van atrás de la última novedad, del último best seller pero no logran tener contacto, relacionarse, involucrarse”, ha explicado Francisco.
En su alocución, el Santo Padre ha reflexionado sobre el pasaje del Evangelio que narra la experiencia de Bartimeo, para comentar las formas de reaccionar “frente al dolor de aquél que está al borde del camino, de aquél que está sentado sobre su dolor”. “Tres son las respuestas frente a los gritos del ciego. Podríamos decirlo con las palabras del propio Evangelio: pasar, cállate, ánimo, levántate”​, ha dicho.
“La compasión no es zapping, no es silenciar el dolor, por el contrario, es la lógica propia del amor. Es la lógica que no se centra en el miedo sino en la libertad que nace de amar y pone el bien del otro por sobre todas las cosas”, ha subrayado, al tiempo que ha exhortado a pasar de la indiferencia del zapping al “ánimo, levántate”.
El Pontífice ha reprobado esa tentación de naturalizar el dolor, de acostumbrarse a la injusticia. “Nos decimos: es normal, siempre ha sido así. Es el eco que nace en un corazón blindado, cerrado, que ha perdido la capacidad de asombro y por lo tanto, la posibilidad de cambio”, ha apuntado.
También ha puesto en evidencia a quien dice: “Cállate, no molestes”. Al respecto, ha bromeado sobre el cura que dice a la madre que saque de la Iglesia al niño, porque está llorando mientras él está predicando.
El Papa ha criticado además la casta de religiosos que poco a poco se separa de su pueblo. “Han hecho de la identidad una cuestión de superioridad. Esa identidad se hace superior. Ya no son pastores, sino capataces”, ha enfatizado.
“Escuchan pero no oyen, ven pero no miran. La necesidad de diferenciarse les ha bloqueado el corazón. La necesidad de decirse: no soy como él, como ellos, los ha apartado no sólo del grito de su gente, ni de su llanto, sino especialmente de los motivos de alegría”, ha asegurado.
Por último, Francisco ha recordado que “en Ecuador me permití decirles a los curas y a las monjas que pidan todos los días la gracia de la memoria, de no olvidarse de dónde te sacaron. Te sacaron de detrás del rebaño, no te olvides, no niegues tus raíces”. La celebración ha concluido con la bendición final y el canto de la Salve en latín.
Texto completo del discurso del Santo Padre con los Movimientos Populares

Texto completo del discurso del Santo Padre con los Movimientos Populares
17.30. Santa Cruz de la Sierra. El Santo Padre clausura en Bolivia el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares
Por Redacción
Ciudad del Vaticano, 10 de julio de 2015 (ZENIT.org)
Buenas tardes a todos.
Hace algunos meses nos reunimos en Roma y tengo presente ese primer encuentro nuestro. Durante este tiempo los he llevado en mi corazón y en mis oraciones. Me alegra verlos de nuevo aquí, debatiendo los mejores caminos para superar las graves situaciones de injusticia que sufren los excluidos en todo el mundo. Gracias Señor Presidente Evo Morales por acompañar tan decididamente este Encuentro.
Aquella vez en Roma sentí algo muy lindo: fraternidad, garra, entrega, sed de justicia. Hoy, en Santa Cruz de la Sierra, vuelvo a sentir lo mismo. Gracias por eso. También he sabido por medio del Pontificio Consejo Justicia y Paz que preside el Cardenal Turkson, que son muchos en la Iglesia los que se sienten más cercanos a los movimientos populares. ¡Me alegra tanto! Ver la Iglesia con las puertas abiertas a todos Ustedes, que se involucre, acompañe y logre sistematizar en cada diócesis, en cada Comisión de Justicia y Paz, una colaboración real, permanente y comprometida con los movimientos populares. Los invito a todos, Obispos, sacerdotes y laicos, junto a las organizaciones sociales de las periferias urbanas y rurales, a profundizar ese encuentro.
Dios permite que hoy nos veamos otra vez. La Biblia nos recuerda que Dios escucha el clamor de su pueblo y quisiera yo también volver a unir mi voz a la de Ustedes: las famosas “tres t” tierra, techo y trabajo para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dije y lo repito: son derechos sagrados. Vale la pena, vale la pena luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra.
1. Empecemos reconociendo que necesitamos un cambio. Quiero aclarar, para que no haya malos entendidos, que hablo de los problemas comunes de todos los latinoamericanos y, en general también, de toda la humanidad. Problemas que tienen una matriz global y que hoy ningún Estado puede resolver por sí mismo. Hecha esta aclaración, propongo que nos hagamos estas preguntas:
- ¿Reconocemos en serio que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad?
- ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando estallan tantas guerras sin sentido y la violencia fratricida se adueña hasta de nuestros barrios? ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando el suelo, el agua, el aire y todos los seres de la creación están bajo permanente amenaza?
Entonces, si reconocemos esto, digámoslo sin miedo: necesitamos y queremos un cambio.
Ustedes –en sus cartas y en nuestros encuentros– me han relatado las múltiples exclusiones e injusticias que sufren en cada actividad laboral, en cada barrio, en cada territorio. Son tantas y tan diversas como tantas y diversas sus formas de enfrentarlas. Hay, sin embargo, un hilo invisible que une cada una de esas exclusiones, ¿podemos reconocerlo? Porque no se trata de cuestiones aisladas. Me pregunto si somos capaces de reconocer que estas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global. ¿Reconocemos que este sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza?
Si es así, insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos... Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra como decía San Francisco.
Queremos un cambio en nuestras vidas, en nuestros barrios, en el pago chico, en nuestra realidad más cercana; también un cambio que toque al mundo entero porque hoy la interdependencia planetaria requiere respuestas globales a los problemas locales. La globalización de la esperanza, que nace de los Pueblos y crece entre los pobres, debe sustituir esta globalización de la exclusión y la indiferencia.                    
Quisiera hoy reflexionar con Ustedes sobre el cambio que queremos y necesitamos. Saben que escribí recientemente sobre los problemas del cambio climático. Pero, esta vez, quiero hablar de un cambio en el otro sentido. Un cambio positivo, un cambio que nos haga bien, un cambio – podríamos decir– redentor. Porque lo necesitamos. Sé que Ustedes buscan un cambio y no sólo ustedes: en los distintos encuentros, en los distintos viajes he comprobado que existe una espera, una fuerte búsqueda, un anhelo de cambio en todos los Pueblos del mundo. Incluso dentro de esa minoría cada vez más reducida que cree beneficiarse con este sistema reina la insatisfacción y especialmente la tristeza. Muchos esperan un cambio que los libere de esa tristeza individualista que esclaviza.
El tiempo, hermanos, hermanas, el tiempo parece que se estuviera agotando; no alcanzó el pelearnos entre nosotros, sino que hasta nos ensañamos con nuestra casa. Hoy la comunidad científica acepta lo que hace ya desde hace mucho tiempo denuncian los humildes: se están produciendo daños tal vez irreversibles en el ecosistema. Se está castigando a la tierra, a los pueblos y las personas de un modo casi salvaje. Y detrás de tanto dolor, tanta muerte y destrucción, se huele el tufo de eso que, uno de los primeros teólogos de la Iglesia, Basilio de Cesarea llamaba «el estiércol del diablo». La ambición desenfrenada de dinero que gobierna. Ese es el estiércol del diablo. El servicio para el bien común queda relegado. Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso pone en riesgo esta nuestra casa común. La hermana y madre tierra. No quiero extenderme describiendo los efectos malignos de esta sutil dictadura: ustedes los conocen. Tampoco basta con señalar las causas estructurales del drama social y ambiental contemporáneo. Sufrimos cierto exceso de diagnóstico que a veces nos lleva a un pesimismo charlatán o a regodearnos en lo negativo. Al ver la crónica negra de cada día, creemos que no hay nada que se puede hacer salvo cuidarse a uno mismo y al pequeño círculo de la familia y los afectos.
¿Qué puedo hacer yo, cartonero, catadora, pepenador, recicladora frente a tantos problemas si apenas gano para comer? ¿Qué puedo hacer yo artesano, vendedor ambulante, transportista, trabajador excluido si ni siquiera tengo derechos laborales? ¿Qué puedo hacer yo, campesina, indígena, pescador que apenas puedo resistir el avasallamiento de las grandes corporaciones? ¿Qué puedo hacer yo desde mi villa, mi chabola, mi población, mi rancherío cuando soy diariamente discriminado y marginado? ¿Qué puede hacer ese estudiante, ese joven, ese militante, ese misionero que patea las barriadas y los parajes con el corazón lleno de sueños pero casi sin ninguna solución para mis problemas? ¡Pueden hacer mucho! Pueden hacer mucho. Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T» (trabajo, techo, tierra) y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, nacionales, regionales y mundiales. ¡No se achiquen!
2. Ustedes son sembradores de cambio. Aquí en Bolivia he escuchado una frase que me gusta mucho: «proceso de cambio». El cambio concebido no como algo que un día llegará porque se impuso tal o cual opción política o porque se instauró tal o cual estructura social. Sabemos dolorosamente que un cambio de estructuras que no viene acompañado de una sincera conversión de las actitudes y del corazón termina a la larga o a la corta por burocratizarse, corromperse y sucumbir. Hay que cambiar el corazón. Por eso me gusta tanto la imagen del proceso, donde la pasión por sembrar, por regar serenamente lo que otros verán florecer, remplaza la ansiedad por ocupar todos los espacios de poder disponibles y ver resultados inmediatos. La opción es por generar procesos y no por ocupar espacios. Cada uno de nosotros no es más que parte de un todo complejo y diverso interactuando en el tiempo: pueblos que luchan por una significación, por un destino, por vivir con dignidad, por «vivir bien», dignamente, en ese sentido.
Ustedes, desde los movimientos populares, asumen las labores de siempre motivados por el amor fraterno que se revela contra la injusticia social. Cuando miramos el rostro de los que sufren,el rostro del campesino amenazado, del trabajador excluido, del indígena oprimido, de la familia sin techo, del migrante perseguido, del joven desocupado, del niño explotado, de la madre que perdió a su hijo en un tiroteo porque el barrio fue copado por el narcotráfico, del padre que perdió a su hija porque fue sometida a la esclavitud; cuando recordamos esos «rostros y esos nombres» se nos estremecen las entrañas frente a tanto dolor y nos conmovemos todos. Porque «hemos visto y oído», no la fría estadística sino las heridas de la humanidad doliente, nuestras heridas, nuestra carne. Eso es muy distinto a la teorización abstracta o la indignación elegante. Eso nos conmueve, nos mueve y buscamos al otro para movernos juntos. Esa emoción hecha acción comunitaria no se comprende únicamente con la razón: tiene un plus de sentido que sólo los pueblos entienden y que da su mística particular a los verdaderos movimientos populares.
Ustedes viven cada día, empapados, en el nudo de la tormenta humana. Me han hablado de sus causas, me han hecho parte de sus luchas, ya desde Buenos Aires, y yo se los agradezco. Ustedes, queridos hermanos, trabajan muchas veces en lo pequeño, en lo cercano, en la realidad injusta que se les impuso y a la que no se resignan, oponiendo una resistencia activa al sistema idolátrico que excluye, degrada y mata. Los he visto trabajar incansablemente por la tierra y la agricultura campesina, por sus territorios y comunidades, por la dignificación de la economía popular, por la integración urbana de sus villas y asentamientos, por la autoconstrucción de viviendas y el desarrollo de infraestructura barrial, y en tantas actividades comunitarias que tienden a la reafirmación de algo tan elemental e innegablemente necesario como el derecho a «las tres T»: tierra, techo y trabajo. Ese arraigo al barrio, a la tierra, al territorio, al oficio, al gremio, ese reconocerse en el rostro del otro, esa proximidad del día a día, con sus miserias, porque las hay, las tenemos, y sus heroísmos cotidianos, es lo que permite ejercer el mandato del amor, no a partir de ideas o conceptos sino a partir del encuentro genuino entre personas, necesitamos instaurar esa cultura del encuentro, porque ni los conceptos ni las ideas se aman; nadie ama un concepto, nadie ama una idea. Se aman las personas. La entrega, la verdadera entrega surge del amor a hombres y mujeres, niños y ancianos, pueblos y comunidades... rostros y nombres que llenan el corazón. De esas semillas de esperanza sembradas pacientemente en las periferias olvidadas del planeta, de esos brotes de ternura que lucha por subsistir en la oscuridad de la exclusión, crecerán árboles grandes, surgirán bosques tupidos de esperanza para oxigenar este mundo.
Veo con alegría que ustedes trabajan en lo cercano, cuidando los brotes; pero, a la vez, con una perspectiva más amplia, protegiendo la arboleda. Trabajan en una perspectiva que no sólo aborda la realidad sectorial que cada uno de ustedes representa y a la que felizmente está arraigado, sino que también buscan resolver de raíz los problemas generales de pobreza, desigualdad y exclusión.
Los felicito por eso. Es imprescindible que, junto a la reivindicación de sus legítimos derechos, los Pueblos y sus organizaciones sociales construyan una alternativa humana a la globalización excluyente. Ustedes son sembradores del cambio. Que Dios les dé coraje, les dé alegría, les dé perseverancia y pasión para seguir sembrando. Tengan la certeza que tarde o temprano vamos de ver los frutos. A los dirigentes les pido: sean creativos y nunca pierdan el arraigo a lo cercano, porque el padre de la mentira sabe usurpar palabras nobles, promover modas intelectuales y adoptar poses ideológicas, pero si ustedes construyen sobre bases sólidas, sobre las necesidades reales y la experiencia viva de sus hermanos, de los campesinos e indígenas, de los trabajadores excluidos y las familias marginadas, seguramente no se van a equivocar.
La Iglesia no puede ni debe estar ajena a este proceso en el anuncio del Evangelio. Muchos sacerdotes y agentes pastorales cumplen una enorme tarea acompañando y promoviendo a los excluidos en todo el mundo, junto a cooperativas, impulsando emprendimientos, construyendo viviendas, trabajando abnegadamente en los campos de la salud, el deporte y la educación. Estoy convencido que la colaboración respetuosa con los movimientos populares puede potenciar estos esfuerzos y fortalecer los procesos de cambio.                    
Tengamos siempre en el corazón a la Virgen María, una humilde muchacha de un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio, una madre sin techo que supo transformar una cueva de animales en la casa de Jesús con unos pañales y una montaña de ternura. María es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. Rezo a la Virgen, tan venerada por el pueblo boliviana, rezo a la Virgen María, para que permita que este Encuentro nuestro sea fermento de cambio.
3. El cura habla largo parece ¿no? Por último quisiera que pensemos juntos algunas tareas importantes para este momento histórico, porque queremos un cambio positivo para el bien de todos nuestros hermanos y hermanas, eso lo sabemos. Queremos un cambio que se enriquezca con el trabajo mancomunado de los gobiernos, los movimientos populares y otras fuerzas sociales, eso también lo sabemos. Pero no es tan fácil definir el contenido del cambio, podría decirse, el programa social que refleje este proyecto de fraternidad y justicia que esperamos. En ese sentido, no esperen de este Papa una receta. Ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio de la interpretación de la realidad social ni la propuesta de soluciones a los problemas contemporáneos. Me atrevería a decir que no existe una receta. La historia la construyen las generaciones que se suceden en el marco de pueblos que marchan buscando su propio camino y respetando los valores que Dios puso en el corazón.

Declaraciones de Cardenal Peter Turkson. Presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, designado por el Papa para acompañar el Encuentro. Foto: Equipo de prensa EMMP
Declaraciones de Cardenal Peter Turkson. Presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, designado por el Papa para acompañar el Encuentro. Foto: Equipo de prensa EMMP
Quisiera, sin embargo, proponer tres grandes tareas que requieren el decisivo aporte del conjunto de los movimientos populares:    
3.1. La primera tarea es poner la economía al servicio de los Pueblos: Los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del dinero. Digamos NO a una economía de exclusión e inequidad donde el dinero reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye. Esa economía destruye la Madre Tierra.
La economía no debería ser un mecanismo de acumulación sino la adecuada administración de la casa común. Eso implica cuidar celosamente la casa y distribuir adecuadamente los bienes entre todos. Su objeto no es únicamente asegurar la comida o un “decoroso sustento”. Ni siquiera, aunque ya sería un gran paso, garantizar el acceso a «las tres T» por las que ustedes luchan. Una economía verdaderamente comunitaria, podría decir, una economía de inspiración cristiana, debe garantizar a los pueblos dignidad «prosperidad sin exceptuar bien alguno». Esta última frase la dijo el papa Juan XXIII hace 50 años.  Jesús dice en el Evangelio aquel que dé espontáneamente un vaso de agua al que tiene sed, le será tenido en cuenta en el reino de los cielos. Así que…
Esto implica «las tres T» pero también acceso a la educación, la salud, la inovación, las manifestaciones artísticas y culturales, la comunicación, el deporte y la recreación. Una economía justa debe crear las condiciones para que cada persona pueda gozar de una infancia sin carencias, desarrollar sus talentos durante la juventud, trabajar con plenos derechos durante los años de actividad y acceder a una digna jubilación en la ancianidad. Es una economía donde el ser humano en armonía con la naturaleza, estructura todo el sistema de producción y distribución para que las capacidades y las necesidades de cada uno encuentren un cauce adecuado en el ser social. Ustedes, y también otros pueblos, resumen este anhelo de una manera simple y bella: «vivir bien». Que no es lo mismo que pasarla bien.
Esta economía no es sólo deseable y necesaria sino también posible. No es una utopía ni una fantasía. Es una perspectiva extremadamente realista. Podemos lograrlo. Los recursos disponibles en el mundo, fruto del trabajo intergeneracional de los pueblos y los dones de la creación, son más que suficientes para el desarrollo integral de «todos los hombres y todo el hombre». El problema, en cambio, es otro. Existe un sistema con otros objetivos. Un sistema que a pesar de acelerar irresponsablemente los ritmos de la producción, a pesar de implementar métodos en la industria y la agricultura que dañan la Madre Tierra en aras de la «productividad», sigue negándoles a miles de millones de hermanos los más elementales derechos económicos, sociales y culturales. Ese sistema atenta contra el proyecto de Jesús. Contra la buena noticia que trajo Jesús.
La distribución justa de los frutos de la tierra y el trabajo humano no es mera filantropía. Es un deber moral. Para los cristianos, la carga es aún más fuerte: es un mandamiento. Se trata de devolverles a los pobres y a los pueblos lo que les pertenece. El destino universal de los bienes no es un adorno discursivo de la doctrina social de la Iglesia. Es una realidad anterior a la propiedad privada. La propiedad, muy en especial cuando afecta los recursos naturales, debe estar siempre en función de las necesidades de los pueblos. Y estas necesidades no se limitan al consumo. No basta con dejar caer algunas gotas cuando lo pobres agitan esa copa que nunca derrama por si sola. Los planes asistenciales que atienden ciertas urgencias sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras. Nunca podrán sustituir la verdadera inclusión: ésa que da el trabajo digno, libre, creativo, participativo y solidario.
En este camino, los movimientos populares tienen un rol esencial, no sólo exigiendo y reclamando, sino fundamentalmente creando. Ustedes son poetas sociales: creadores de trabajo, constructores de viviendas, productores de alimentos, sobre todo para los descartados por el mercado mundial.
He conocido de cerca distintas experiencias donde los trabajadores unidos en cooperativas y otras formas de organización comunitaria lograron crear trabajo donde sólo había sobras de la economía idolátrica. Las empresas recuperadas, las ferias francas y las cooperativas de cartoneros son ejemplos de esa economía popular que surge de la exclusión y, de a poquito, con esfuerzo y paciencia, adopta formas solidarias que la dignifican. ¡Qué distinto es eso a que los descartados por el mercado formal sean explotados como esclavos!    
Los gobiernos que asumen como propia la tarea de poner la economía al servicio de los pueblos deben promover el fortalecimiento, mejoramiento, coordinación y expansión de estas formas de economía popular y producción comunitaria. Esto implica mejorar los procesos de trabajo, proveer infraestructura adecuada y garantizar plenos derechos a los trabajadores de este sector alternativo. Cuando Estado y organizaciones sociales asumen juntos la misión de «las tres T» se activan los principios de solidaridad y subsidiariedad que permiten edificar el bien común en una democracia plena y participativa.
3.2. La segunda tarea es unir nuestros Pueblos en el camino de la paz y la justicia.
Los pueblos del mundo quieren ser artífices de su propio destino. Quieren transitar en paz su marcha hacia la justicia. No quieren tutelajes ni injerencias donde el más fuerte subordina al más débil. Quieren que su cultura, su idioma, sus procesos sociales y tradiciones religiosas sean respetados. Ningún poder fáctico o constituido tiene derecho a privar a los países pobres del pleno ejercicio de su soberanía y, cuando lo hacen, vemos nuevas formas de colonialismo que afectan seriamente las posibilidades de paz y de justicia porque «la paz se funda no sólo en el respeto de los derechos del hombre, sino también en los derechos de los pueblos particularmente el derecho a la independencia».
Los pueblos de Latinoamérica parieron dolorosamente su independencia política y, desde entonces llevan casi dos siglos de una historia dramática y llena de contradicciones intentando conquistar una independencia plena.
En estos últimos años, después de tantos desencuentros, muchos países latinoamericanos han visto crecer la fraternidad entre sus pueblos. Los gobiernos de la Región aunaron esfuerzos para hacer respetar su soberanía, la de cada país y la del conjunto regional, que tan bellamente, como nuestros Padres de antaño, llaman la «Patria Grande». Les pido a ustedes, hermanos y hermanas de los movimientos populares, que cuiden y acrecienten esa unidad. Mantener la unidad frente a todo intento de división es necesario para que la región crezca en paz y justicia.
A pesar de estos avances, todavía subsisten factores que atentan contra este desarrollo humano equitativo y coartan la soberanía de los países de la «Patria Grande» y otras latitudes del planeta. El nuevo colonialismo adopta distintas fachadas. A veces, es el poder anónimo del ídolo dinero: corporaciones, prestamistas, algunos tratados denominados «de libres comercio» y la imposición de medidas de «austeridad» que siempre ajustan el cinturón de los trabajadores y de los pobres. Los obispos latinoamericanos lo denunciamos con total claridad en el documento de Aparecida cuando se afirma que «las instituciones financieras y las empresas transnacionales se fortalecen al punto de subordinar las economías locales, sobre todo, debilitando a los Estados, que aparecen cada vez más impotentes para llevar adelante proyectos de desarrollo al servicio de sus poblaciones». En otras ocasiones, bajo el noble ropaje de la lucha contra la corrupción, el narcotráfico o el terrorismo –graves males de nuestros tiempos que requieren una acción internacional coordinada– vemos que se impone a los Estados medidas que poco tienen que ver con la resolución de esas problemáticas y muchas veces empeora las cosas.    
Del mismo modo, la concentración monopólica de los medios de comunicación social que pretende imponer pautas alienantes de consumo y cierta uniformidad cultural es otra de las formas que adopta el nuevo colonialismo. Es el colonialismo ideológico. Como dicen los Obispos de África, muchas veces se pretende convertir a los países pobres en «piezas de un mecanismo y de un engranaje gigantesco».
Hay que reconocer que ninguno de los graves problemas de la humanidad se puede resolver sin interacción entre los Estados y los pueblos a nivel internacional. Todo acto de envergadura realizado en una parte del planeta repercute en el todo en términos económicos, ecológicos, sociales y culturales. Hasta el crimen y la violencia se han globalizado. Por ello ningún gobierno puede actuar al margen de una responsabilidad común. Si realmente queremos un cambio positivo, tenemos que asumir humildemente nuestra interdependencia. Es decir, nuestra sana interdependencia. Pero interacción no es sinónimo de imposición, no es subordinación de unos en función de los intereses de otros. El colonialismo, nuevo y viejo, que reduce a los países pobres a meros proveedores de materia prima y trabajo barato, engendra violencia, miseria, migraciones forzadas y todos los males que vienen de la mano... precisamente porque al poner la periferia en función del centro les niega el derecho a un desarrollo integral. Y eso, hermanos, es inequidad y la inequidad genera violencia que no habrá recursos policiales, militares o de inteligencia capaces de detener.                  

Joao Pedro Stedile

Declaraciones de João Pedro Stédile, Coordinación Nacional del Movimientos de Trabajadores sin Tierra de Brasil-CLOC Vía Campesina. Foto: Equipo de prensa EMMP.
João Pedro Stédile, coordinador Nacional del Movimientos de Trabajadores sin Tierra de Brasil-CLOC Vía Campesina. Foto: Equipo de prensa EMMP, interviene en el Encuentro.

Digamos NO a las viejas y nuevas formas de colonialismo. Digamos SÍ al encuentro entre pueblos y culturas. Felices los que trabajan por la paz.
Aquí quiero detenerme en un tema importante. Porque alguno podrá decir, con derecho, que «cuando el Papa habla del colonialismo se olvida de ciertas acciones de la Iglesia». Les digo, con pesar: se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios. Lo han reconocido mis antecesores, lo ha dicho el CELAM y también quiero decirlo. Al igual que san Juan Pablo II pido que la Iglesia «se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos». Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América.
Y junto a este pedido de perdón, y para ser justos, también quiero que recordemos sacerdotes, obispos, que se opusieron fuertemente a la lógica de la espada con la fuerza de la cruz. Hubo pecado, hubo pecado y abunda, pero no pedimos perdón, y por eso pedimos perdón. Pero allí también donde hubo pecado, donde hubo abundante pecado, sobreabundó la gracia, a través de esos hombres que defendieron la justicia de los pueblos originarios.
Les pido también a todos, creyentes y no creyentes, que se acuerden de tantos Obispos, sacerdotes y laicos que predicaron y predican y siguen predicando la buena noticia de Jesús con coraje y mansedumbre, respeto y en paz; dije obispos, sacerdotes y laicos, no me quiero olvidar de las monjitas que anónimanente patean nuestros barrios pobres, llevando un mensaje de paz y de justicia, que en su paso por esta vida dejaron conmovedoras obras de promoción humana y de amor, muchas veces junto a los pueblos indígenas o acompañando a los propios movimientos populares incluso hasta el martirio. La Iglesia, sus hijos e hijas, son una parte de la identidad de los pueblos en Latinoamérica. Identidad que tanto aquí como en otros países algunos poderes se empeñan en borrar, tal vez porque nuestra fe es revolucionaria, porque nuestra fe desafía la tiranía del idolo dinero. Hoy vemos con espanto como en Medio Oriente y otros lugares del mundo se persigue, se tortura, se asesina a muchos hermanos nuestros por su fe en Jesús. Eso también debemos denunciarlo: dentro de esta tercera guerra mundial en cuotas que vivimos, hay una especie de genocidio en marcha que debe cesar.    
A los hermanos y hermanas del movimiento indígena latinoamericano, déjenme trasmitirle mi más hondo cariño y felicitarlos por buscar la conjunción de sus pueblos y culturas, eso que yo llamo poliedro, una forma de convivencia donde las partes conservan su identidad construyendo juntas la unidad, una pluralidad que no atenta, sino que fortalece la unidad. Su búsqueda de esa interculturalidad que combina la reafirmación de los derechos de los pueblos originarios con el respeto a la integridad territorial de los Estados nos enriquece y nos fortalece a todos.
3.3. La tercera tarea, tal vez la más importante que debemosasumir hoy, es defender la Madre Tierra.
La casa común de todos nosotros está siendo saqueada, devastada, vejada impunemente. La cobardía en su defensa es un grave pecado. Vemos con decepción creciente como se suceden una tras otra cumbres internacionales sin ningún resultado importante. Existe un claro, definitivo e impostergable imperativo ético de actuar que no se está cumpliendo. No se puede permitir que ciertos intereses –que son globales pero no universales– se impongan, sometan a los Estados y organismos internacionales, y continúen destruyendo la creación. Los Pueblos y sus movimientos están llamados a clamar, a movilizare, a exigir –pacífica pero tenazmente– la adopción urgente de medidas apropiadas. Yo les pido, en nombre de Dios, que defiendan a la Madre Tierra. Sobre éste tema me expresado debidamente en la Carta Encíclica Laudato si’. (...)
4. Para finalizar, quisiera decirles nuevamente: el futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los Pueblos; en su capacidad de organizar y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio. 


Los acompaño. Digamos juntos desde el corazón: ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez. Sigan con su lucha y, por favor, cuiden mucho a la Madre Tierra. Soy sinciero cuando les digo, rezo por ustedes, rezo con ustedes y quiero pedirle a nuestro Padre Dios que los acompañe y los bendiga, que los colme de su amor y los defienda en el camino dándoles abundantemente esa fuerza que nos mantiene en pie: esa fuerza es la esperanza, y una cosa importante la esperanza que no defrauda, gracias.
Y, por favor, les pido que recen por mí.Y si alguno de ustedes no puede rezar, yo lo respeto pido que me piense bien, que me mande buena onda.

 Evo Morales inaugura el II Encuentro de Movimientos Populares. Foto: Equipo de prensa EMMP.
Evo Morales inaugura el II Encuentro de Movimientos Populares. Foto: Equipo de prensa EMMP.

EVO Morales: ahora sí tengo Papa

Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSUR bajo la siguiente dirección: 
http://www.telesurtv.net/news/Evo-Morales-ahora-si-tengo-Papa-20150709-0058.html. Si piensa hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y coloque un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. www.teleSURtv.net              
 Para el presidente de Bolivia, la llegada del Sumo Pontífice a la Iglesia Católica fortalece los ideales de justicia social, fe religiosa y esperanza. En entrevista exclusiva para teleSUR, el presidente de Bolivia, Evo Morales, argumentó tener enormes coincidencias con el Sumo Pontífice acerca del capitalismo, sobre la Madre Tierra y la justicia social, “por eso desde el momento en que lo conocí hace dos años en Brasil, yo dije ahora sí tengo Papa”. Desde Santa Cruz de la Sierra, el jefe de Estado Evo Morales expresó que aunque la visita oficial del Papa Francisco es netamente con un fin pastoral, “yo diría que el papa Francisco, hermano papa Francisco es un Papa que se preocupa fundamentalmente por los más pobres, los abandonados”. Lee: “Papa Francisco destaca la lucha de los movimientos populares en Bolivia” Sobre el mar El periodista y enviado especial a Bolivia, Jorge Gestoso, pulsó también la opinión del Presidente boliviano sobre el diferendo marítimo, Morales argumentó que “el derecho soberano al mar, es una “reivindicación no solo nacional sino mundial”. Por tanto, cuando hay injusticias los pueblos se suman para esta reivindicación, aseveró el mandatario. Destacó que aunque el papa Francisco no es el primer papa que se pronunció sobre una “solución pacífica, dialogada, sincera”, recordó cómo el papa Juan Pablo II, en su primera visita al país andino en 1988, tocó en su discurso la lucha marítima que mantiene Bolivia. “Esa es la ventaja que tiene Bolivia, pero estamos por la justicia, con la razón y por el derecho que nos corresponde volver al mar”, subrayó el presidente Evo Morales. Evo Morales, un católico de base Le atribuyó a sus padres, el haber sido católico, aprendido “a orar”. Por tanto, se mostró preocupado por el “comportamiento de algunos jerarcas de la iglesia católica y “cuando digo que soy un católico de base, de abajo es para cuidar la fe religiosa”. Reflexionó sobre algunos problemas de la iglesia católica, sin embargo “con el papa Francisco se fortalece la fe religiosa, la esperanza”. Lee también: “Papa Francisco exhorta a la Iglesia a sensibilizarse ante la injusticia” Para el presidente Evo Morales, la Iglesia Católica ha sido usada para el sometimiento, y sobre todo para la dominación de los pueblos indígenas, pero “ahora tenemos un Papa que le ha apostado a la liberación de esos pueblos. Una enorme coincidencia por eso. Bienvenido el Papa a Bolivia”, añadió Morales. “Compartimos una fiesta religiosa estos días, hoy día y mañana más, y con seguridad los mensajes del hermano Papa Francisco siempre son fortalecedores”, dijo el líder indígena. La Iglesia Católica en las Américas El periodista Jorge Gestoso tocó el punto de “algunas acciones abominables contra los pueblos indígenas” por parte de la Iglesia Católica, por lo que el presidente Morales explicó que es “nuestra obligación buscar coincidencias por una justicia social en la que todos pregonan la paz, pero paz con justicia social. Significa, según él, entender los problemas sociales, entender los problemas culturales, los problemas de carácter ideológico. Ahondó sobre el hecho de que en el pasado algunos grupos de la Iglesia Católica “decían que los indios son sin alma, les queremos decir, aquí estamos los indígenas con alma y con mucha responsabilidad sobre la sociedad”. Organizaciones de la derecha tildan el Gobierno de Morales de dictador Tras los argumentos del periodista Jorge Gestoso, en relación con que algunas agencias de noticias de derecha lo tildaban de tener un Gobierno dictatorial y totalitario, el jefe de Estado detalló que su Gobierno ha trabajado con hermanas de la Iglesia Católica, con padres de base que viven en el campo, en un contexto en el que escuchaba mensajes de justicia, mensajes por la igualdad, la dignidad de los pueblos. “Lo importante es estar haciendo justicia, democracia en la práctica, no en teoría. Eso nos ayuda bastante para poder seguir trabajando con algunos miembros de la Iglesia Católica y también con otras iglesias: con metodistas, con el sector evangélico, todo bajo el Estado laico y por tanto tenemos la obligación de estar con todos los sectores sociales”, concluyó el presidente Evo Morales.​ Sepa más: “Papa pide transformar la lógica del descarte por la de comunidad”  

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El Papa pide perdón por los crímenes contra los indígenas durante la conquista de América
17.30. Santa Cruz de la Sierra. En el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, Francisco habló durante casi una hora en la que reconoció que el mundo necesita cambiar porque estamos “en un sistema que ya no se aguanta” y propuso algunas tareas para conseguirlo
Por Rocío Lancho García
Ciudad del Vaticano, 10 de julio de 2015 (ZENIT.org)
El papa Francisco ha vuelto a reclamar este jueves tierra, techo y trabajo para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dijo y lo repitió hoy de nuevo en Bolivia: son derechos sagrados. Vale la pena luchar por ellos, por eso pidió que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra.
El discurso más largo del Santo Padre desde que llegó el pasado domingo a América Latina, llegó esta tarde, durante el encuentro en Santa Cruz de la Sierra, en el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, organizado en colaboración con el Pontificio Consejo Justicia y Paz y con la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales. La primera vez que se reunión fue en el Vaticano del 27 al 29 de octubre de 2014. Tras escuchar también una larga intervención del presidente Evo Morales, el Papa tomó la palabra.
En primer lugar Francisco propuso empezar “reconociendo que necesitamos un cambio”.  Digámoslo sin miedo, pidió, “necesitamos y queremos un cambio”. Y preguntó: ¿Reconocemos que este sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza? “Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos”, observó el Pontífice. Y tampoco lo aguanta la Tierra.  Asimismo advirtió que “hoy la interdependencia planetaria requiere respuestas globales a los problemas locales”.
El Papa observó que incluso dentro de esa minoría cada vez más reducida que cree beneficiarse con este sistema reina la insatisfacción y especialmente la tristeza. “Muchos esperan un cambio que los libere de esa tristeza individualista que esclaviza”, añadió.
También quiso advertir sobre la “ambición desenfrenada de dinero que gobierna”. Cuando el capital se convierte en ídolo  --subrayó-- destruye la fraternidad interhumana y  pone en riesgo esta nuestra casa común.
El Santo Padre exhortó a los presentes “ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho”. Incluso les dijo que “el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T» (trabajo, techo, tierra)” y también, “en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, nacionales, regionales y mundiales”.
En segundo lugar insistió sobre esta idea del “sembrado de cambio”. Sabemos --advirtió -- que un cambio de estructuras que no viene acompañado de una sincera conversión de las actitudes y del corazón termina por burocratizarse, corromperse y sucumbir.
Cuando miramos el rostro de los que sufren, cuando recordamos esos rostros y nombres “se nos estremecen las entrañas frente a tanto dolor y nos conmovemos” porque hemos visto y oído no la fría estadística sino las heridas de la humanidad doliente, nuestras heridas, nuestra carne, precisó el Santo Padre. Y esto es “muy distinto a la teorización abstracta o la indignación elegante”. Por eso, el Papa quiso recordar que de esas semillas de esperanza sembradas pacientemente en las periferias olvidadas del planeta “crecerán árboles grandes, surgirán bosques tupidos de esperanza para oxigenar este mundo”.
Felicitándoles por el trabajo que realizan, el Santo Padre tambien recordó que es imprescindible que, junto a la reivindicación de sus legítimos derechos, los Pueblos y sus organizaciones sociales “construyan una alternativa humana a la globalización excluyente”.
Y por último, el Pontífice repasó  algunas tareas importantes para este momento histórico, “porque queremos un cambio positivo”. La primera tarea es poner la economía al servicio de los Pueblos: Los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del dinero.
La economía --precisó el Papa-- no debería ser un mecanismo de acumulación sino la adecuada administración de la casa común. Esto implica «las tres T» pero también acceso a la educación, la salud, la inovación, las manifestaciones artísticas y culturales, la comunicación, el deporte y la recreación. Y esta economía “no es sólo deseable y necesaria sino también posible”, aseguró.  Además, Francisco afirmó que la distribución justa, para los cristianos, “es un mandamiento”.
La segunda tarea es “unir nuestros Pueblos en el camino de la paz y la justicia”. Ningún poder fáctico o constituido --indicó Francisco-- tiene derecho a privar a los países pobres del pleno ejercicio de su soberanía y, cuando lo hacen, vemos nuevas formas de colonialismo. A propósito, el Pontífice observó que los pueblos de Latinoamérica “parieron dolorosamente su independencia política” y desde entonces llevan una “historia dramática y llena de contradicciones “intentando conquistar una independencia plena”.
El Santo Padre dijo en su discurso que el nuevo colonialismo adopta distintas fachadas. A veces, es el poder anónimo del ídolo dinero --corporaciones, prestamistas, algunos tratados denominados «de libres comercio» y la imposición de medidas de «austeridad» que siempre ajustan el cinturón de los trabajadores y de los pobres--. En otras ocasiones, bajo el noble ropaje de la lucha contra la corrupción, el narcotráfico o el terrorismo --graves males de nuestros tiempos que requieren una acción internacional coordinada-- vemos que se impone a los Estados medidas que poco tienen que ver con la resolución de esas problemáticas y muchas veces empeora las cosas. Del mismo modo, “la concentración monopólica de los medios de comunicación social que pretende imponer pautas alienantes de consumo y cierta uniformidad cultural es otra de las formas que adopta el nuevo colonialismo”.  
Si realmente queremos un cambio positivo, “tenemos que asumir humildemente nuestra interdependencia. Pero interacción no es sinónimo de imposición, no es subordinación de unos en función de los intereses de otros”, subrayó.  
Y así el Papa invitó “digamos no a las viejas y nuevas formas de colonialismo. Digamos sí al encuentro entre pueblos y culturas”.  A propósito del colonialismo, Francisco destacó un punto importante: “Les digo, con pesar: se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios”. Y al igual que dijo Juan Pablo II, el Pontífice invitó a la Iglesia a que «se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos». Y pidió humildemente perdón, “no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”.
Pero, también pidió a todos, que se acuerden de obispos, sacerdotes y laicos que predicaron y predican la buena noticia de Jesús, “muchas veces junto a los pueblos indígenas o acompañando a los propios movimientos populares incluso hasta el martirio”. Y aprovechó la ocasión para recordar  que en Medio Oriente y otros lugares del mundo se persigue, se tortura, se asesina “a muchos hermanos nuestros por su fe en Jesús”.
Y la tercera tarea de la que habló fue “defender la Madre Tierra”. Aseguró que “la cobardía en su defensa es un grave pecado”. Y añadió que exite un imperativo ético de actuar que no se está cumpliendo.                     
    













                 

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