Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.

Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.
Casa de la Estrella, ubicada entre Av Soublette y Calle Colombia, antiguo Camino Real donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830, con el General José Antonio Páez como Presidente. Valencia: "ciudad ingrata que olvida lo bueno" para el Arzobispo Luis Eduardo Henríquez. Maldita, según la leyenda, por el Obispo mártir Salvador Montes de Oca y muchos sacerdotes asesinados por la espalda o por la chismografía cobarde, que es muy frecuente y característica en su sociedad.Para Boris Izaguirre "ciudad de nostalgia pueblerina". Jesús Soto la consideró una ciudad propicia a seguir "las modas del momento" y para Monseñor Gregorio Adam: "Si a Caracas le debemos la Independencia, a Valencia le debemos la República en 1830".A partir de los años 1950 es la "Ciudad Industrial de Venezuela", realidad que la convierte en un batiburrillo de razas y miserias de todos los países que ven en ella El Dorado tan buscado, imprimiéndole una sensación de "ciudad de paso para hacer dinero e irse", dejándola sin verdadero arraigo e identidad, salvo la que conserva la más rancia y famosa "valencianidad", que en los valencianos de antes, que yo conocí, era un encanto acogedor propio de atentos amigos...don del que carecen los recién llegados que quieren poseerlo y logran sólo una mala caricatura de la original. Para mi es la capital energética de Venezuela.

viernes, 24 de julio de 2015

Se lee y no se cree...Parece imposible...

Catefral de La Habana (Cuba)

Una imagen de S. José para la catedral de La Habana
Regalada por Argentina en el marco del viaje apostólico del papa Francisco a Cuba
Por Redacción
Roma, 22 de julio de 2015 (ZENIT.org)
Argentina regalará una imagen de San José para la catedral de La Habana con motivo de la visita apostólica que el papa Francisco realizará del 19 al 22 de septiembre a Cuba, la cual se espera pueda ser bendecida por el Santo Padre.
El origen de este presente para el pueblo cubano está en un vecino del barrio porteño de Flores, profundamente devoto de san José. Jorge Langlois, contador de profesión y de 66 años, visitó La Habana y su catedral en enero de este año. “Como hace en cada viaje, buscó la imagen de san José para rezarle, pero descubrió que no había ninguna. Al volver al país, encargó una imagen a una famosa fábrica de imágenes religiosas de Valentín Alsina, y tras largas tratativas, logró que sea recibida en la isla”, informó la agencia de noticas AICA.
La estatua, de dos metros de alto y casi 80 kilos, fue trasladada desde la basílica de San José de Flores a la catedral porteña, tras haber sido entronizada en la conocida iglesia del barrio porteño de Flores por monseñor Ernesto Giobando SJ, obispo auxiliar de Buenos Aires y vicario episcopal de esta zona.
Antes de emprender el viaje a Cuba, la imagen permanecerá en la catedral metropolitana de Buenos Aires para que los fieles se acerquen a rezar y venerarla durante algunos días en un altar auxiliar. Allí ha sido recibida por su rector, el presbítero Alejandro Russo, quien accedió al pedido del párroco de San José de Flores, presbítero Gabriel Marronetti.
La imagen no irá sola, junto a ella se distribuirán estampas con una oración especialmente escrita para esta ocasión que dice:
“San José, queremos acompañarte, seguir espiritualmente tus pasos en esta peregrinación de tu imagen hacia Cuba. ¡Cuántos hermanos cubanos te esperan allá llenos de fe y esperanza en tu protección paterna! Por designio de Dios fuiste el custodio de la Virgen María y de su Niño, por eso con fe te rogamos que cuides ahora a todos nosotros. A vos nada puede negarte tu Jesús, intercede ante Él por las necesidades que nos aquejan. Ayúdanos a anunciar el Evangelio, testimoniando la infinita misericordia del Padre hacia sus hijos. Gracias por tu protección y bendice al pueblo cubano. Amén.

Iglesia latinoamericana
Reflexiones de Mons. Felipe Arizmendi, obispo de San Cristóbal de las Casas
Por Mons. Felipe Arizmendi Esquivel
San Cristóbal de las Casas, 22 de julio de 2015 (ZENIT.org)

VER
Estoy en Bogotá, Colombia, participando en la reunión general de coordinación del CELAM, como miembro del Departamento de Cultura y Educación. El objetivo general es elaborar el nuevo plan para el período 2015-2019, en el contexto de los 60 años del CELAM, con un discernimiento de la realidad latinoamericana y caribeña, para identificar los desafíos más urgentes y trazar, a la luz del Evangelio, las líneas de acción pastoral que respondan a las necesidades y urgencias de la Iglesia hoy.
Doy gracias a Dios porque, desde la década de los 80s, he podido participar directamente en distintos momentos de este organismo providencial, el CELAM, que nos ha permitido crear comunión eclesial entre los 22 países de América Latina y El Caribe. Con sus cinco Conferencias Generales (Río de Janeiro, 1955; Medellín, 1968; Puebla, 1979; Santo Domingo, 1992, y Aparecida, 2007), esta Iglesia ha ido creciendo en identidad, en relación intra-eclesial, en apoyos pastorales, en madurez y en frutos. Uno de éstos es el Papa Francisco, expresión del estilo eclesial que se vive en estos contornos.
Durante mucho tiempo, la iglesia latinoamericana fue menospreciada por Europa y el norte de América. Incluso nuestro país miraba siempre hacia Roma y Europa, y poco se valoraba el aporte que el Centro y el Sur de América podrían ofrecer. Nuestro ideal económico era crecer como Estados Unidos; nuestra aspiración cultural y teológica era seguir los pasos de Alemania, Inglaterra, Francia, Italia, España y alguno más. Pero no mirábamos hacia el Sur. Hasta la fecha, algunos no han cambiado su apreciación.
Se desconfió de nuestro sub-continente por el surgimiento de la teología de la liberación, que, aunque ciertamente tuvo sus desviaciones marxistas, ahora es reconocida en su justa dimensión. La misma desconfianza persiste hacia le teología india católica, por desconocerla y por pensar que le damos más valor a las culturas originarias que al Evangelio, lo cual no es así. Es un intento de apreciar todas las “semillas del Verbo” que Dios sembró en nuestros pueblos nativos, para que crezcan y maduren en Cristo, con sus necesarias purificaciones.
PENSAR
El Papa Francisco, en la entrevista que concedió a los periodistas en su vuelo de regreso de Ecuador, Bolivia y Paraguay a Roma, dijo: “La Iglesia latinoamericana tiene una gran riqueza. Es una Iglesia joven, y esto es importante. Una Iglesia joven con cierta frescura. También con cierta informalidad. Y también tiene una teología rica de búsqueda. Yo he querido dar ánimo a esta Iglesia joven y creo que puede darnos mucho a nosotros.
Digo algo que me ha impresionado mucho. En los tres países había por todas las calles grupos de padres, madres, con los niños. Es la riqueza de este pueblo y de esta Iglesia viva. Es una Iglesia de vida. Esto es importante. Es una Iglesia con tantos problemas, pero joven. Puede ser también un poco indisciplinada; luego se disciplinará, pero nos da mucho bueno”.
Y en el Angelus dominical posterior, dijo: “He alabado al Señor por las maravillas que ha obrado en el Pueblo de Dios en camino en aquellas tierras. Por la fe que ha animado y anima su vida y su cultura. El continente latinoamericano tiene grandes potencialidades humanas y espirituales, custodia los valores cristianos profundamente radicados, pero vive también graves problemas sociales y económicos. Para contribuir a su solución, la Iglesia está empeñada en movilizar las fuerzas espirituales y morales de sus comunidades, colaborando con todas las componentes de la sociedad. Ante los grandes desafíos que el anuncio del Evangelio tiene que enfrentar, he invitado a alcanzar de Cristo Señor la gracia que salva y que da fuerzas al empeño del testimonio cristiano, a desarrollar la difusión de la palabra de Dios, para que la importante religiosidad de aquellas poblaciones pueda siempre ser testimonio fiel del Evangelio”.
ACTUAR
Apreciemos y acompañemos el caminar de esta Iglesia latinoamericana, que tiene que avanzar en su conversión pastoral y en comunión eclesial, para colaborar en la vida digna de nuestros pueblos.

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