Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.

Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.
Casa de la Estrella, ubicada entre Av Soublette y Calle Colombia, antiguo Camino Real donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830, con el General José Antonio Páez como Presidente. Valencia: "ciudad ingrata que olvida lo bueno" para el Arzobispo Luis Eduardo Henríquez. Maldita, según la leyenda, por el Obispo mártir Salvador Montes de Oca y muchos sacerdotes asesinados por la espalda o por la chismografía cobarde, que es muy frecuente y característica en su sociedad.Para Boris Izaguirre "ciudad de nostalgia pueblerina". Jesús Soto la consideró una ciudad propicia a seguir "las modas del momento" y para Monseñor Gregorio Adam: "Si a Caracas le debemos la Independencia, a Valencia le debemos la República en 1830".A partir de los años 1950 es la "Ciudad Industrial de Venezuela", realidad que la convierte en un batiburrillo de razas y miserias de todos los países que ven en ella El Dorado tan buscado, imprimiéndole una sensación de "ciudad de paso para hacer dinero e irse", dejándola sin verdadero arraigo e identidad, salvo la que conserva la más rancia y famosa "valencianidad", que en los valencianos de antes, que yo conocí, era un encanto acogedor propio de atentos amigos...don del que carecen los recién llegados que quieren poseerlo y logran sólo una mala caricatura de la original. Para mi es la capital energética de Venezuela.

sábado, 27 de febrero de 2016

Simón Bolívar en Puerto Cabello (II)

CRÓNICAS REPUBLICANAS / PUERTO CABELLO CIUDAD

Simón Bolívar en Puerto Cabello (II)

Simón Bolívar en Puerto Cabello (II)


Asdrúbal González
(“En la ciudad de San Juan Bautista de Puerto Cabello, a 4 de mayo de 1812, 2º de nuestra República, los ciudadanos Manuel Ayala, Coronel de los Ejércitos de los Estados Unidos de Venezuela y Comandante Político y Militar de la Plaza y Subdelegado de las Rentas de esta ciudad y su partido; José Domingo Gonell y Carlos de Areste y Reina, Alcaldes ordinarios de primera y segunda nominación; Regidores José de Landa, Simón Luyando y Rafael Martínez, con asistencia de mí el Escribano de Estado y de Cabildo y sin la de los demás ciudadanos capitulares por ausentes y ocupados en servicios del Estado; y hallándose así juntos resultó lo siguiente: En este Cabildo se presentó el ciudadano Simón Bolívar, Coronel de los Ejércitos, con un oficio del ciudadano Secretario de Guerra, con fecha primero del presente mes, en que previene al Comandante entregue el mando de esta plaza pasando a ejercer el de Choroní y Ocumare y demás de que se había encargado posteriormente todo de orden del Generalísimo; en cuya virtud dicho ciudadano Bolívar y la Municipalidad seguidamente lo recibió y reconoció por Comandante Político y Militar de ella, dándole posesión legal del empleo, después de haber prestado el juramento de costumbre tomando desde luego la presidencia de la Corporación, con lo que concluyó y lo firmaron, de que doy fe. Simón Bolívar, Manuel de Ayala, Carlos de Areste y Reina, José de Landa, Simón Luyando, Rafael Martínez, José Nicolás Olívero - Escribano Público y de Cabildo”).
Grande debió ser la confianza del General en Jefe, cuando a punto de ser ocupada Valencia por los realistas, entrega allí mismo al joven coronel Simón Bolívar la defensa y mantenimiento de la más importante plaza fuerte de la República, depósito principal de todos los pertrechos de guerra y conjunto de inexpugnables murallas donde se tenía, en palabras del futuro Libertador, “… el último asilo de la libertad y la gloria de Venezuela”. Al asumir el mando quedaban rotas las comunicaciones con el grueso del ejército y la plaza era asediada por el enemigo. Valencia en poder de Monteverde y el avance de Ceballos desde Coro con nuevos refuerzos llegados desde España y Puerto Rico, hacían de Puerto Cabello una plaza aislada y sin posibilidades operacionales sobre fuerzas numéricamente superiores; pero constituía a su vez la espalda del enemigo, y obligaba a Monteverde a mantenerse en Valencia y detener su ofensiva hacia los valles de Aragua, ante el temor cierto de ser cortado e interceptado en el apoyo logístico desde Coro. Lo normal para el ejército realista era atacar Puerto Cabello, pero conocedores de su inexpugnabilidad se limitaron a establecer una línea de fijación que impidiera cualquier salida de tropas allí acantonadas, y a intentar un bloqueo de poca fuerza con dos buques corsarios. De otra parte, Bolívar debió tener instrucciones precisas de limitarse a la defensa del recinto de la plaza, sin intentar salida alguna de sus tropas, en actitud abiertamente defensiva que formaba parte de la táctica general adoptada por Miranda en la esperanza de poder controlar la situación; además, la guarnición era escasa y únicamente capaz de la defensa intramuros.
Mientras la suerte de la República se decide durante los meses de mayo y junio de 1812 en pequeñas escaramuzas, y se publican leyes de guerra en la esperanza de levantar los ánimos y contener las deserciones, en Puerto Cabello la traición pondrá en manos realistas el triunfo definitivo.

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