Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.

Casa de la Estrella. Donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830.
Casa de la Estrella, ubicada entre Av Soublette y Calle Colombia, antiguo Camino Real donde nació la República libre y soberana de Venezuela en 1830, con el General José Antonio Páez como Presidente. Valencia: "ciudad ingrata que olvida lo bueno" para el Arzobispo Luis Eduardo Henríquez. Maldita, según la leyenda, por el Obispo mártir Salvador Montes de Oca y muchos sacerdotes asesinados por la espalda o por la chismografía cobarde, que es muy frecuente y característica en su sociedad.Para Boris Izaguirre "ciudad de nostalgia pueblerina". Jesús Soto la consideró una ciudad propicia a seguir "las modas del momento" y para Monseñor Gregorio Adam: "Si a Caracas le debemos la Independencia, a Valencia le debemos la República en 1830".A partir de los años 1950 es la "Ciudad Industrial de Venezuela", realidad que la convierte en un batiburrillo de razas y miserias de todos los países que ven en ella El Dorado tan buscado, imprimiéndole una sensación de "ciudad de paso para hacer dinero e irse", dejándola sin verdadero arraigo e identidad, salvo la que conserva la más rancia y famosa "valencianidad", que en los valencianos de antes, que yo conocí, era un encanto acogedor propio de atentos amigos...don del que carecen los recién llegados que quieren poseerlo y logran sólo una mala caricatura de la original. Para mi es la capital energética de Venezuela.

sábado, 12 de marzo de 2016

Dedicado a los troszkystas valencianos

La URSS y Venezuela

La Unión Soviética era la segunda nación más poderosa del planeta

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JOSÉ TORO HARDY |  EL UNIVERSAL
martes 8 de marzo de 2016  12:00 AM
En 1984 tuve la oportunidad de visitar la URSS. Aunque cuando llegué ya era de noche, no pude resistir la tentación de ir a conocer la imponente Plaza Roja. ¡Me quedé asombrado! Era el símbolo del poderío soviético. A uno de sus lados la muralla del Kremlin desde donde los jerarcas comunistas presidían desfiles militares para alardear del poderío de las armas rusas. En aquella muralla están enterradas varias de las figuras más importantes de Rusia. Además la tumba de Lenin, el Museo de Historia, la catedral de San Basilio, todo profusamente iluminado y, como presidiendo, una inmensa bandera roja de la URSS con la hoz y el martillo coronando el Kremlin.

Admirado por el esplendor que me rodeaba, estuve horas observando y meditando. Finalmente me dispuse a partir. No eran las 10 de la noche pero no había ni un alma en las calles, ni pude conseguir nada abierto donde calmar la sed. Escondida en una esquina de la plaza finalmente conseguí una peculiar máquina expendedora de Pepsicola. Digo que era peculiar porque no había vasos de plástico, ni latas, ni botellas. El líquido caía en un único vaso de vidrio que usaba todo el mundo y que, después, había que colocar otra vez en su lugar. Era tanta la sed que limpié el borde y bebí. Al abandonar la Plaza Roja las calles estaban oscuras. Faroles habían muchos, con un bello diseño, pero todos apagados.

Colas larguísimas

Al día siguiente quise ver cómo vivían los moscovitas. Mi impresión fue terrible. Las colas para comprar alimentos eran larguísimas. Todo escaseaba. Todo estaba racionado. Vi por primera vez en mi vida aparatos de radio sin dial. Una sola emisora que transmitía solo lo que el gobierno quería que la gente oyera.

Fui a una inmensa tienda -los almacenes GUM- a un lado de la Plaza Roja. Había largos mesones donde las prendas estaban amontonadas en desorden. Me causó mucha impresión el mesón de los zapatos. Montañas de ellos, de distintas tallas, pero todos marrones e iguales. No estaban presentados en cajas ni en pares. Uno metía la mano en el pilón, hasta conseguir digamos uno talla 40 para el pie izquierdo y después tenía que seguir jurungando hasta conseguir el otro.

Eso es el comunismo. En la URSS el sistema era capaz de producir bombas atómicas y de hidrógeno, aviones de guerra, helicópteros, satélites artificiales y disponer del ejército más numeroso del mundo, dotado del mayor número de tanques de guerra que existía y de armas ultramodernas.

La URSS era la segunda nación más poderosa del planeta pero sus ciudadanos estaban sometidos a privaciones increíbles. Aquel gobierno era capaz de subsidiarle el petróleo a todos los países de la órbita soviética para conservarlos fieles al comunismo. Era capaz de mantener a Cuba y de financiar o respaldar aventuras políticas y militares en África o en Centroamérica; pero de lo que no era capaz el comunismo era de producir vasitos de cartón, ni alimentos suficientes para su población que padecía grandes carencias, ni zapatos de distinto modelo, ni cajas para que los zapatos se pudieran vender por pares, ni de satisfacer necesidades que para cualquier ciudadano de Occidente se hubieran considerado elementales. No era capaz de iluminar las calles, ni de producir autos suficientes, pero era capaz de dedicar cualquier esfuerzo para extender su sistema. Podía mantener a su nomenclatura satisfecha y en la abundancia a costa de privar al ruso común -cuya opinión no contaba- de las cosas más sencillas. Sobre todo los privaba de libertad.

Uno a uno

El comunismo tenía que acabarse y eso fue lo que ocurrió cuando la gente se hartó, al igual que pasó en los países de Europa Oriental. Uno a uno se rebelaron. Se desmoronó la Cortina de Hierro, se derrumbó el Muro de Berlín y hasta la propia URSS se desintegró en 16 naciones diferentes en 1991. El comunismo, firmemente apoyado por el inmenso ejército rojo, se vino a pique sin que se disparara ni un solo tiro. Murió por ineficiente.

Años después Chávez pretendió resucitarlo y emularlo con un modelo al cual llamó Socialismo del Siglo XXI. Usó el petróleo tal como lo hacía Brezhnev, para comprar voluntades. El desenlace parecía inevitable. El comunismo y la URSS comenzaron a desplomarse cuando muere Brezhnev en 1982 y los precios del petróleo soviético caen de 42 a 9 dólares el barril y su economía colapsa. El Socialismo del Siglo XXI se vino a pique cuando muere Chávez, los precios del petróleo venezolano se derrumban de $116 el barril a un nivel inferior a los 30 y la economía colapsa.

Venezuela ha entrado en su propio "período especial". La escasez de alimentos y de medicinas es dramática. Las colas en los automercados y en las farmacias así lo evidencian. Nada se consigue. Eso ya se había vivido en la URSS. Con las diferencias del caso, la historia se repite.

petoha@gmail.com

@josetorohardy

Acaparamiento y especulación

FERNANDO M. FERNÁNDEZ |  EL UNIVERSAL
sábado 12 de marzo de 2016  12:00 AM
El legislador venezolano debe conocer el antecedente de la Ley Orgánica de Precios Justos. El estudio genealógico (Foucault: Vigilar y castigar, 1975)  de la historia del Derecho Penal permite identificar los orígenes de los problemas actuales, para aprender de aquello que ya aconteció y, así, evitar cometer los errores jurídicos y gravísimas violaciones de derechos humanos que se cometieron en nombre de una doctrina que cimentó el conflicto durante el Siglo XX.

El delito de acaparamiento tiene esta historia: en enero de 1928 Stalin ordenó aplicar el Código Penal de la URSS de 1924 a los campesinos ricos de Ucrania, llamados Kulaks, acusados de acaparar el trigo (considerado por Stalin como "la divisa de las divisas")  y querer especular con el precio de venta. En 1930, ordenó la liquidación de los Kulaks como clase social, también llamado proceso de  deskulakización. Su orden fue cumplida de forma inmediata y, entrado el año 1932, se arruinó, enjuició, fusiló, deportó y exterminó por hambre a una cantidad de aproximadamente 7 millones de Kulaks ucranianos y de otros pueblos vecinos (se estima que fueron 1 millón de norcaucásicos y 1 millón de kazakos, más pobladores de otras naciones vecinas): tal número abarcó a campesinos ricos, medios y pobres, a ancianos, mujeres, hombres y niños por igual, quienes murieron por esta catastrófica decisión y la aplicación inmisericorde de las leyes penales comunistas contra el acaparamiento y la especulación.

Es menester mencionar, que el Código Penal Soviético, en el que Lenin demostró su interés al participar en varias de sus normas revolucionarias para fomentar el "Terror", permitía de forma expresa el principio de analogía y el "Estado Peligroso", por lo cual se interpretaba como delito cualquier conducta parecida a la de los tipos penales, algo totalmente opuesto al principio de mera legalidad penal "nullun crimen sine lege" como diría el teórico del garantismo penal Luigi Ferrajoli (Derecho y razón,1995).

Stalin era elocuente: "Si los Kulaks despliegan una especulación desenfrenada en torno a las precios del grano ¿por qué no los procesáis como especuladores?, ¿no sabéis acaso que la ley castiga la especulación, que existe el artículo 107 del Código Penal de la RSFSR (Unión Soviética) en virtud del cual los culpables de especulación incurren en responsabilidad criminal y la mercancía es confiscada en beneficio del Estado? ¿Por qué no empleáis esta ley contra los especuladores de cereales? ¡¿Teméis acaso perturbar la tranquilidad de los señores Kulaks?!".

El rechazo de los Kulaks a vender a pérdida su producción a la URSS desató la ira de Stalin, quien ordenó la confiscación de toda la producción de trigo, el trigo almacenado en las despensas y los silos para alimentarse durante el invierno ("acaparamiento doméstico") así como los instrumentos de labranza, y ordenó que fueran detenidos y juzgados los rebeldes bajo la acusación de cometer acaparamiento del trigo y especulación por pretender vender el mismo y obtener un lucro. Para el socialismo soviético, el lucro era un acto criminal de los "enemigos del pueblo, enemigos de clase", miembros de la "burguesía agraria". Cualquier forma de prosperidad de los Kulaks era perseguida y reprimida ferozmente con el Código Penal, bajo la categoría de delitos contra el Estado. Esa campaña represiva se llamó oficialmente deskulakización o "liquidación de losKulaks como una clase social".

La garantía del derecho humano de propiedad, la prosperidad y la producción de riquezas son las mejores herramientas para atacar la pobreza y las desigualdades sociales. Allí residen los derechos socioeconómicos de todos. Los castigos penales a los productores de bienes y servicios solo produjeron más desabastecimiento, pobreza, hambrunas y muertes durante el Siglo XX. En fin, quien quiera legislar en Derecho Penal ¡que aprenda de la historia!

@FM_Fernandez

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